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Hello inmigrant

Por Christian Hiyane Yzena

Desde que ganaran mayor protagonismo dentro del panorama laboral japonés, a las oficinas de búsqueda de empleo conocidas como Hello Work (jaro waku, en nihongo), parece que no siempre les fue bien. Al menos dentro del segmento de los inmigrantes o trabajadores extranjeros, los beneficios nunca han caído a raudales quizás porque se les vio como salvavidas inclinados más bien a resolver problemas de desempleo de carácter temporal. Pero de ninguna manera era una opción válida para el dekasegi que apuntaba a trabajar mucho, acumular horas extra y ganar ostensiblemente.

Dentro del universo de los inmigrantes que arribaron con fuerza a fines de los 80 y principios de los 90 con la marcha del trabajo boyante, el nombre de «Hello Work» nunca sonó familiar. Con los contratos y las plazas de trabajo a la vuelta de la esquina, que una entidad del estado tercerice por alguien era altamente improbable. Pero cuando la oferta del trabajo no sólo dejó de ser rentable, sino comenzó a escasear, los jimusho que dependen del Ministerio de Trabajo, Salud y Bienestar empezaron a formar parte del léxico «chambero». 

En 1997, año en la que la crisis asiática picó alto y los volúmenes de exportación descendieron, los gembas se estaban comenzando a despoblar de mano de obra foránea. Y aún quienes conservaron su trabajo, sufrieron una merma considerable en horas extra. Fue allí que Hello Work comenzó a activarse frente al desempleo y al mismo tiempo a marcar una diferencia entre buscarle trabajo a un japonés y a un extranjero. Un desborde que tuvo desde falta de manejo de idiomas, menkyos (licencias diversas) y harta paciencia al momento de acudir por una puesto. Algo que en Japón no se puede aguantar por el elevado costo de vida.

Pese a ello, era evidente que la oficina de búsqueda de trabajo del Estado estaba comenzando a mostrar serias deficiencias de asistencialismo a los extranjeros. El oficinista no hilaba una conversación lógica con el postulante y este no entendía al cien por ciento lo que le hablaban. Una llamada de atención para el gaijin que a pese al tiempo de residencia que tenía en este país, no había podido llegar a sostener un mero diálogo en nihongo. 

A partir de allí y con una negociación previa entrampada, las condiciones generales para ambas partes transitaban por caminos hoscos y llenos de obstáculos. A pesar de todo, Hello Work, dentro de las formalidades del caso, trató de llevar a buen puerto y a entender mejor las necesidades del que venía de afuera. Una faena complicada que, sin embargo, tendría una segunda parte aún más desesperada que la de ese año.

En el 2009, Japón sufrió una de sus peores recesiones y los despidos en general estaban a la orden del día. Como era lógico, quienes llevaron la peor parte fueron los dekasegi. Ese año, las oficinas a nivel nacional estaban abarrotadas de gente que aspiraba a cualquier cosa con tal de llevar un poco de yenes a su bolsillo. Fue aquí que comenzaron las denuncias de incumplimientos contractuales, malos tratos y promesas ficticias. Al mismo tiempo y ante la falta de una política laboral oficial destinada a los extranjeros —que sólo procuró de manera infructuosa de solventar el pasaje de regreso de estos a sus países de orígenes— la ofensiva del Estado fue la de programar cursos de idioma japonés intensivo y de oficios especializados como soldadura y manejo de montacargas (patos), los famosos fokurifutos en japonés.

Por eso no llama la atención la información que la revista Mercado Latino de Japón ha colgado en su página de Facebook sobre las denuncias contra Hello Work por información falsa y montos de sueldos no cumplidos. Ya hace varios años atrás hubo serios cuestionamientos sobre lo que las empresas que se colgaban de la oficina de empleo estatal ofrecían y sobre lo que cumplían. En general, si bien es cierto que falta un poco de mayor rigurosidad en la calidad de las propuestas de los empleadores, tampoco se le puede exigir demasiado a una oficina que con el tiempo ha pasado a convertirse en una especie de beneficencia pública, donde se entremezclan los logros laborales con los personales.