Nacida el 10 de marzo de 1920, Kamado Arakaki arribó al puerto del Callao a los 17 años desde la prefectura de Okinawa, distrito de Kochinda (actualmente Yaese). Tuvo ocho hijos: Juvenal (73 años), Regina (71 años), Julia (68 años), Enrique (66 años), Julio (64 años), Carmen (62 años), César (60 años) y Rosa (58), quienes le dieron 24 nietos, 22 bisnietos y 3 tataranietos.
Cuando llegó al Perú en 1937, trabajó inicialmente en Chancay, seguidamente llegó a la hacienda San Agustín y por la construcción del actual aeropuerto, en su etapa inicial, fue obligada a abandonar su propiedad en aquella época. Le dieron dos semanas de plazo para abandonar la chacra en donde pudo hacer algo de dinero. Los ojiisan de aquel entonces la animaban a ir a Cañete, pero ella se preocupaba más por el futuro de sus hijos, pensando que había más futuro en Lima. Era una época en donde los primeros inmigrantes se apoyaban entre sí, prestándose dinero, haciendo tanomoshi o colaborando mutuamente poniendo en práctica las costumbres traídas del Japón en donde el bien común es una forma de vida.
La obaasan Kamado demostró su empuje en trabajos como vender flores en el Campo de Marte o pollo en el mercado de Pueblo Libre (Av. Bolívar), en donde se enfrentaba a los municipales sin hablar bien el castellano.
Ha regresado a Okinawa tres veces. La última vez fue para la celebración de los 88 años de su onesan. Tenía tres hermanos en Okinawa y una hermana. Desde pequeños, su papá llevó a sus dos hermanos mayores para estudiar en Osaka ya que en ese entonces era difícil educar a los niños en lugares alejados.
«Hay que ver a los que nos rodean y aprender de ellos. Por eso cuando el corazón es bonito, Dios ayuda. Si ven que están haciendo maldad, no hay que seguir su ejemplo, solito tienen que pensar. Eso está bien, eso está mal», es lo que le decía a sus hijos. Algunas veces ellos le decían: «Los tiempos ya cambiaron, la moda ya cambió», y ella les respondía: «¿Cómo? ¿Kamisama también cambia acaso?», enfrentándose así a la rebeldía adolescente de sus hijos (hoy abuelos) en aquel entonces.
Actualmente vive en su propiedad en Chacra Cerro. Empezaron con granja y al principio no fue fácil pues se enfrentaron a la peste que mataba todas la aves de corral. Ahora uno de sus hijos se dedica al cultivo de flores, mientras la obasan Kamado se dedica a criar cuyes y sembrar algunas verduras. En su casa, lleva el butsudan de su esposo Kameji Arakaki. Al preguntarle acerca del secreto de su longevidad, nos dice: «Creo que es por la alimentación a base de verduras y por la vida al aire libre».
A sus 92 años ha pasado la etapa de la inmigración e inserción de los issei al Perú, los saqueos y la campaña antijaponesa durante la Segunda Guerra Mundial, el proceso de los primeros inmigrantes de pasar de la chacra a la granja, de la granja a los negocios y de los negocios a los nietos con carrera universitaria. Ha sido testigo también del fenómeno dekasegi, teniendo a muchos miembros de su familia por allá, y los ha visto regresar y reincorporarse a la sociedad peruana. Hoy en día lo único que le preocupa es ¿cómo será el mañana?