Santiago Suehachi Araki, inmigrante kumamotano, procedente de la ciudad de Tamana, fue el pionero de la construcción del colegio peruano japonés Cañete, en el predio donde está actualmente la Asociación Peruano Japonesa cañetana, en donde años después se edificó el templo budista Jionji, gracias a la contribución de Suehachi Araki.
«Aquí veneramos y oramos por las almas de nuestros antepasados, quienes con sacrificio forjaron la actual colectividad nikkei del Perú», resalta la placa en homenaje a Santiago Suehachi Araki y que fue develada por su nieta Raquel Araki y Miguel Akira Gusukuma, presidente de la APJ de Cañete. Fue en el marco de la romería con motivo del 110 aniversario de la inmigración kumamotana.
Carpintero y agricultor
Luego de la develación de la placa, Guillermo Nomura Araki, describió la vida de su abuelo Santiago Suehachi Araki. «Mi abuelo nació en Tamana, prefectura de Kumamoto a finales de 1896. Emigró al Perú a los 20 en compañía de su esposa Suta de Araki, inmigrante kumamotana. Tuvieron 13 hijos, sobreviven tres», reseñó.
Explicó que el período más largo donde se establecieron los esposos Araki fue en la ciudad de San Vicente, Cañete.
Contó que en Japón su abuelo estudió la secundaria en un templo budista, donde aprendió el oficio de carpintería. «Cuando emigró al Perú sabía de la carpintería y de la agricultura. Cuando se estableció en el valle de Cañete desarrolló todo lo que fue el comercio», narró.
Detalló que en San Vicente la casa de los Araki estaba a cuatro cuadras del templo Jionji. En la primera planta estaba la ferretería, el aserradero y la carrocería.
«Antiguamente toda la carrocería del camión estaba hecha de madera, y mi abuelo tenía la especialidad de ser carpintero, pues tenía la habilidad del japonés para hacer su carpintería sin el uso ni de pernos, ni de clavos, solamente eran juntas», pormenorizó.
«Gracias a sus amigos peruanos mi abuelo no fue deportado»
El kumamotano Araki se estableció económicamente en Cañete, no obstante, en el inicio de la Segunda Guerra Mundial tuvo que refugiarse en Lima.
«Gracias a sus grandes amigos peruanos, mi abuelo no fue deportado al campo de concentración en EE. UU. porque le dieron todas las facilidades para quedarse en sus casas, pero sus propiedades cañetanas de mi abuelo fueron quitados», especificó.
Guillermo Nomura comentó que Santiago Suehachi Araki falleció a los 97 años, en Lima, sus cenizas, así como de su esposa Suta Araki, fueron llevadas a su tierra natal, Kumamoto.