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José Watanabe Varas dejó un proyecto fílmico trunco

Por Alfredo Kato

Este jueves se cumplirán seis años de la sensible desaparición del querido y admirado escritor, poeta y guionista cinematográfico José Watanabe Varas. Como se recordará, él falleció el 25 de abril de 2007, en el Instituto de Enfermedades Neoplásicas, víctima de un cáncer a la garganta. Su temprana desaparición, apenas tenía 62 años de edad, hizo que quedara trunco un proyecto cinematográfico en el que estaba involucrado: trasladar a la pantalla gigante el sangriento caso policial que estremeció al país entero y del que fue hallado único culpable el ciudadano japonés Mamoru Shimizu.

Juan Barandiarán, por entonces gerente de la distribuidora de películas Films International S.A., me invitó a una reunión porque quería intercambiar ideas sobre una película con la que pensaba incursionar en la producción cinematográfica. Cuando llegué a la cita me di con la grata sorpresa de encontrar  a José Watanabe. El autor de obras como Album de Familia, El Huso de la Palabra, Habitó entre Nosotros, etc. y considerado también el mejor guionista del cine peruano, respaldado por sus trabajos en La Ciudad y los Perros y Maruja en el Infierno, ambos de Francisco J. Lombardi; Alias la Gringa de Alberto «Chicho» Durant  y Reportaje a la Muerte de Danny Gavidia,

Confieso que cuando me enteré de lo que planeaban filmar, lo primero que se me vino a la memoria fueron los desagradables recuerdos de mi infancia en que a todos los japoneses y a sus descendientes, aunque éstos fuesen niños, por donde fuéramos nos gritaban: «¡Matasiete!» o «¡Mamoru!», en medio de insultos de todo calibre. Por tal razón, les dije que no estaba de acuerdo con el proyecto y que su realización tendría un efecto negativo en la colectividad peruano-japonesa que, con tanto esfuerzo, ha logrado que ese desagradable pasaje de la historia haya quedado ya en el olvido y que sería contraproducente revivirlo.

Los issei y los maduros nikkei conocen la historia de Mamoru Shimizu. Cuando el 3 de noviembre de 1944 se encontraron los cuerpos desnudos de siete japoneses en el río Maranga, que cruzaba por Chacra Colorada, la policía detuvo a Mamoru Shimizu y se sabe que, con una serie de torturas, logró que aceptara ser el asesino de su propio hermano Tomotu, de la esposa de ésta Hanae y de sus tres hijos, así como de Hiro Tomayatsu y su esposa Mika  Las autoridades policiales estimaron que el sirviente  Kiyoshi Naito no tuvo nada que ver con los asesinatos que habían tenido la noche anterior y lo dejaron en libertad.

Hasta la fecha, transcurridos 68 años, no se sabe la verdad de lo que pasó en la casona de la Avenida Tingo María 344. Aunque aceptó ser el culpable, hubo ocasiones en que Mamoru Shimizu manifestó durante el juicio ser inocente. Según la policía, él confesó que los había matado, desnudado sus cuerpos, limpiado la sangre, y cargado uno por uno sus cuerpos caminado cinco cuadras para arrojarlos al río. ¿Creen ustedes que un hombre de 1.57 de estatura y 54 kilos de peso sea capaz, hacer todo eso en el lapso de tres horas, sino también caminar un total de siete kilómetros (10 cuadras -ida y vuelta- por cada cadáver)? La lógica nos dice que no es posible que haya sido obra de un solo hombre.

Sin embargo, en 1944, cuando corrían en nuestra capital alucinantes historias sobre planes belicistas y mucho se hablaba de espionaje japonés, mencionándose hasta la existencia de una organización denominada \"Dragón Negro\", todo este ambiente anti-nipón fue propicio para que se le achacara a Momoru Shimizu el terrible asesinato múltiple. Este personaje murió en 1959 en la Penitenciaría de Lima (donde está hoy el Lima Sheraton Hotel), donde debía cumpir la pena de 25 años de internamiento, víctima de una peritonitis. Hasta en la hora de su muerte hubo una prensa que hizo novela: dijo que lo habían matado con una inyección.