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«Estoy muy feliz con mi vida artística»

Por: Ciria Chauca Falconí

La exposición individual Irreversible inicia una nueva etapa «con muchas ganas de seguir creciendo» para Haroldo Higa, escultor, quien hoy cumple 20 años de su entrega a la vida artística.

La inauguración de Irreversible es la galería Lucía de la Puente (pasaje Sáenz Peña 206, Barranco). Estará abierto al público hasta el 12 de octubre.

¿Cómo han sido los 20 años en el arte?
Ha sido sumamente productivo, muy alentador, con muchas ganas de seguir creciendo. Hoy cumplo 20 años de carrera y he preparado una exposición totalmente nueva y especial, pero siento que se inicia una nueva etapa y significa que como artista profesional o escultor veo aún mucho camino por recorrer, es como si recién empezara nuevamente.

¿Estás comenzando?
Siento que comienzo de nuevo, pienso que cada exposición es como cerrar estos pequeños círculos para volver a iniciar otro, de aquí no sé qué pasará, pero tengo muchos proyectos personales que quisiera desarrollar.

¿En Irreversible  cada uno de tus personajes son muy grandes?
Como escultor siempre me ha gustado trabajar con las escalas. Una característica en este trabajo es que he hecho multiplicar la escala agrandando las piezas, cinco, diez y hasta 15 veces su tamaño original y ¿por qué hago eso?, lo que quiero es sorprender al espectador, al entrar a la sala verse con una pieza que dentro de su imaginario y su memoria son piezas pequeñas, piezas de juguete, o piezas decorativas que van encima de una mesa, o que se guardan dentro de un bolso o una maleta. Estos personajes se invierten y el espectador queda empequeñecido como si fueran los juguetes de estas esculturas.

¿Todos son de color negro?
El color es una metáfora en términos de que la escultura es bañable de un color negro, que ensombrece la imagen alegre de cada pieza, porque lo trabajo como una suerte de símbolo para buscar la reflexión acerca de la fantasía y la ilusión. Significa que lo que quiero señalar es que la ilusión  nunca hay que perderlo, porque cuando lo pierdes la sombra termina de bañar cada ilusión, cada imagen y se convierte en una cosa inmensa. Si bien las esculturas están cubiertas de un caucho negro, la reflexión es a la inversa; a pesar de que pasen los años no debemos dejar de olvidarnos de las cosas que más nos han sorprendido alegremente, eso es lo que quiero decir. Seguir teniendo una mirada optimista, mirar hacia el pasado pero mirar hacia el futuro con optimismo, con mucha alegría, desde esa perspectiva creo que es una exposición muy optimista en el fondo.

Me gusta trabajar en el juego de los contrarios, mostrando la pieza en su lado más oscuro, o en su lado más sombrío para reflexionar sobre las cosas positivas que tenemos en la vida y cómo es que debemos cuidarlos. Si no los cuidamos, en todo caso, se volverán oscuras, sin luz, sin brillo, sin color.

¿Qué te hace recordar el Gatito de la Suerte?
Que si bien es originario de la cultura japonesa, el Neko ya está dentro del imaginario popular peruano y se ha inscrito como un símbolo criollo, es decir el Maneki Neko está instalado en varios lugares de la ciudad, en las bodegas, en la casa, hace propaganda, es decir es como el Ekeko, y es ya es casi peruano, me pareció divertido transformarlo y ampliar su tamaño. Hay que recordar que Maneki Neko es como un símbolo de la suerte, atrae la fortuna y juego también con ese deseo de la prosperidad, que siempre el ser humano está buscando de ello.

¿En tus obras está tu origen y tu experiencia en Okinawa?
Creo que uno es lo que ha vivido. La experiencia y el pasado está presente en la obra de cada uno y me imagino que algunas personas que conocen más mi trabajo podrán percibirlo aún más. En esta exposición estoy volcando toda mi experiencia de 20 años de trabajo, y sin duda alguna, hay elementos particulares que denotan una formación visual oriental y japonesa, que la combino con una formación occidental.

¿Como becario cuánto tiempo estuviste en Okinawa?
Lamentablemente solo un año, digo lamentablemente porque fue una de las experiencias más importantes de mi vida, pero a su vez muy corta. Una beca de un año es muy corta para un joven que quiere seguir aprendiendo, pero valió la pena, me cambió la vida definitivamente esa experiencia. En Okinawa conocí a Erica, mi esposa, así es que me cambió la vida en el sentido familiar porque pude entender un poco más lo que significaba ser un descendiente okinawense y también pude conocer a mi futura esposa y gracias a esa unión nacieron Leandro y Facundo hace exactamente cinco años, así es que estoy muy feliz con mi vida artística, muy feliz de mi vida profesional y muy feliz de mi vida familiar, creo que debo conservarla, cuidarla y seguir dándole todo mi cuidado, toda mi riqueza, para seguir por este camino que siempre quise. Tratar de ser un buen profesional y en lo posible ser un buen padre o una buena persona…

¿Ser un buen esposo?
Claro, digo en lo posible, porque lo que yo siempre reflexiono es que no existen las cosas perfectas, no existe la belleza perfecta, no existe el ser cien por ciento generoso, siempre tenemos un lado débil, un lado que no es bueno y siempre en mi obra trato de reflexionar acerca de lo bueno y lo malo que tenemos cada uno.

¿Llegas a los 20 años y cuáles son tus proyectos?
Mis proyectos inmediatos son  tratar de seguir haciendo arte, en términos académicos el próximo año inicio una maestría en gestión cultural y patrimonio. Quiero hacer la maestría porque como soy docente de la PUCP me pide estudios de posgrado para seguir elevando la calidad docente de la comunidad universitaria. Luego, seguir trabajando paralelamente, quizás la producción vaya a bajar un poco en estos años, pero luego vuelvo con mayor fuerza, soy un artista que jamás va a dejar el arte.