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Conferencia: Las damas escritorias Heian

El pasado lunes 22 se realizó en la 18º Feria Internacional del Libro de Lima la conferencia Las damas escritoras Heian a cargo del Dr. Iván Pinto Román, profesor de Cultura Oriental de la PUCP. El evento fue organizado por la Embajada del Japón en el Perú, y prsentó algunos de los aspectos más importantes de la misma se resumiría en los siguientes párrafos presentados por el expositor.

Fue, avanzado el siglo X, cuando las propias damas de la corte, en la segunda capital histórica, Heiankyô, efectivamente comenzaron a descollar como decisivos talentos en el despliegue de la literatura del Japón, registrando sus creaciones en la segunda escritura silábica llamada «de mano de mujer», onna de en japonés…

La mayor parte de la literatura de la privilegiada clase cortesana Heian sería, en consecuencia, creación de mano femenina, a causa de la preferencia de los caballeros por la composición en lengua y caracteres chinos, mientras que las damas, raramente iniciadas en los complejos trazos de los ideogramas, se valieron con holgura de la segunda escritura silábica japonesa, derivación fonética de signos continentales, que, a diferencia de ellos, era de presto aprendizaje y a la vez, guarnecida de amenas formas curvilíneas, ideales para una depurada caligrafía a pincel…

En el progreso de la literatura onna de, de mano femenina, ocupa lugar primordial una obra realista, muestra auroral del auge que alcanzase la creación clásica nipona: el conjunto de íntimos bosquejos del Kagerô Nikki, (‘Apuntes de una Efímera’, en el traslado al castellano de Hiroko Izumi Shimono y quien esto expone) impar tentativa de abordar la condición humana con absoluta llaneza y honestidad, que exhibiese la extraordinaria floración de la expresión realista, y el estreno magistral de la prosa femenil…

A fines de la segunda mitad del siglo X las damas de la aristocracia acentuaban su actividad creativa, que empezara con diarios y apuntamientos, otra de ellas, casi al desgaire, a guisa de personal distracción, crearía en el cerrado mundo Heian un novísimo género: el ensayo. Padrón de sueltos pensamientos e impresiones, informal colección de anotaciones el Makura no Sôshi, trazado por la dama apodada Sei Shônagon, doncella de honor de la emperatriz consorte Sadako, vertido al castellano -por  Hiroko Izumi Shimono, Oswaldo Gavidia y quien esto glosa- como El Libro de la Almohada, es el prototipo de la asociación de cavilaciones y embelesos, al que con ingenio llamaría su autora zuihitsu, o «al correr del pincel,» conforme los más diversos y dispares temas acudieran, de improviso, a su mente.

Poco después de concluido aquel primigenio ensayo, entre las dos primeras décadas del siglo XI, otra dama nombrada Murasaki Shikibu, habría de comenzar a componer el Genji Monogatari, o ‘Relato de Genji’, la más notable y extensa obra de ficción de toda la literatura clásica del Japón, que proporciona un fascinante retrato de la vida en la corte Heian, del esplendor de sus rituales su culto a la fineza y la hermosura, así como de la conciencia de su caducidad.

Preñado de tonalidades y connotaciones, el motivo conductor de la literatura de las damas escritores fue el concepto de mono no aware, la melancolía y compasión por todas las cosas, alude a la circunstancia de la época Heian de acentuada impronta budista e implica la conciencia de la transitoriedad de todo lo perceptible. La dama Murasaki Shikibu habría de sellar su monumental novela con la constante alusión a la fugacidad de lo visible, la labilidad de los logros humanos, tan deleznables y efímeros como las gotas de rocío expuestas a los primeros rayos del sol matutino.