Por Grace Gálvez Núñez
Olga Shimasaki, directora del Ballet Nacional y maestra de ballet, es mil veces madre puesto que día a día inculca disciplina y amor por el arte a sus alumnas y alumnos, tal como lo hizo con ella su madre. Asimismo, su amor maternal lo vuelca con los 12 sobrinos que tiene en Lima y los otros 12 que tiene en Chile, por el lado de su esposo, con quien está casada por 40 años.
De otro lado, la artista recuerda con mucho amor y respeto a su okasan, Carmen Rosa Okada, recordada relacionista pública de la legendaria revista Nikko.
¿Qué recuerdos tiene de su madre?
Mi madre siempre nos dio ejemplo de trabajo y disciplina, igual que mi padre. Los dos fueron músicos y tuvieron por años la revista Nikko.
En la revista Nikko había gente contratada para conseguir publicidad, pero nadie traía ningún aviso, así que mi madre dijo que ella lo iba a hacer. «Me matriculo en la universidad y yo conseguiré los avisos», dijo. Y a pesar de no hablar bien el español, porque ella era japonesa neta, conseguía todos los avisos.
Tenía una personalidad increíble y donde iba, todos agachaban la cabeza por ella. Siempre fue una mujer tan luchadora, que siempre ha tenido las cosas a su favor, debe ser por ese deseo de salir adelante como mujer, como promotora, como todo.
Su mamá también le inculcó el amor por el arte.
Mi mamá era pianista y mi papá tocaba el violín. Ellos siempre nos inculcaron el tema del arte, tanto es así que los fines de semana Sergio Murillo, Yma Sumac y otros grandes cantantes se reunían en casa los fines de semana, incluso los artistas que venían del extranjero iban, porque sabían que toda la familia éramos artistas.
Incluso hemos competido en el programa «Familia seis» de Kiko Ledgard y siempre ganábamos; también en el programa cultural de Pablo de Madalengoitia.
¿Usted siempre quiso ser bailarina de ballet?
No, yo quería ser pianista como mi mamá. Yo tocaba el piano y bailaba danza japonesa como mi hermana Laura, pero Mocha Graña le dijo a mi mamá que yo debía estudiar ballet después de que me vio bailando danzas japonesas. «Rosa, llévala a la Asociación de Artistas Aficionados que yo la voy a becar, yo seré su madrina de arte», le dijo a mi mamá.
¿A qué edad partió su mamá?
Ella murió a los 93 años y lúcida. Fue una tristeza grande para todos, porque ella murió con cáncer al paladar, le dio metástasis en todo el cuerpo y tenía que hacerse radioterapia. Ella siempre decía que eso no era vida, así que el médico nos sugirió que no siguiéramos con la radioterapia porque era un sufrimiento grande y nos recomendó que la tengamos y le demos calidad de vida, así fue hasta que se fue apagando sola.
Mi madre siempre fue un ejemplo, muy luchadora, ella enferma con fiebre salía a trabajar, a sacar avisos para la revista, y todos los gerentes de los bancos, de las mineras, todos la respetaban porque era una mujer increíble, así con su forma de hablar, pero ella tenía una psicología increíble para llegar a las personas y decirles lo importante que es mantener la cultura.
Cómo era la relación entre sus padres.
Los dos se tenían un respeto mutuo. Por ejemplo, en mi casa nadie comía si mi papá no llegaba a casa. Eso es bueno, porque en un hogar si tú ves que los padres se respetan y tú ves a los dos trabajando fuerte, aprendes.
¿Usted se siente madre?
He cumplido 40 años de casada con mi esposo, pero no hemos podido tener hijos. Estuve esperando, pero lo perdí a los siete meses y de allí no pude concebir. Igual estoy feliz porque tengo lindos sobrinos. En Perú tengo doce y en Chile también tengo doce.
Igual con todas mis alumnas y alumnos, son como mis hijos, tengo varios que han culminado, que están en Estados Unidos, Argentina, en Chile, todos los alumnos que he tenido están en un alto nivel.
Y sigo la enseñanza porque acá (con el Ballet Nacional) termino y enseño en dos instituciones. Los lunes, miércoles y viernes enseño en la Asociación Cultural de Julie Freund, y los martes y jueves en la escuela Danzaira.
Como maestra también ayuda en la formación de sus alumnos.
Sí, he tenido que llamar la atención a mis alumnas. Por ejemplo, si no vienen bien peinadas o bien uniformadas, no la dejo entrar. También tienen que estar a la hora, porque el que llega tarde no puede tomar la clase, pero sí verla, así que debe sentarse a un costado. La disciplina es primordial.
Imponer disciplina tampoco se hace gritándoles, al niño se le enseña con cariño, hay momentos en que uno tiene que imponerse, pero no pegar ni gritar. Además también se enseña con el ejemplo. Yo siempre para dictar clases me cambio, muestro que una también, como maestra, tiene que estar formal. Yo también caliento y llego temprano, me preparo, los chicos ven eso y aprenden. Con el ejemplo hay que enseñar.
DATO
Olga Shimasaki ha sido una de las más destacadas bailarinas peruanas. Integró reconocidas compañías de danza en Latinoamérica como bailarina, maestra de danza y directora. En Santiago de Chile alcanzó la máxima distinción de Mejor Bailarina en 1973. Actualmente es una de las personalidades culturales más destacadas del país y de América.
Su trabajo y experiencia no se limitan al ballet clásico, sino que ha abordado la danza contemporánea y muestra siempre una gran apertura a todo lo que signifique innovación en el mundo de las artes.