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«Hiroshima es una prueba viva de la búsqueda de paz»

«Lo que sucedió en Hiroshima y Nagasaki hoy toma mucha vigencia. Hiroshima no sólo es un ejemplo de recuperación cultural, económica y política; sino es una prueba viva de una cultura de la búsqueda de la paz», reflexionó Enrique Haji, presidente de Perú Hiroshima Kenjinkai, en la ceremonia por la paz, que se realizó el 6 de agosto, conmemorando el 68 aniversario del bombardeo atómico a Hiroshima.

El memorial fue oficiado por venerables budistas de la comunidad Zen Sotoshu, Jisen Oshiro, Sengen Castilla y Ryushin Ponte, con la presencia del Coro de Baika del Templo Zuihoji.

La ceremonia por la paz fue organizada por Perú Hiroshima Kenjinkai y Asociación Peruano Japonesa. Asistieron Jorge Yamashiro, presidente de la APJ; Kayoko Kanashiro, presidenta de Asociación Femenina Peruano Japonesa; Tomi Kadena, titular de la Asociación Femenina Okinawense del Perú: así como nikkeis que recordaron a las víctimas de la bomba nuclear, poniendo osenko delante del altar budista y elevando plegarias por las miles de víctimas de la bomba atómica.

En su discurso por la misa por la paz, Enrique Haji, más allá de los datos de la catástrofe que se conmemoró el 6 de agosto, aprovechó la oportunidad para meditar sobre lo que significa Hiroshima hoy para el mundo.

«Para esto quiero darme la libertad de compartir con ustedes dos experiencias que para mí han sido muy enriquecedoras y que son dos caras de una misma moneda», manifestó. A los presentes les dijo que la primera experiencia les iba parecer un poco extraña. Le sucedió hace unos meses cuando viajó a Las Vegas. «Leyendo mi guía turística Lonely Planet, busqué la página donde aparecían los principales atractivos. Para mi sorpresa, la guía indicaba que el principal atractivo de Las Vegas no era un casino, no era un show de Cirque du Soleil, un hotel o un mall... el principal atractivo era el Museo de las Pruebas Atómicas (The Atomic Testing Museum)».

De este museo, muchos recuerdos quedaron grabados en el presidente de Hiroshima Kenjinkai. Es así que apreció in situ toda la historia del proceso que tomó construir la bomba y todos los eventos que han pasado en los últimos 50 años, incluyendo el bombardeo a Hiroshima, la guerra fría y las diversas pruebas atómicas posteriores.

El museo indica el esfuerzo que tomó el proyecto, la gran cantidad de científicos, la enorme cantidad de personas involucradas y lo oneroso que resultaba el proyecto. También muestra el reclamo y el miedo del pueblo del estado de Nevada, por lo peligroso que podría surgir a causa de una de las pruebas.

«Había mucha tecnología, maquetas de bombas, medidores Gayger, incluso con mediciones reales sobre materiales radiactivos. Se mostraba una película en una sala especial, una especie de simulador con efectos especiales donde uno vivía la experiencia de la bomba, el destello inicial de la luz, el impacto sonoro, hasta el shock de aire en el rostro como parte de la onda expansiva, y los efectos sobre casas y muñecos. También se comentaba que la bomba era hecha en nombre de la libertad», señaló Enrique Haji.

Lo que él sintió fue que había recibido una clase mitad de ciencia y mitad de historia, «pero pensaba que todo esto no llegaba a reflejar los efectos que el poder de una arma nuclear significa. Leía en El Comercio unas palabras de Olive Stone, que justo está ahora de visita en Hiroshima, y me hizo recordar mucho lo que les acabo de comentar».

En su mensaje por la paz, Haji contó una segunda experiencia en su visita a la prefectura de Hiroshima, hace un par de años, y tuvo la suerte de recorrer muchos sitios y contactar mucha gente. Dentro de las cosas que más recuerda está una clase sobre la historia de Mazda. Cuando la bomba estalló, la ciudad de Hiroshima prácticamente desapareció, pero la fábrica Mazda no fue afectada porque estaba protegida por una loma y más bien se transformó en el centro de operaciones de Hiroshima, sirvió como hospital y como ayuntamiento. Mazda está estrechamente vinculada con Hiroshima y se convirtió en el símbolo de su recuperación. Este éxito se vio coronado con la producción del auto Cosmo en 1963, el primer auto de producción en serie con un motor rotativo.

Otro recuerdo que tiene presente es su visita a la Universidad de Hiroshima. «Adicionalmente a conocer las instalaciones de la universidad, tuve la oportunidad de contactar con personal administrativo y algunos alumnos. Así como las empresas tienen misiones y valores, la Universidad de Hiroshima tiene cinco principios y a mí me llamó la atención el primero de sus principios: la búsqueda de la paz. La explicación de este principio dice literalmente: “Desarrollar actitudes intelectuales que siempre busquen la solución pacífica de los problemas que afectan la sociedad y el mundo entero», subrayó.

De su visita al Parque en Memoria de la Paz, además de la tranquilidad y pulcritud, Haji tiene grabada la presencia de los niños. Los escolares acuden al museo regularmente, y no una, sino varias veces durante su vida escolar.

«Una de mis profesoras me decía que cuando era pequeña ya no quería ir repetidamente al museo, dado que era muy triste, pero que igual tenía que asistir porque era una obligación», recordó el presidente de Hiroshima Kenjinkai.

Otra experiencia inolvidable en el Museo de la Paz es un reloj vigilante que cuenta el tiempo que ha pasado desde la última prueba nuclear en el mundo. «Para mi sorpresa sólo habían pasado unos pocos meses desde la última prueba. Luego entré al museo y pude apreciar el efecto devastador sobre la ciudad y las personas, y el efecto no sólo sobre los fallecimientos sino sobre los sobrevivientes. En este caso, lo que sentí con estas experiencias fue un sentimiento de mucha tristeza pero también de mucha responsabilidad», acentuó.

Enrique Haji afirmó que estas dos experiencias en Estados Unidos y Hiroshima lo han hecho reflexionar sobre la situación que el mundo vive hoy. Desde 1989, la amenaza de la guerra fría se desvaneció con la caída del muro de Berlín, «sin embargo, tenemos un mundo donde cada día más países tiene acceso a la elaboración de armas nucleares. Y muchos de estos nuevos países, especialmente en el Medio Oriente y Asia, tienen ideas fuertemente antagónicas con el resto, sean de orden religioso, cultural, histórico, económico. Eso genera una amenaza latente y creciente de un conflicto nuclear».

Reiteró que por todo eso, lo que sucedió en Hiroshima y Nagasaki hoy toma mucha vigencia.

Asimismo, precisó que «nosotros los nikkei y en especial los ni¬¬kkei hiroshimanos» están llamados para mantener vivo este legado, conmemorando esta fecha, 6 de agosto, manteniéndola siempre viva y difundiendo «lo que conocemos entre nuestras familias, nuestros amigos y nuestra comunidad».

Finalizó su mensaje invitando a la exposición tradicional de afiches: «Por un mundo sin armas de destrucción masiva». La exposición se abrió el 1 de agosto y estará abierta hasta el 15 de agosto, en el hall del Centro Cultural Peruano Japonés.