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La simpleza de la felicidad

Por Christian Hiyane Yzena

Fue uno de los regidores que superó la razzia de marzo último a través de la consulta popular de la revocatoria. Formado en las canteras del Partido Popular Cristiano (PPC) y miembro de las comisiones de Desarrollo Empresarial de las Micro y Pequeña Empresa; Licencias Municipales y Salud y Medio ambiente de la Municipalidad de Lima, estos son los recuerdos familiares del ojii y de la obaa del doctor Oscar Javier Ibañez Yagui (35).

¿Qué recuerdos de sus abuelos le viene a la mente?
Los paseos familiares. Desde chicos mi madre nos crió con costumbres japonesas en el sentido de hacernos muy partícipes de la familia. Nos llevaban todos los domingos a la chacra que mi ojii tenía en Puente Piedra, una chacra inmensa de 10 hectáreas que la trabajo hasta el último día de su vida.

Iba toda la familia a Puente Piedra.
Mi mamá, mi papá y mis hermanos íbamos a visitar al ojii y a la obaa. Allí estaban todos mis primos con todos mis tíos religiosamente. Una costumbre que la mantuvieron por muchos años. Lamentablemente eso se fue perdiendo cuando fallece mi ojii en 1985. Lo que recuerdo de ese momento fue cuando mis hermanos mayores lloraban en cantidades industriales. A mí siempre me dijeron que estaba bien. Lo que sí te puedo asegurar es que los domingos era el día más esperado. Era el día de nuestra juerga.

¿Y cómo describiría a su ojiichan?
Mi ojiichan Seiko Yagui fue una persona muy cariñosa, muy afectiva, muy simpática. Me cargaba, me sentaba sobre sus rodillas, me engreía. Me jalaba los cachetes y me decía entre su japonés y español: «¿Y cómo estás?». Y se reía a carcajadas. Se hacía querer. A pesar de que estaba con su ropa de campesino, al toque me cargaba. Ahora, mi ojii engreía mucho a mi hermano mayor Seiko. Creo que se trataba también de una costumbre.

Los consentía mucho.
Recuerdo que sacaba de su bolsillo varios Yo-yo y me los daba, diciéndome: «Toma, toma, sin que tu mamá te vea». Y nos perdíamos en la chacra. Era nuestra jungla. Me iba por las acequias. Nos mojábamos. Nos tirábamos barro. 

¿Pero también les cantaba?
Sacaba su guitarra japonesa de Okinawa, el shamisen, y tocaba y cantaba. Nos hacía serenata a los nietos. La cantidad de nietos que éramos... Yaguis como cancha. Nunca me voy a olvidar el espectáculo que nos hacía. Fue algo que trajo de Okinawa y los compartieron todos. Él no cantaba solo. Mis tíos abuelos, sus hermanos, también cantaban juntos. Fueron recuerdos de su tierra.

¿Qué sentía usted?
A mí me encantaba. Era una persona bien sensible. Recuerdo haberlo visto con lágrimas en los ojos. El recuerdo de la tierra, del pasado. Los tengo en mi mente como pequeños chispazos hoy en día. A nosotros nos cantaba con alegría, pero se notaba melancolía. Eso hacía que nosotros le preguntemos. Y se ponía de nuevo alegre.

«MI OBAA ERA NOTABLE»

¿Y la obaa?
Ella estaba en la cocina. Era muy a la costumbre japonesa. Porque las mujeres todas estaban en la cocina, y los hombres todos en la sala y en el comedor, un comedor muy largo. Mi obaa en la cocina preparando el tempura, los dulces, el arroz. Haciendo que todas mis tías chambeen. 

¿Después la obaa se encargó de unir a la familia?
Entonces mi obaa deja la chacra y se va a vivir a El Agustino, a una de las casas de mis tíos. Curiosamente empezamos a reunirnos allí. Casi diez años después muere mi obaa. En el caso de ella sí me afectó. Ya viejita iba a visitar a todas mis tías. Cuando llegaba a mi casa se quedaba varios días. Era bien servicial y cocinaba bien rico. Con sus dedos gorditos, nos preguntaba: «¿Quieren comer?». «Sí, obaa», le respondíamos. «Ya, ya salgan de aquí. Vaya a comprar huevos», le decía a mi hermano mayor. Abría el refrigerador y buscaba lo que había: zanahoria, camote, lo que sea, y hacía tempura. Era notable (risas). 

Ustedes felices.
Imagínate. Era una delicia. Ella nunca nos preparaba cosas muy elaboradas como mi mamá que nos hacía sashimi, sushi. De repente lo hacía, pero más joven. La tempura era el manjar. Era la fritura.

¿Tu madre aprendió de ella?
Hoy en día mi madre hace unos tempura rarazos. Le pone zanahoria, jamón, espárragos, huevo frito. No sé cómo lo hace, pero los fríe de largo y salen unos piononos. Le pone el jugo de limón con sillao. El manjar y el piqueo del domingo. También hace el tempura dulce, las bolitas.

¿Todavía se siguen viendo los hermanos?
A veces vamos a poner senko al Butsudan que está en la casa de una tía. Eso pasa cada año o cada vez que hay un matrimonio. De allí nos vemos muy poco. Mi madre tiene contacto con todas mis tías y ellas vienen a mi casa a visitarnos. Me pide que la acompañe a las casas de ellas cuando están de cumpleaños, pero eso ya no tiene el mismo ritmo que cuando estaban vivos mi obaa y mi ojii que era de todos los fines de semana.

Más datos
-Siguió la carrera de Derecho en la Universidad de Lima. Ha dictado clases, brinda asesoría y tiene maestría en Chile.
-Los padres de Ibañez Yagui son Julio Ibañez de la Piedra (64) y Julia Yagui Yara (62).
-Su vena política podría provenir de la parte paterna. Su padre, descendiente de lambayecanos, tuvo un abuelo que fue dos veces presidente de la Cámara de Diputados, el doctor Julio de la Piedra del Castillo.
-Es el último de cuatro hermanos: Seiko (41), Carlos (39) e Izumi (37), la única hermana.