Por Grace Gálvez Núñez
Entre 1964 y 1968, el andinista japonés Hiroyasu Tomoeda fotografió una gran parte de la realidad ayacuchana, específicamente en el pueblo de Soccos, el cual años después sería azotado cruelmente por el terrorismo, por lo cual este registro es importantísimo para el Perú y particularmente lo fue para la familia Ventura-Rivera.
Todo comenzó cuando Tomoeda le comenta a Takahiro Kato, director del Centro de Estudios Latinoamericanos de la Universidad Nanzan, Japón, que tiene más de 40 000 fotografías etnográficas andinas, es decir, imágenes que representan su cultura y modo de vida.
«Si las necesitas, voy a obsequiártelas; pero si no aceptas la oferta, pienso ponerlas en el basurero», recordó Kato en la conferencia presentada el jueves «La antropología peruana por los japoneses; retrospección y perspectiva». «Ese fue el comienzo de todo, allí empezó mi dolor de cabeza», expresó entre risas.
Ante semejante requerimiento, Kato se vio en la obligación de pedir apoyo al Museo de Antropología de la Universidad de Nanzan, cuyo director, «adivinando la importancia de la colección», la aceptó al instante.
Dicha entidad fue la que guardó y conservó las fotos, y la digitalización estuvo a cargo del mismo Kato, la cual, en sus palabras «fue ardua y a mano». Exactamente tomó cinco años. Hasta la fecha, la institución japonesa guarda con mucho cuidado el gran legado que dejó Tomoeda para el mundo.
«Cuando Tomoeda hablaba de las fotos, se volvía locuaz, recordaba los hechos como si fueran del día anterior, podía hablar más de 30 minutos acerca de una sola fotografía», rememora Kato.
El Guamán Poma del siglo XXI
«Tomoeda anotó mucha información viva de las imágenes que capturó, analizó detalladamente todo lo que veía en el mundo andino a fin de enseñar sobre esa realidad, por lo cual no sería una exageración afirmar que es un Guamán Poma de Ayala del siglo XXI, no sólo por sus imágenes, comentarios y análisis del hombre y de la cultura andina, sino también porque ambos fueron muy amantes de andar en caballo», expresó conmovido el profesor japonés.
Reencuentro
Antes de terminar con su presentación, Takahiro Kato recordó un hecho que muestra de cuerpo entero la trascendencia y vigencia de sus fotografías, y ante lo cual no pudo evitar quebrarse y derramar unas lágrimas. Resulta que durante una reciente exposición de estas fotografías en el Cusco, una familia ayacuchana se comunicó por correo con Kato, comunicándole que en las imágenes había reconocido a sus padres y familiares que fueron luego víctimas del terrorismo.
El estudioso nipón no pudo contener su emoción y se reunió con esta familia que le contó sus vivencias y le agradecieron enormemente por haberles permitido reencontrarse con su familia por medio de estas imágenes que desconocían hasta ese momento.
Pero lo más hermoso fue que la familia Ventura-Rivera se encontraba en la sala Dai Hall y no pudieron evitar ponerse de pie y dar las gracias públicamente a los investigadores japoneses que hicieron posible este reencuentro. Sus declaraciones conmovieron a la sala. Ellos son el testimonio vivo del servicio que entregó Hiroyasu Tomoeda a la historia del Perú.
Nota
A pedido de la familia Ventura-Rivera, la muestra se presentará en Ayacucho en marzo del 2014.