Jorge Murakami Uchida, graduado zootecnista, es un pionero en la creación de empresas vinculadas al desarrollo apícola en Perú y Bolivia. Fue asesor técnico-apícola de la Fundación para el Desarrollo Nacional para la instalación de 10 000 colmenas en Lambayeque (1985-1995) y coordinador ejecutivo de Desarrollo Apícola del Ministerio de Agricultura (1977-2000), instalándose 12 000 colmenas en Tumbes, Piura, Lambayeque y Huánuco.
Actualmente se dedica a la producción de miel de abeja «Gotas de Oro, Miel de Abejas» en Chulucanas y es gerente general de Alimentos Naturales del Perú SRL. En los próximos días, los productos hechos por Murakami también estarán en el Centro Cultural Peruano Japonés.
¿El consumo de miel permite una mejor salud?
Indudablemente. La miel de abeja tiene compuestos como vitaminas y minerales que favorecen una mejor nutrición. Es más, los azúcares que componen la miel son azúcares más simples que los que usamos comúnmente, que es producto del jugo de la caña y químicamente está elaborado y no tiene vitaminas ni minerales, son azúcares más complejos. En cambio la miel es un azúcar simple, que el organismo lo consume y lo aprovecha inmediatamente para convertirlo en energía. Por eso los atletas y las personas que se dedican a los deportes consumen miel de abeja para tener mejores rendimientos.
¿En el Perú cómo es el consumo de miel de abeja?
Es muy bajo, estoy seguro de que no llega ni a medio kilo per cápita, indudablemente hay que promocionarla más, hay que hacer una difusión mayor para que la gente sepa y comprenda sus cualidades.
¿Desde cuándo se dedica a la apicultura?
Me inicié cuando estudiaba en la Universidad Nacional Agraria La Molina, me faltaba un par de años para terminar mi carrera y me encontré con un amigo que en México había hecho una especialización en Apicultura y gracias a él me animé a incurrir en esta especialidad, pese a que no es una es¬pecialidad propia de mi carrera, porque yo hice zootecnia. La apicultura es un curso que siguen los que se preparan para agrónomos; sin embargo, tuve que aprender un poco más de lo que es la vida de los insectos para poder entender mejor a las abejas.
¿Dónde fue su primera experiencia de apicultor?
En la localidad de Santa Clara, allí puse mis primeras 10 colmenas. Estuve entre Santa Clara y Santa Eulalia porque la floración de Santa Clara no era la más apropiada para las abejas, tuve que llevarlas a Santa Eulalia donde hay mayor cantidad de árboles frutales y para tener mejor alimentadas a mis abejas, sobre todo para que empiecen a dar producción.
Luego, con un grupo de amigos decidimos invertir en mayor número de colmenas porque 10 colmenas no alcanzaba para casi nada. Comenzamos en el año 1972 e invertimos en 20 colmenas, las instalamos en Tarapoto. Al cabo de cuatro años se transformó en un apiario de 200 colmenas, lamentablemente tuvimos que cerrar el negocio porque en 1976 las abejas se africanizaron y se volvieron sumamente agresivas. Como era un fenómeno inesperado, tuvimos que cerrar el negocio ante el peligro para los vecinos: las abejas mataban a sus animales, atacaba a la gente, etcétera.
¿Usted se dedicó exclusivamente a la apicultura?
No, cuando me inicié con las abejas y terminé la universidad empecé a trabajar en la Oficina Nacional de Estadísticas y Censos, lo que actualmente es el INEI. En ese tiempo la ONEC se ocupaba de todos los censos. Entré a trabajar en el 72 apoyando el censo agropecuario. Fue una ex¬pe¬riencia muy grata para mí, pero ante la evidencia de la posibilidad de éxito en el campo de apicultura en la ONEC trabajé sólo hasta 1975. En 1976 hice uso de una beca a Japón que me otorgó la prefectura de Kumamoto para mejorar mis conocimientos, y cuando volví al Perú me dediqué plenamente a la apicultura.
¿Los lunes iba a trabajar con picaduras de abejas?
Ah, sí, ciertamente eso ya forma parte de la anécdota. El sábado y el domingo lo dedicaba a ver a mis abejitas, y resulta que los lunes llegaba a mi trabajo con picaduras, el ojo hinchado, la mano hinchada, etcétera, y los compañeros me preguntaban qué me había pasado, yo les explicaba que era por culpa de las abejas. Fue así que en la ONEC comencé a vender miel, al explicarles que me dedicaba a las abejas que producían miel, inmediatamente me encargaban llevarles miel pura. Fue tan interesante este negocio de la miel en ONEC que llegué a repensar en la posibilidad de dedicarme exclusivamente a la apicultura y no trabajar para el Estado.
¿En Kumamoto aprendió la tecnología en apicultura?
Sí, indudablemente para mí fue un paso muy importante dentro de mi carrera. Yo definiría que hay dos situaciones que me ayudaron a dedicarme a la apicultura. Una en 1973 cuando viajé a Buenos Aires, asistí al congreso mundial de apicultores y pude darme cuenta cuán avanzada estaba Argentina, y todo lo que podía significar ese avance aplicándolo en el Perú. Fue allí cuando me di cuenta que era necesario que aprendiera más en cuanto a la técnica de la crianza de las abejas y empecé a presentar solicitudes a diversos países para estudiar más. Japón fue el primer país que me abrió las puertas con una beca de Perú Kumamoto Kenjinkai, al que yo pertenezco, y me permitió saber y conocer más de la producción no sólo de miel, sino la jalea real, que era lo que más interesaba en ese entonces.
¿Cómo fue su experiencia?
Muy enriquecedora porque la beca fue de práctica. Hacer y participar en los trabajos y en las faenas de la apicultura me permitiron comprender y aprender más rápidamente sobre la crianza en general de las abejas, en especial la producción de la jalea real, ya que ese entonces en el Perú no había nadie que pudiera enseñarme, sobre todo en la UNALM, que se suponía que era la más adelantada; pero en el campo de la producción apícola estaba bastante atrasada, por eso para mí fue un descubrir el hecho de que Japón ya estaba produciendo jalea real y más aún que era un producto muy buscado y bien demandado, solamente un kilo costaba mil dólares en esa época, de modo que produciendo uno o dos kilos al mes yo podía tener un ingreso alto.
¿Hizo estudios e investigaciones sobre apicultura?
Más que estudios e investigación en el Perú, me dediqué al campo de la capacitación. Los estudios sobre apicultura fueron muy limitados, por eso aprendí mucho más en el extranjero. En Japón aprendí la técnica de la producción de jalea real y fue en México donde pude complementar esta técnica, con un curso de crianza de reinas. Aprendí cómo producir reinas artificialmente, porque es la misma tecnología que se utiliza para la producción de jalea real. Es más, debido al problema de la africanización en Tarapoto tuve que cerrar el negocio en 1976.
Después de venir de Japón en 1978, estuve en Brasil para estudiar todo lo que corresponde al manejo de las abejas africanizadas. En la Universidad de Sao Paulo llevé un curso de Insectos Sociales para tener más bases científicas respecto a todo lo que es el mundo de las abejas, y trabajar en varios apiarios para aprender el manejo de las abejas africanizadas. Aquí era una incógnita grande cómo poder lidiar con las abejas tan agresivas y Brasil estaba muy adelantado, ya que el fenómeno de la africanización empezó allí.
¿Ha presentado proyectos?
Sí, en el campo de la tecnología, gracias a un fondo que hay y que lo maneja el Ministerio de la Producción, presentamos hace dos años un proyecto para mejorar las técnicas en la producción, sobre todo en la mejora de la higiene y calidad de la miel, y presentamos un prototipo de una unidad móvil de extracción de miel que fue aprobado el año pasado.
¿Con este proyecto fue reconocida su empresa?
Presentamos un proyecto al FINCyT, que es un Fondo para la Ciencia y Tecnología. Nos presentamos como Pyme. Mi empresa se llama Alimentos Naturales del Perú y el año pasado nos fue dado ese fondo para poder trabajar en el prototipo de la unidad móvil. Estamos en la fase final, el mes pasado nos fueron a supervisar en el campo el representante del FINCyT estuvo muy satisfecho con lo que vio, inclusive nos felicitó y nos ha incentivado que sigamos presentando más proyectos, lo estamos evaluando porque es un poco fastidioso hacer proyectos para el FINCyT.
Felizmente hemos conformado un equipo de trabajo con un ingeniero que es experto en la elaboración de proyectos y también con Marco Takenaka, que actualmente ocupa el cargo de coordinador del proyecto y con quien estamos haciendo todo esto para el bienestar y el progreso de la apicultura peruana.
¿Dónde se puede comprar la miel que produce?
Tengo un local comercial en la cuadra 3393 de la Av. Aviación, San Borja, desde las 10:00 a.m. hasta las 8:00 p.m., de lunes a sábado.
¿Tiene otros productos?
Miel de abeja, polen, jalea real y propóleo, que es poco conocido, pero que las abejas producen para cuidar y mejor la colmena. Es un producto que tiene cualidades antibióticas.
El apicultor colecta el propóleo, lo macera en alcohol y ese alcohol que está mezclado con todos los principios activos del propóleo se utiliza, ya sea para tomarlo como jarabe o para aplicarlo directamente sobre la piel cuando se trata de eccemas, forúnculos, algunas infecciones, quemaduras, heridas en general, todo donde haya necesidad de protegerse contra las bacterias y cicatriz la herida el propóleo cumple un papel importante.
¿Desde cuándo se dedica al aspecto comercial?
Tenemos 12 años, hace cinco años hemos incursionado en el área de comida, porque los productos apícolas vinculan al problema de salud, hubo muchas personas que se acercaban y nos consultaban sobre tal o cual enfermedad y cómo mejorar la salud, y así nos pedían productos como galletas integrales, yogur con miel, ensalada de frutas con miel. Cuando empezamos a preparar estos productos, empezaron a pedirnos más, entonces comenzamos con tamales en base a la carne de soya, empanada, etcétera, y eso conllevó a trabajar en la preparación de comida en general, ya hacemos menús dietéticos para las personas que tienen algún problema de salud.