Regresar

«Mi obaa escribía las recetas criollas también en kanji»

Por Christian Hiyane Yzena

Esta es la historia de la obaa de Eduardo Higa Romero (39), ingeniero informático de profesión de la Universidad Católica e hijo nada menos que del escritor nikkei Augusto Higa Oshiro.

Higa fue finalista del concurso de aceleración de proyectos que anualmente organiza Telefónica del Perú, Wayra, gracias a la empresa de aplicaciones de telefonía móvil (Iencuentra) que dirige junto a cuatro socios.

Recuerdos de mi obaa
Solía sentarse al mediodía frente al televisor para ver a Teresa Ocampo. Apuntaba cuidadosamente cada receta que daba la diva de la cocina en kanji y katakana. Le gustaba preparar no sólo comida japonesa, sino también peruana: desde un modoso soba hasta un clásico olluquito al jugo. O se divertía con las ocurrencias de Augusto Ferrando un fin de semana.

Curiosamente, los platos criollos también los escribía en japonés. Ese tesoro los guardaba en varias planas de distintos cuadernos. Para Eduardo era una delicia probar alguno de sus platos. El soba además llevaba los fideos que ella fabricaba.

«No sé qué menjunje era, pero era riquísimo. Con la carne de cerdo y demás, mi obaa se esmeraba. También cocinaba sashimi, tamago yaki y hasta frijoles. Le gustaba mucho la comida casera. En mis conversaciones con ella, siempre estaba al tanto de cómo iba en el colegio. Me interrogaba como media hora», sonríe.   

Mientras daba los vistazos a su programa favorito, Jumi Oshiro atendía a los clientes que entraban a comprar a la bodega-bazar que administraba con cariño en el centro de Lima, muy cerca a la Iglesia Las Narazenas. Un negocio que llevó junto a su esposo Heisei Higa que falleció prematuramente. Eduardo la visitaba frecuentemente junto a su hermana menor, Adriana (37). Vivían a una cuadra.

«Siempre muy buena, cariñosa, trabajadora. Se preocupaba mucho por todos. Mi abuelo en cambio, era muy recto, severo y muy difícil de tratar. No se adaptaba al idioma, las costumbres y no le gustaba las cosas malas de los peruanos», recuerda Eduardo.

Después los Higa Oshiro se mudaron a El Porvenir, en La Victoria. El giro del negocio fue el mismo y Jumi nunca dejó de trabajar hasta el 2000, año en que falleció. La pareja tuvo seis hijos: Hide, Agustín, Teresa, Augusto, Alicia y Miguel. Eduardo fue el nieto mayor. «Por eso tenía las propinas más grandes y el plato también más grande», agrega.

Recuerdos de la abuela
Cuando concluyó la secundaria en el colegio La Unión de Pueblo Libre, Eduardo siguió visitando a su obaa aunque ya no con la misma constancia. Los estudios en la universidad a principios de los noventa no le dejaban mucho tiempo. Aún así se daba una escapada. Cuando lo veía, le decía: «Te voy a hacer una sopa, siéntate». Pero también eran los dulces japoneses, que normalmente los okinawenses preparaban con pasión, otro de sus fuertes. Las famosas tempuras nunca dejaron de hacerse, así como el talento para expresar sus sentimientos a través de las cuerdas del shamisen.

«Si quieres que te la describa, la pondría así: blanca, de pelo negro, gordita, de grandes y ásperas manos. Muy tradicional y observadora. De mis abuelos aprendí la honradez, la pasión por las cosas y el amor por la familia y el trabajo. Ella no paraba. Fue a Jinnai», concluye. Tanto Heisei como Jumi partieron de Okinawa entre 1930 y 1940. Ambos fueron de Nago Shi.

La experiencia Wayra
Eduardo Higa Romero formó Iencuentra junto a varios amigos más y participó en Wayra, una aceleradora de proyectos tecnológicos que brinda apoyo económico, que anualmente organiza Telefónica del Perú, logrando un cupo dentro de los diez finalistas.

Nacido en Lima e hijo de Augusto Higa y Nery Romero, estudió parte de la primaria en el Colegio La Ronda y la secundaria en el Colegio La Unión. Los estudios universitarios los hizo en la Universidad Católica del Perú. Tiene dos maestrías: una en Gestión de Sistemas de Información (Esan) y Administración Estratégica de Negocios (Centrum Católica).

Eduardo Higa en pocas palabras
Virtud: ser creativo
Defecto: la impuntualidad
Deporte: fútbol
Hincha: Sporting Cristal
Barrio: La Victoria
Admira: a sus padres
Perú: necesita 30 años más de desarrollo sostenido. Esta por el camino correcto
La política: me encanta
Cuento favorito de su padre: Garrotillo
Familia: mi hijo Valentino y mi esposa Greta Chávarry (35) son lo más importante