Por Ciria Chauca Falconí
Marco Martos, entrañable amigo del poeta José Watanabe y un admirador sincero de la colectividad nikkei, afirmó que el Concurso Nacional de Creación «José Watanabe Varas», que convoca la Asociación Peruano Japonesa, está abierto para todos los peruanos. Considera que es la primera vez que el ganador es un peruano con apellido japonés, «si no me equivoco es la primera vez», enfatizó al presentar la obra ganadora Okinawa existe, escrito por Augusto Higa, en la 18 Feria Internacional del Libro de Lima.
El reconocido escritor y poeta peruano, Marco Martos contradijo a las personas anónimas que en internet dicen que el premio «José Watanabe Varas» es solo entre amigos.
«Desmiento públicamente a esas personas, que no son capaces de firmar y probar sus apreciaciones. Al mismo tiempo invito a las autores del Perú participar en el concurso garantizándoles, con la trayectoria que tengo, la absoluta honestidad de los miembros del jurado de ahora y de antes», acentuó.
Especificó «que aunque Augusto se apellidara Pérez» sería un gran autor peruano, porque desde sus inicios literarios Augusto Higa tiene una trayectoria diferente.
«Desde un inicio Augusto Higa mostraba ser un autor con calle con sus creaciones Que te coma el tigre, lo mismo se puede decir de La casa de Albaceleste o el libro Final del Porvenir. He leído con mucha atención Japón no da dos oportunidades (1994), es absolutamente diferente, no es una prosa de ficción, sino que se trata de un recuento muy intenso de su experiencia en Japón», explicó.
«Imagínense a Augusto Higa de profesor de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y trabajar como obrero en Japón, un intelectual pasa a ser obrero. Para Augusto Higa fue lo mejor su retorno al Perú», remarcó el actual presidente de la Academia Peruana de la Lengua, catedrático de la UNMSM y decano de facultad de letras y ciencias humanas de esta casa de estudios.
Detalló que Japón no da dos oportunidades es un libro intenso, diferente, antropológico, un testimonio, un libro de verdad.
Al citar la trayectoria de Augusto Higa, resaltó La iluminación de Katzuo Higa, una novela breve, con un personaje japonés. «Es una maravilla, insólito, sin antecedentes en la literatura peruana», subrayó.
Señaló que esta obra se agotó rápidamente. Puso el ejemplo de los numerosos profesores de la Universidad de Lima, quienes se pasaban la voz de la calidad de este libro y ellos lo consideraban como lectura obligatoria. «Y de pronto el libro se acabó y no he vuelto a ver».
Sostuvo que la escritura Augusto Higa está vinculado al grupo de narración que trataba de centrar problemática de los personajes populares y también conflictos sociales. En los años 70 hay una marca del grupo de narración que sacó una revista, donde trataban de expresar el sentimiento colectivo.
Puntualizó que a pesar de la potencia de la colonia japonesa en el Perú, los primeros inmigrantes japoneses que llegaron fue en 1899, no había una presencia en la narrativa de los descendientes de japoneses. «En poesía sí, gracias a José Watanabe. Augusto Higa trata esto desde adentro, no desde fuera, no es una visión pictórica, no es una visión de otros, sino de quien forma parte de este grupo social».
Sobre su impresión particular de Okinawa existe, Marco Martos dijo que le impactó un primer cuento, cuyo personaje es una dama de origen japonés que sabe que va a morir ese día, tiene la intuición de que va a morir, como que le ocurre por un accidente.
«Hay una persona que viene y siempre le pregunta quién es el presidente del Perú. Leguía, contesta la dama de origen japonés. Su mente se ha quedado en el pasado, pero al mismo tiempo avizora la muerte. Este personaje toma conciencia de que el ser humano está hecho para la muerte. Mis palabras no son pesimistas, porque el libro de Augusto Higa tiene la parte buena», apuntó.
Otro aspecto muy importante en Okinawa existe es la actitud que los peruanos identificamos un poco con Japón. Marco Martos aclaró que no es resignación la palabra más adecuada, sino la serenidad frente a los acontecimientos humanos. «Creo que está arraigado la actitud religiosa shintoista y budista ante la muerte, no como algo doloroso o algo final, un tránsito, un paso desconocido, sino una serenidad».
Indicó que entre las comunidades que más aceptan la mejor vida es el budista mundial y entre los budistas hay menos suicidios que entre los ateos o practicantes de otras religiones. «Augusto Higa me parece un budista por su actitud», concluyó Marco Martos.