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Congoleño abrió 5º Encuentro Amateur de Cuentacuentos y Monólogos

«En Africa, el cuento forma parte de nuestra educación», manifiestó en perfecto castellano el congoleño Franck Moncherit Ma¬kouangou al abrir en el Centro Cultural Peruano Japonés el 5º Encuentro Amateur de Cuentacuentos y Monólogos «Tengo la palabra».

El auditorio Jinnai es el lugar  más acogedor para entretenerse escuchando cuentacuentos y monólogos, los sábados 4, 11, 18 y 25 de mayo, a las 6:30 p.m. El ingreso es libre y la capacidad, limitada.

El evento llega a su quinta edición gracias a la inagotable iniciativa de Luis Kanashiro, mimo, director de teatro y actor.

Al abrir la primera fecha, el sábado 5, Lucho Kanashiro presentó a Franck Moncherit Makouangou, nacido en la República del Congo, quien levantó el telón de cuentacuentos narrando la historia que le había contado su abuela sobre una vaca.

En la época de la esclavitud, es decir hace mucho tiempo, una vaca parió una linda vaquita, que a los siete años fue adoptada por una abuelita de 90 años para darle una vida tranquila y protegerla de los carniceros.

El gran tamaño de la vaca llamó la atención de un carcinero, quien tocó la puerta y exigió a la abuelita que le diera su vaca. La anciana se resistió y el carcinero le contó al rey que había una vaca muy grande, por lo cual el rey le exigió que le lleve la vaca decapitada.

Nuevamente el carnicero fue a la casa de la abuelita y por la decisión del rey ella aceptó entregarle su vaca. El carnicero la mató, le dio las gracias a la anciana y le entregó las vísceras de su vaca. Ella las dejó en un rincón porque era difícil convertirlas en carne para comer.

Para disfrutar la carne de la vaca gigante, el rey invitó a la población de los 53 países que formaban parte del continente africano.

Al día siguiente, la abuelita olía un riquísimo aroma de comida, de café y de queso. Ella pensó que en recompensa el rey le había enviado cocineros. En la madrugada quiso conocer el encargo del rey, pero sorpredentemente se dio cuenta que los intestinos de su vaca se habían transformado en tres simpáticas chicas. La abuelita les dio la bienvenida y les contó que  ella las necesitaba porque no tenía familia, y las jóvenes se convirtieron en sus hijas.

El rey, que vivía con tres esposas, se enteró de la existencia de las chicas más hermosas y solicitó que le trajeran a la joven más bonita.

«En esa época, en África  los hombres convivían con varias esposas, pero ahora las cosas han cambiado, yo no puedo casarme con ustedes porque yo estoy casado con mi esposa», comentó entre risas Moncherit.

Nuevamente, la abuelita aceptó la orden del rey y la chica más linda, «tan bonita como mi hijita», fue a vivir con el rey. La abuelita sugirió al rey que la jovencita tenía que estar bien cuidada y no dedicarse a ninguna actividad. El rey tomó en cuenta esta recomendación porque amaba a la jovencita.

Un día, el rey estaba de viaje y una de sus tres esposas obligó a la chica bonita a cocinar, y repentinamente ella desapareció y las tres esposas del rey estaban felices.

A su regreso, el rey se dio cuenta que la más bella chica se había convertido en un río, entonces el rey se tiró al río y él se transformó en hipopótamo. Una de sus esposas se aventó al agua y se convirtió  en cocodrilo. Desde entonces, el hipopótamo es el rey del río.

Fueron 30 minutos de narración dinámica, amena, divertida y muy agradable en la voz de Franck, quien mostró a los presentes su cartera hecha con la piel del cocodrilo.

Franck Makouangou demostró que es un gran defensor de la tradición oral, por eso durante su permanencia en el Perú dictó talleres de cuentos africanos y ha participado en varios festivales.