Por Christian Hiyane Yzena
Varios hechos a nivel mundial ocuparon la atención de medios de comunicación y opinión pública, unas encargadas de producir, procesar y vender la información; y otras de formarse una idea sensata o comprensible de un acontecimiento a través de la vía escrita, visual o auditiva.
La principal: el terrible atentado ocurrido en una maratón en la ciudad de Boston, Estados Unidos, cuya autoría, según investigaciones policiales de ese país, correspondían a dos estudiantes y hermanos chechenos Tamerlan y Dzhokhar Tsarnaev, uno abatido y otro capturado gravemente herido en las últimas horas.
Tres personas fueron las víctimas mortales, entre ellas, un niño de ocho años y una ciudadana de ascendencia china. Hay más de 176 heridos.
La manera de perpetrar este horrible hecho fue utilizando ollas a presión, las cuales llevaban unidas dos recipientes tubulares con pólvora y clavos. La detonación de las bombas se hizo a distancia. En buena cuenta, fueron aparatos hechos de manera artesanal y casera.
¿Qué podría haber motivado que dos estudiantes de Massachusetts se adhieran a un plan de manera tan siniestra y en contra de la vida misma de inocentes? Acuérdese, amigo lector, de Chechenia, un lugar marcado por el separatismo que tuvo dos etapas poco felices en su historia, y que terminó por cerrarse en el 2009 con más de 200 000 civiles muertos.
Otro detalle interesante en medio del estupor y la impotencia del sinsentido en un atentado que termina siempre matando a gente que no tiene nada que ver con causas ideológicas o políticas: la paranoia y zozobra que reina en una nación que tiene tanto de odio como de admiración por lo que sucede en su espacio.
¿Podría la falta de seguridad en Estados Unidos, crearle problemas en la parte económica a partir de la sostenibilidad de inversiones y proyecciones a largo plazo? Para muchos la respuesta es no. Es imposible que le suceda eso al país más poderoso del planeta.
Pero vayamos por el otro lado. ¿No es este un momento ideal, en plena recuperación, para cobrarles a los americanos por los excesos cometidos en distintas partes del mundo? No estamos hablando de autoridades legítimas aludidas, sino de sus propios ciudadanos que pueden transitar por cualquier rincón y llevar en sus conciencias odios y resentimientos.
La otra olla tiene un mal aire
Sucedió en Argentina y ya se está volviendo costumbre. La gente no quiere tener a Cristina Fernández de Kirchner como presidenta. Quieren desalojarla de la Casa Rosada por la situación que vive el país y por que además, no quieren que su país vuelva a ser escenario de tensos y dramáticos momentos por desembalses económicos, ajustes temerarios y un alto nivel de desgobierno.
Esta vez los cacerolazos se trasladaron a Buenos Aires y le exigieron a Fernández no abandonar el barco asistiendo a cumbres o reuniones intrascendentes (la cita de Unasur en Lima por ejemplo) y más bien ocuparse de los problemas acuciantes que tiene la nación gaucha, uno de los países más importantes de esta parte de América.
Sus continuos malos manejos en la parte de inversiones públicas, la sobreintervención del estado en sectores que bien podrían manejar los privados, las violaciones a la libertad de expresión a través de decisiones jurídicas en la suerte de medios de comunicación opositores al régimen, están dividiendo a ese país.
Esta semana las ollas cobraron protagonismo de distintas maneras. Unas utilizadas para asesinar y otras para reivindicar derechos legítimos de los ciudadanos.