Por Christian Hiyane Yzena
Demolido en el 2010 después de más de dos centurias de haber soportado incendios y terremotos, el mítico teatro tokiota Kabukiza, destinado al legendario arte escénico del kabuki, abre sus puertas con una nueva cara pero también con nuevos objetivos. Llegó el momento de que este género que transita entre lo trágico y cómico, considerada por la Unesco como patrimonio cultural de la humanidad en el 2005, se coloque en la vitrina del mundo.
Al menos los propios japoneses se han convencido de que la promoción necesita partir de casa y por eso mismo han dotado al flamante teatro de nuevas tecnologías, auriculares con traducción en inglés (después se abrirá a más idiomas) y pantallas táctiles con abundante información, la cual permite que todo extranjero se interne en su universo. Asimismo han implantado el llamado «sistema Makumi», un «aperitivo» kabukiano de sólo una hora, sin descuidar la clásica función de más de tres horas, algo cansado y prolongado para el espectador occidental a un costo mucho menor.
Para Shochiku, la empresa administradora del Kabukiza que también mantiene otros teatros en Tokio, Kioto y Osaka, no es nuevo el interés que el kabuki despierta entre los turistas y extranjeros que caminan por el elegante y costoso barrio de Ginza, lleno de anaqueles con ropa y accesorios de reconocidas marcas del mundo. Por eso mismo han programado una función corta, una variante mucho más abreviada de aquellas que se estrenaban en el siglo XVII, que se iniciaban en la mañana y terminaban por la noche. Con esto quieren pasar de los 900 mil visitantes anuales a más de un millón en las próximas temporadas.
Pero esto sólo forma parte de la estrategia local sin considerar el relanzamiento del kabuki por todo el mundo. O al menos, en los países en los que se cimentó la cultura universal. Junichi Sakamoto, el presidente de la corporación que gestiona el Kabukiza desde 1914, anhela que se coordinen presentaciones en La Scala de Milán, la Ópera de Viena o la Metropolitan Opera House de Nueva York.
«No solo queremos perpetuar un arte tradicional, queremos ponerlo en valor como una atractiva forma contemporánea de entretenimiento», declaró Sakomoto a The Japan Times, en abril último cuando se reinauguró el moderno teatro y lo puso a disposición de todos sin distinción, desde japoneses hasta extranjeros que aman la cultura local y encuentran en cada gesto o movimiento extravagante a la esencia del arte del kabuki.
Aquella vez se les regresó el alma a los cientos de nipones que observaron absortos con lágrimas en los ojos cómo el legendario teatro, cuyo principal mentor fue Fukuchi Gen’ichiro, un periodista y escritor de obras de kabuki, era demolido. Mientras avanzaba la nueva construcción, lo único que se apreciaba era cubiertas blancas y fríos andamios. Y una natural ansiedad por ser testigos del nuevo Kabukiza, acorde con los tiempos que corren.
Se ha conservado el diseño original de la fachada de castillos medievales japoneses. El coliseo se adhiere a un edificio de 29 pisos y sortea la actividad cultural con las oficinas contiguas. Es obra del prestigioso arquitecto Kengo Kuma. Los tres primeros niveles alojan al escenario y las butacas con un aforo de unas 2 mil personas y el espacio cuenta con una acústica especial, vías para personas con discapacidad y más ascensores y rampas. Pero sobretodo, está hecha para soportar cualquier movimiento telúrico que se presente. Tiene una sala de exposiciones, restaurantes y tiendas de souveniers.
Algo más del kabuki
Pese a que fue una mujer, Izumo no Okumi, la que organizó las primeras actuaciones de kabuki junto al río Kamo en Kioto en 1603, con el tiempo fueron los hombres vestidos de damas (onnagata), los que le dieron un brillo especial a las obras.
Con el rostro cubierto de polvo blanco y varias líneas de colores encima que guardaba cada cual un significado (el rojo a favor de la justicia; el marrón de los poderes naturales y el azul en contra de la delincuencia), los personajes de carne y hueso parecen ser controlados desde arriba por algún diestro titiritero.
Como en toda manifestación artística que se juzgue de bella y honorable, el kabuki juega con elementos surrealistas. Puede tener un sesgo eminentemente dramático pero también jocoso. En realidad lo que busca es ambientar episodios de la vida diaria. Uno de los principales actores de kabuki es el onnagata Bando Tamasaburo V. Este año lamentablemente dos de sus principales figuras dejaron de existir: Nakamura Kanzaburo XVIII, promotor de este género en occidente, e Ichikawa Danjuro XII.