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«Me llamó la atención el desarrollo de la fotografía en Japón»

Descendiente de Niigata Ken, Akio Sakai dicta el curso de fotografía en ISIL. Fue becado al Japón gracias al programa de becas integrales de especialización que brinda el Ministerio de Educación, Cultura, Deportes, Ciencia y Tecnología del Japón.

A sus 29 años avanza sus investigaciones para su Maestría en Ingeniería de Sistemas y tiene un diplomado en Gestión de Proyectos. Gracias a la beca tuvo la oportunidad de estudiar en el Tokio Visual Arts y recibir clases de fotógrafos japoneses de culto como Daido Moriyama y Keizo Motoda. En la siguiente entrevista nos comenta más al respecto.

¿Cómo se inició en la fotografía?
Desde que terminé el colegio siempre he querido tener dos líneas de carrera. Una que era la parte científica, en donde tenía que exprimirme el cerebro. Y la otra que es la parte artística. Siempre supe que la parte científica la podía desarrollar acá, sin embargo la parte artística no la encontraba muy desarrollada a nivel técnico.

¿Cómo se enteró de la beca?
Mi hermana Claudia Sakai trabajaba antes en la APJ y por el año 2004 me mencionó acerca de las becas. Las de Monbukagakusho, específicamente. Entonces reuní mis papeles y fui a pesar de que estaba en duda.

¿Cómo fue el proceso de estudios en Japón?
Llegué en el 2005 y todo el primer año fue el curso del idioma japonés. La experiencia fue lindísima pues no llegamos a cualquier lugar, sino que estuvimos en una casa de estudiantes en donde todos éramos extranjeros. De allí al segundo o tercer año cada uno agarraba su camino.

¿Por qué escogió la fotografía?
Me decidí por el tema de las fotos porque justo cuando presenté los papeles para la beca estábamos en la semana universitaria, agarré la cámara de mi papá y me pareció bien curioso lo que se podía llegar a hacer.

Al llegar al Japón aprendí la fotografía como técnica, todas las técnicas habidas y por haber. Lo que me llamó la atención es el desarrollo de la fotografía en Japón. Allá aprendí todo lo que pude absorber para regresar al Perú y aquí enseñarlo para que suba el nivel de calidad, el formato y todo el estándar.

Estudié fotografía en el 2006 y 2007. Al concluir en el 2008 trabajé en Publicidad para diferentes revistas japonesas, dedicándome específicamente a los autos. De allí me salieron eventualmente trabajos en el rubro de las modas.

¿Es diferente trabajar en fotografía en Japón y en Perú?
Se respetan muchos los roles en el Japón. Allá es muy formal, muy producido. Aquí en cambio el fotógrafo tiene que ser productor, negociante, creativo, encargarte de los temas logísticos, entre otras cosas más. Allá cada quien cumple su función. Antes de una sesión fotografía te indican las pautas y te dan incluso sketchs de cómo quieren que salgan las fotos. El día de la sesión tú solo vas, acomodas tu cámara y tus luces para que sólo salga lo que te han dicho. Aquí el fotógrafo es multiusos y mal pagado también. El mercado no está educado.

¿Cómo ve la fotografía en Japón a nivel profesional?
A nivel profesional, el nivel técnico es tan grande que conocen al milímetro cuanta intensidad de luz va a recibir un punto A y un punto B sólo con mirarlos. Te empiezan a decir «la cámara hay que colocarla a 35 centímetros y agarran una wincha y son 35 centímetros exactos. Te atreves a mover ese trípode y te despiden literalmente. Llegan a un punto así en donde tienen ya todo calculado. En el lado artístico también hay fotógrafos enormes.

¿Qué fotógrafos japoneses prefiere?
Me gusta Moriyama Daido. Estuve en varios talleres y cursos que ha dictado. Otro fotógrafo que admiro es mi profesor Keizo Motoda, cuyo tema para trabajar documentales me pareció tan extraordinario que incluso me hizo cambiar de especialidad. Yo entré en Fotografía de Paisajes. Y por el profesor Motoda cambié a Fotografía Documental y Fotoperiodismo. Y trabajando con él me cambié a retrato moda y digital.

¿Y peruanos?
Óscar Chambi. Porque su trabajo de retratos es muy parecido a August Sander y Richard Avedon. Los retratos de Chambi tienen toda la parte cruda de Sander, pero también tienen ese feeling de Avedon.

¿Cómo fue su experiencia laboral en Japón?
Estuve en un estudio llamado Photon, trabajé medio año allí. Tuve un accidente por estar llevando equipo pesado como asistente de iluminación. De allí pasé a director de iluminación. Salí de Photon y por cosas del destino conocí a un par de directores de arte que trabajaban en una agencia que se llama Manda Holding’s y trabajé allí como director creativo y director de iluminación. Estuve trabajando en paralelo también con unas revistas francesas.

¿Qué le diría a la gente que no aprovecha las becas?
Les diría que no tengan miedo. La mayoría piensa en la cultura y el idioma del Japón, aspectos tan diferentes a nuestro país. Pero todo el primer año uno aprende a vivir con gente de todo el mundo, aprende a respetar y aprende a ser respetado. Aprende otras culturas y otras cosas. Y por el idioma, todos esos extranjeros con los que uno convive ese primer año están en la misma situación: nadie habla japonés. Por el tema de dinero, el temor es absurdo pues las becas te cubren todo. El tema de la lejanía de la familia y los amigos es una consecuencia. Las puertas que se abren son impensables. Cuando me gradué, por ejemplo, tuve cinco ofertas de trabajo. Ni siquiera había ido a mi ceremonia de graduación y ya tenía las cinco ofertas en lugares muy conocidos.