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Celebración del obon en Japón

Por Munetaka Ganaha

Uno de las tantos beneficios de estudiar en el Japón, aparte de tener el privilegio de poder recibir una excelente educación, es el experimentar de cerca su cultura, de conocer a su gente y observar cómo, a pesar de la modernidad, todavía se conservan los valores tradicionales y se mantiene un profundo sentimiento de gratitud y respeto hacia los antepasados.

En este mundo moderno dominado por la tecnología y los negocios, tuve la suerte de estudiar en Kioto, la antigua capital del Japón por 1000 años.

Toda la ciudad era un museo viviente de historia, budismo, shintoísmo, emperadores y señores feudales e inclusive se realizaban espectaculares festivales históricos como el Jidai Matsuri o «Festival de las Épocas»; o religiosos como el Gion Matsuri o «Desfile de Coches Yamaboko» y en obon, el Daimonji Gozan Okuri-bi, más conocido como el «Festival de Daimonji».

El Festival de Daimonji es uno de los cuatro mayores eventos de Kioto que, desde hace siglos, se realiza como culminación de los ritos del obon en homenaje al espíritu de los ancestros.

Actualmente no se celebra en su fecha original, sino el día 16 de agosto. Este día se despide a los espíritus de los ancestros encendiendo seis gigantescas fogatas en las montañas alrededor de la ciudad. Estas fogatas representan símbolos budistas que sirven como guías a los espíritus para facilitar su regreso al paraíso llamado Jôdo o «Tierra Pura». Cuatro fogatas representan kanji o caracteres chinos y dos representan figuras familiares. El ritual de despedida o okuri (ukui de los uchinaanchu) comienza a las ocho de la noche, encendiendo la famosa fogata de Daimonji (kanji de «dai» o ‘grande’) cerca al Ginkaku-ji (Pabellón de Plata) al este de la ciudad; poco después, al norte, con 10 minutos de diferencia, se encienden las fogatas representando el kanji Myô y el kanji Hô; en el noroeste, el Funa-gata representando la figura de un barco, y el Hidari Daimoji (kanji de «dai» igual al otro Daimonji); y al este, el Torii-gata representando un pórtico de los templos.

A pesar de haber vivido en Kioto durante tres años, sólo tuve la oportunidad de presenciar y participar de un festival de obon en esta bella ciudad, ya que en estos días prefería viajar a Okinawa para celebrarlo con mis parientes en Naha y Nago. Siempre me sentí como un extranjero en Kioto. Sentía a los kamisama y a los espíritus de Kioto como ajenos a mí. Sin embargo, como el Daimonji se celebraba a sólo 15 minutos a pie de la Universidad de Kyoto, no tenía una buena excusa para no acompañar a mis otros compañeros sansei de Brasil y Argentina a ver el Daimonji.

La experiencia fue trascendente en mi forma de ver a los japoneses y su cultura. La montaña de Higashiyama se encontraba repleta de gente formando largas colas para comprar unas tablillas y leños de madera llamadas gomogi, donde escribían buenos deseos por el descanso del espíritu de los antepasados, pero también para desear buena salud para la familia.

Fuera de lo mundano de las largas colas, lo que transformaba este ambiente de feria dominical, en algo místico y religioso, era el exquisito aroma de los osenkô de Kyoto y el eco del Hannya Shingyô o Sûtra del Corazón que era entonado por decenas de creyentes en el templo de Kôbô Daishi, fundador de la doctrina budista Shingon. Esta fue la primera vez que escuché el Hannya Shingyo y fue allí y entonces en que me interesé por la religión de los japoneses. En estos días, aunque muchos no conocen su nombre, este el Sûtra que es entonado durante las romerías por ohigan y obon a Cañete, o en las ceremonias budistas celebradas en la APJ o AOP por la reverenda Jisen Oshiro del budismo Zen Sôtôshû.

El obon
El obon es la festividad religiosa más importante del Japón, en la cual se honra al espíritu de los ancestros. Esta costumbre de origen budista se ha convertido en parte de la cultura japonesa. Originalmente se celebraba el 15 de julio del calendario lunar chino, pero que desde la época Meiji se oficializó que fuese el 15 de agosto del calendario gregoriano para no interrumpir con las faenas agrícolas que todavía se realizan durante el mes de julio occidental.

Tradicionalmente, las festividades del obon no se limitaban a la fecha central sino del día 13 al 16 de julio. Actualmente se celebra entre el 13 y 16 de agosto. Aunque no es un feriado oficial, las empresas conceden en estos días vacaciones a todos sus empleados para que puedan participar de estas celebraciones.

En Okinawa, algunas regiones del Japón y en el resto de Asia, el obon se sigue celebrando el 15 de julio del calendario lunar chino, que este año cae 21 de agosto.

Es decir que para el resto del Japón, el obon ya terminó, pero para los uchinanchu la fiesta recién comienza el lunes 19 de agosto.

Las celebraciones japonesas por obon son mucho más sencillas que las de Okinawa, pero varían mucho de pueblo en pueblo. Estas diferencias regionales son más importantes que las costumbres impuestas por las doctrinas budistas de la familia.

Es durante las celebraciones de obon que se realizan los bailes de Bon Odori para dar la bienvenida y agasajar a los ancestros. Son muy famosos el Awa Odori de Tokushima-Ken y el Eisa Odori de Okinawa, pero cada región tiene sus propios bailes.

A continuación, describimos cómo los fieles de las doctrinas budistas Zen Sôtôshû y Jôdo Shinshû celebran las festividades del obon.

El obon de Zen Sotoshu
En preparación para estas festividades, se acostumbra limpiar el butsudan y la tumba de los ancestros. Estos son los días en que está permitido vaciar las cenizas del recipiente de cenizas kôro, que después de un año están completamente llenas.

En algunos lugares se colocan ofrendas en el butsudan, pero en otros se prefiere usar un bon-dana, el cual consiste en una pequeña mesita que se coloca frente al butsudan. Los butsudan japoneses no tienen la mesita o bandeja retráctil que traen todos los butsudan okinawenses que se observan en el Perú. En el caso del bon-dana, los ihai o tablillas funerarias de los antepasados son traslados del butsudan al bon-dana.

Oficialmente, el obon japonés es el 15 de agosto, pero las festividades comienzan el día 13 que es llamado mukae-bon o «recibimiento del obon». Al atardecer del mukae-bon, la familia visita el templo o la tumba donde se encuentran sus antepasados y les ofrecen flores e incienso, y luego encienden una lamparilla de papel llamada mukae-bi o «fuego de recibimiento» para iluminar el camino a casa. En algunos lugares se quema también una pequeña fogata a la entrada de la casa. Es fácil de entender que hoy en día es difícil conservar estas costumbres que involucren encender fuego. Las lámparas han sido reemplazadas por lámparas con focos LED y se colocan otras lámparas a la entrada de la casa en lugar de la fogata.

Al llegar a casa, se traslada el mukae-bi a las lamparitas colocadas a los lados del bon-dana.

El bon-dana es adornado frugalmente, con mucha mayor simplicidad que los uchinanchu, pero con el mismo kimochi de amor y gratitud hacia los ancestros. A diferencia de los uchinanchu, no es necesario ofrendar elaboradas comidas, sino comidas sencillas pero simbólicas.  Sobre el bon-dana se ofrece dango, sômen, botamochi, mizunoko, shôryô-uma o caballito de pepino, shôryô-ushi o buey de berenjena, hojas de loto, etcétera.

Se ofrecen seis dango o bolitas de harina de arroz para que los ancestros los lleven como omiyage a Rokujizôsama o a los seis Jizô Bôsatsu. Jizô Bôsatsu, comúnmente llamado Ojizôsama, es venerado en el Japón como el patrón de los oprimidos y los moribundos, es el bodhisattva que ayuda a los condenados a salir del infierno.  En muchas regiones del Japón se acostumbra a colocar no una, sino seis estatuas de Jizô y por eso se le llama también Rokujizôsama.

El sômen o fideo fino de harina de arroz simboliza los deseos de larga vida, prosperidad y felicidad para los miembros de la familia.

El shôryô-uma o «el caballo de los espíritus» es un caballito hecho de kyûri (pepino), y el shôryô-ushi o «buey de los espíritus» es buey de hecho de nasubi (berenjena). Tanto al kyûri como al nasubi se le colocan palitos de fósforos o pedazos de waribashi a manera de patas.  Cuando vivía en el centro de Tokio, nunca vi este tipo de adornos ni en las tiendas ni en los supermercados durante la época de obon, pero al mudarme a Minami Osawa, cerca a Tama Center, vi estas figuritas por todas partes pero no sabía que eran ni entendía su significado. Mi esposa Akiko tampoco había visto estas figurillas antes, pero al preguntar a una empleada nos explicó que el pepino y la berenjena representan los vehículos que utilizan los ancestros para venir a visitar a sus familiares.

El pepino, delgado y esbelto, representa al caballo para que traiga rápidamente a los ancestros; mientras que la berenjena, con su forma regordeta, representa a un buey que conducirá lentamente a los antepasados a la Tierra Pura llevándose el banquete que le ofrecieron sus seres queridos. La explicación me llenó de emoción. En cosas tan sencillas como estas dos verduras el pueblo japonés demuestra su espíritu de gratitud, respeto y veneración a sus antepasados. Ahora entiendo también por qué nunca vi estos adornos en el centro de Tokio. Durante las vacaciones de obon, la gran mayoría de los trabajadores de la ciudad regresan a su tierra natal, quizás para ofrendar este pepino y berenjena a sus antepasados, así como para reunirse con sus padres y parientes, dejando la ciudad vacía con su jungla de concreto.

Las hojas de loto son para que nuestros ancestros los usen como barcas y puedan viajar a través del mar o del río para visitarnos.

Okuri-bi o «fogata de despedida». En algunos sitios se celebra el 15 y en otros el 16 de agosto.  En muchos sitios se acostumbra queman fogatas, siendo la festividad de Daimonji de Kioto la más conocida. En otros lugares se practica el Tôrô Nagashi, el cual consiste en dejar en el mar o en el río pequeñas barquitas portando chôchin o lamparitas de papel. 

Obon de Jodo Shinshu
La celebración de obon es muy sencilla. La doctrina budista Jôdo Shinshû no celebra las tradicionales misas de muertos semanales ni el shijûkunichi o «misa de los 49 días», ni las misas anuales de difuntos. Se celebra más por tradición japonesa.

Al igual que en Okinawa, se limpia con esmero el butsudan y sus objetos, y a falta de la bandeja retráctil se coloca frente al butsudan una pequeña mesita llamada shôryôdana o «altar de los espíritus», sobre la cual se tiende una esterilla de makomo (arroz silvestre o zizania) y se adorna con las flores, frutas y verduras preferidas del difunto. En algunos lugares se acostumbra adornar el shôryôdana con el caballito de pepino y el buey de berenjena, conservándose el mismo simbolismo que en Zen Sôtôshû. A ambos lados del shôryôdana se colocan unas llamativas lámparas de estilo chino llamadas bonchôchin. 

El día de la recepción o Mukae-bi se celebra el 13 de agosto. En la entrada del hogar, se colocan unos palillos hechos de ogara dándoles la forma del juego de «michi» y se les enciende para hacer el mukae-bi o «fuego de recepción».  Se enciende este fuego para que los ancestros encuentren la casa de sus descendientes sin problema.

Durante el periodo de obon se acostumbra llamar al sacerdote budista del barrio para que lea los sûtras sagrados.

Los ritos de despedida se celebran el 16 de agosto y varían de pueblo en pueblo de acuerdo a sus creencias. En algunos lugares se encienden grandes fogatas llamadas Okuri-bi o «fogatas de despedida», como en Kioto, mientras que en otros se colocan las ofrendas del shôryôdana  en pequeños barquitos y se deja que se los lleve el mar o el río. En estas ocasiones también se colocan velas o lamparitas encendidas sobre barquitos para que iluminen el camino de regreso a sus ancestros. Esta última costumbre es llamada Tôrô Nagashi o «viaje de las lámparas».