Regresar

Un padre nikkei al fin y al cabo

Por Christian Hiyane Yzena

¿Qué tan diferentes pueden lucir los padres de antes con los de ahora dentro de la comunidad nikkei? Sin el sentido de pertenencia pisándole la cabeza, los padres de ahora han heredado los valores, pero al mismo tiempo las inseguridades del medio en el cual sobrevive. De todas maneras hay menos distancia y mayor cariño, pero ese «silencio» cómplice que cultivaban muy bien los issei por diversos motivos le dio un valor filosófico a la vida familiar que, hay que aceptarlo, en el mundo actual no podríamos seguir soportando y estaría jugando los descuentos. Ahora todo está basado en las preguntas incesantes de los chicos y las respuestas que satisfagan. 

Uno de los rasgos más fuertes de la presencia de hombre, que va de la mano al mismo tiempo con la presencia del padre, son los denominados consejeros de las instituciones nikkei. Nadie puede negar el rol protagónico que tuvieron y tienen en la toma de decisiones de las organizaciones más importantes de la comunidad. Bajo esta figura se empodera la fuerza y el carácter del hombre como extensión del padre dentro del hogar.

Si bien se carece de información o de investigaciones especializadas, otra de las tareas pendientes de la APJ, por ejemplo, del funcionamiento de las instituciones tutelares se puede extraer información valiosa sobre el balance de la participación del hombre en asuntos como la educación. Hasta hoy se puede advertir que este sigue siendo una prioridad de las mujeres: de los cuatro colegios nikkei más representativos, tres son dirigidos por las damas, pero las asociaciones de padres de familia sí son dirigidas por papás. Curioso detalle.

En el caso de las instituciones fuertes de la colectividad, también los papeles de los padres de familia marcan la agenda de los despachos. La Asociación Peruano Japonesa y su par okinawense o la AELU, para referirnos a la parte deportiva, son dirigidos por sendos y respetados padres. Un subnivel de las mismas suelen ser las partners femeninas, es decir, los Fujinkai domésticos que no cuentan con un presupuesto, sino que tienen que generarlo o buscarlos para otras direcciones por su naturaleza benéfica. Y son asociaciones también.

Fuera del país, en el mismo Japón por ejemplo, las cosas son distintas aunque tienden a ir al ritmo de la vida occidental sin sacrificar las raíces de su misma formación ni su idiosincrasia. Hoy es posible ver a los padres haciéndose cargo de los pequeños los fines de semana, aminorando de alguna manera la sobrecarga del trabajo doméstico de las madres, muchas de ellas, trabajadoras también fuera de la casa.

Pero es en la parte de la autoridad en donde las cosas parecen ser todavía verticales. Sigue habiendo una suerte de reverencia, de sometimiento, que parece responder más bien a una tradición que a un gesto de respeto. O en todo caso, una puede contener a la otra por sentido común. Lo tradicional no podría ser llamado así, sino se respeta antes. Por lo que lo demás no deja de ser venial simplemente.   

Esos pequeños avances dentro de la base de la vida del padre, de la participación más activa en la crianza de los niños, son parte también de las delegaciones y de los avances de las mujeres en el campo laboral. Porque tanto allá como acá, las conquistas laborales de las féminas se han reforzado y sacudido de la etiqueta de género, en determinados niveles. Pero ya sabemos que en la cuestión económica, la cuestión de los sexos muchas veces dejan su lugar cuando las necesidades aprietan. Allí sí hay similitudes.


A mi otochan Christian

Gracias por darme la oportunidad de acompañarte la mayor parte de tus días.

Gracias por todo lo que me enseñas con paciencia y amor.

Gracias por tu sacrificio en las madrugadas trabajando para darme lo mejor.

Gracias por tus regaños ante mis travesuras.

Gracias por cuidarme cuando me enfermo y por tu peculiar manera de tomarme la temperatura.

Gracias por las caminatas con nuestras infaltables galletas en las tardecitas de sol.

Feliz día, otochan Christian. ¡Te quiero mucho!

Arissa Hiyane