Estudiantes de cuatro colegios nikkei, La Unión, La Victoria, José Gálvez y Chacra Cerro, participaron en la romería en Cañete, organizada por la Asociación Peruano Japonesa y la Asociación Peruano Japonesa de Cañete.
El peregrinaje en el cementerio japonés Casablanca, en el camposanto Municipal de San Vicente de Cañete y en el templo Jionji fue oficiada por la Misión Zen Sotoshu en América del Sur.
Zen Sotoshu celebra los 110 años en América del Sur con la presencia en Lima de los monjes de Europa, Japón, EE. UU., Hawaii y el Perú.
El rito de Obon en el templo Jionji correspondió a la venerable Jisen Oshiro. En el tributo a los difuntos explicó que la ceremonia de Obon llegó a Japón a través de China. Los antepasados (gosenzosama) son los miembros de la familia que han partido. «Gracias a su existencia tenemos vida. De no haber existido ellos, hubiéramos nacido en algún otro lugar de este mundo, siendo personas muy diferentes», explicó.
Venerable Oshiro reflexionó que por nuestros antepasados somos las personas que somos en esta vida. «Por esto se puede decir que los antepasados son irreemplazables e insustituibles. Cada uno de nosotros tiene padre y madre, quienes a su vez tuvieron padre y madre. La vida de esas incontables personas existen en nosotros hoy día».
Los alumnos de los colegios nikkei elevaron sus oraciones y pusieron incienso en homenaje a los inmigrantes japoneses.
Con particular interés en el Obon fueron dos alumnos de José Gálvez: Xein Hamada Hamada, hijo de Jim Hamada Gálvez y Ángela Hamada López, ha nacido en Kanagawa, Japón, ahora vive en el Callao, estudia el tercer año de secundaria. Sus sueños son: ser arquitecto, hacer una universidad y un colegio peruano japonés. Mery Susan Vernal Carranza ha nacido en Santiago de Chile, desde los dos años vive en el Perú. Estudia el 4º de secundaria. De profesión quiere ser diseñadora gráfica.