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«Me habían dicho que en Okinawa la gente era amable y lo comprobé»

Por Rubén Kanagusuku

Siendo la becaria número 17 de Nakagusuku Son, Yuri Yasuoka nos comenta sobre la experiencia vivida en Okinawa: haber conocido los lugares turísticos más importantes del archipiélago, ver al grupo Rinken Band y haber asistido a un concierto de Begin por primera vez.

Actualmente Yuri es profesora de inicial en el colegio La Victoria y ha aplicado diversos conocimientos adquiridos en la beca para trasmitirlos a los más pequeños.

¿Cuáles fueron sus impresiones al llegar a la isla?
Llegué a casa de mis familiares y la primera noche me quedé prácticamente toda la madrugada despierta conversando con mis tíos. Estuve los tres meses hospedada en su casa. Al día siguiente teníamos que ir a la municipalidad a presentarnos con el alcalde y el recibimiento fue muy bueno. No había distancia entre autoridades y personas comunes, era algo superfamiliar. A mí me gustó bastante el recibimiento.

¿Cómo fue la primera semana de la beca?
Los de Nakagusuku éramos tres becados, una chica de Argentina, un chico de Brasil y yo. La primera semana fue algo de adaptación pues nos enseñaban a tomar el bus, cómo movilizarnos, nos llevaron a los principales sitios turísticos de Okinawa: el castillo de Nakagusuku, el castillo de Shuri en Naha, el acuario de Motobu (Churaumi), entre otros. Toda esa primera semana la pasamos conociendo la isla.

¿Y sobre los cursos?
Comenzamos las clases la segunda semana. Llevamos clases junto con becarios de Okinawa Shi, Kitanakagusuku Son, Chatan Cho, Yomitan Cho y Kin Cho. Las clases eran de sanshin, nihongo, odori (en mi caso aprendí Kagyadefu),cerámica, shodo (caligrafía japonesa), sumie (dibujo con pincel) e ikebana.

¿Hizo prácticas en lo que respecta a su profesión?
Pude hacer prácticas en dos centros que pertenecen a Nakagusuku: en el Ji-do-kan o en el Shien «centa». En el Ji-do-kan los chicos de más de seis años pueden tener un espacio para hacer las tareas, pueden tener un espacio para jugar, todo siempre conservando las reglas desde que entra. Y el Shien centa que es para los niños de cero a seis años y consiste en una guardería con los papás presentes. No hay un equivalente aquí. Allí pueden ir con los papás y recrearse pues tiene un espacio de juegos. Aparte, ese centro hace paseos, miniundokai, cumpleaños, charlas para padres y otras actividades.

Me pareció interesante pues son dos centros como los que no hay aquí en el Perú y también el contacto con niños y en el Shien «centa» tuve la oportunidad de conversar con los papás.

¿Vio diferencias entre el proceso de educación entre Japón y Perú?
Allá todo siempre es el orden, la puntualidad y el respeto. Todos los valores. Por ejemplo, a mí no me conocían chicos del colegio que vivían cerca a Nakagusuku y me veían en la calle y me saludaban. Esa cortesía y esa forma de educación es diferente.

¿En Perú no hay eso?
Aquí sí hay, pero como que falta, ¿no?

¿Qué otros aspectos la sorprendieron?
Me habían hablado de que la gente allá era muy amable y sí lo pude comprobar. Por ejemplo, quería ir a cierto lugar y una persona me indicó qué bus tomar, en qué paradero, cuánto pagar y en qué paradero me tenía que bajar. Otro día igual, le pregunté al chofer del bus y no arrancó el vehículo hasta que le pregunté bien todo y recién puso en marcha el bus.

Igual en otra oportunidad estábamos con la becaria argentina en un paradero de bus y se acerca una obaachan y le pregunta a la argentina si era americana y le respondimos que estábamos allí becadas. Y se sentó con nosotros, sacó su bolsita, nos invitó sata andagui y nos comenzó a explicar acerca del dulce típico de Okinawa. Luego nos explicó que esa cordialidad de la gente en la isla siempre ha sido así, que eso ya viene de antes; que si alguien pasaba una necesidad, siempre había alguien que lo ayudaba. A mí eso me llamó bastante la atención.

¿Viajó dentro de Okinawa?
Tuve la oportunidad de visitar Ishigaki shima, gracias a la municipalidad que pagó los gastos de los tres becarios. Fuimos con un personal de la municipalidad. Pudimos hacer buceo, ver el coral y visitar las playas. Estuvimos tres días por allá, me impresionó bastante.

De lo que aprendió, ¿qué está aplicando aquí?
En la beca aprendí danzas y estoy aplicando esos conocimientos para enseñarles a los niños en el colegio. Hice eisa con niños ahora, y lo que aprendí en Okinawa fue a hacer los paranko (tambores pequeños que se utilizan en el baile del eisa), todo de material reciclado.

¿Qué le dirías a los jóvenes que tienen dudas acerca de las becas?
La beca es ciento por ciento vivencial. Es importante porque aprendemos de dónde venimos. Además aprendemos la cultura, y la beca es el reencuentro y poder conocer a familiares que viven allá. Los jóvenes tenemos la oportunidad de aprovechar todo esto.