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Ohigan en Cañete con espíritu joven

El Ohigan en Cañete tuvo un espíritu joven. La romería en el cementerio japonés Casablanca y en el camposanto de San Vicente, así como la ceremonia budista en el templo Jionji reunió a gran número de jóvenes, por la presencia de los cuatro colegios nikkeis José Gálvez, La Victoria, La Unión y Hideyo Noguchi.

Fueron los alumnos los primeros en llegar a la romería, después lo hicieron las personalidades de la colectividad nikkei. Previamente al inicio del ritual budista, celebrada por venerable Jisen Oshiro de la Comunidad Zen Sotoshu, se dieron tiempo para saber que en este lugar descansan los restos de los inmigrantes japoneses que trabajaron en las haciendas Santa Bárbara, La Quebrada y Casa Blanca.

Enseguida se inició el Ohigan, con el presidente de la Asociación Peruano Japonesa de Cañete, Miguel Gusukuma; Saki Fujiwara, agregada civil de la embajada japonesa; Sumiko Ishibashi, vicepresidenta de Fujinkai; Elena Ishimatsu, expresidenta de Okinawa Fujinkai; Francisco Okada, vicepresidente de la Asociación Peruano Japonesa, quienes colocaron las flores al pie del mausoleo.

Los presentes elevaron plegarias por las almas de sus antepasados y colocaron osenko.

La romería continuó en el camposanto San Vicente, donde están enterrados los inmigrantes japoneses y sus descendientes.

El acto espiritual central fue en el templo budista Jionji,  en el local de la Asociación Peruano Japonesa de Cañete.

Un buen número de asistentes, sobre todo los jóvenes,  se ubicaron delante del altar budista, que está rodeado por más de dos mil ihai, tablillas mortuorias. Un monje budista hizo tres golpes de la campana anunciado la ceremonia Ohigan, en esta ocasión en homenaje a las almas de los inmigrantes japoneses.

Luego de la reverencia budista, venerable Jisen Oshiro se dirigió a los asistentes. Les explicó el contenido de Ohigan y dio a conocer que en el mes de agosto serán los festejos por los 110 años de Comunidad Zen Sotoshu. «El próximo Obon lo vamos a celebrar nosotros, le tocaba hacerlo a Honpa Hongwanji, sin embargo, lo coordinamos con los budistas superiores de Sao Paulo, a quienes les agradecemos porque nos han permitido hacerlo la ceremonia por el 110 aniversario de Sotoshu», detalló, y a la vez invitó la asistencia de la colectividad nikkei.

«A los pioneros de la inmigración me dirijo con sumo respeto»

De inmediato tuvo lugar el acto protocolar. «Es un honor, para mí, acompañarles a celebrar el tradicional Ohigan en este camposanto donde descansan las almas de sus ancestros, los pioneros de la inmigración, a quienes me dirijo con sumo respeto».  Saki Fujiwara, agregada civil de la embajada de Japón, inició su mensaje.

Reiteró sus respetos a todos los miembros de la Asociación Peruano Japonesa de Cañete y a los miembros de la sociedad nikkei «por sus esfuerzos para celebrar todos los años este oficio religioso, y por mantener y administrar el templo Jionji y los cementerios japoneses».

Resaltó que la historia de la colectividad peruano japonesa está vinculada, de manera inherente, con la llegada al Perú de los inmigrantes japoneses. Dijo que es admirable conocer el espíritu de unión, ayuda mutua, trabajo y perseverancia que mantuvieron «y que les permitió superar las múltiples dificultades que encontraron. Este legado es reconocido por la comunidad nikkei, la cual ahora participa activamente en todos los ámbitos de la vida nacional», acentuó.

«Quisiera expresar mis respetos y agradecimiento y al mismo tiempo orar por el descanso de las almas de los difuntos inmigrantes quienes consolidaron las bases de esta comunidad nikkei y formaron a sus sucesores», concluyó Saki Fujiwara.

Miguel Gusukuma les dio la bienvenida a los nikkei de Lima «para celebrar juntos la ceremonia de Ohigan; día de reflexión y de profunda fe, día de pedir seguir por el mismo sendero del bien, que nos acerque más a nuestros seres queridos, que nos permita estar más cerca de las almas de nuestros antepasados a quienes les debemos como colectividad y como personas».

«A los jóvenes les pedimos comprometerse con nuestra historia»

Francisco Okada, en representación de la APJ, detalló la celebración de Ohigan, «el día del equinoccio de primavera es una festividad nacional en Japón y se celebra en el momento en que la noche y el día tienen la misma duración».

Precisó que la creencia y tradición budista traída por los inmigrantes japoneses es utilizada para honrar a los antepasados muertos, porque se cree que es cuando las almas pueden cruzar el río desde este mundo al más allá a la otra orilla en un período de siete días llevándolos al paraíso eterno. Es el momento en que los antepasados fallecidos pueden cruzar y reunirse con sus familiares.

«El principal componente que une a la comunidad nikkei, es su pasado común, se descender de los inmigrantes japoneses que llegaron desde hace 114 años, trayendo consigo sus sueños y esperanzas, sus valores, tradiciones y costumbres que nos heredaron a través del ejemplo y la práctica», subrayó.

Okada enfatizó que el mantenimiento de estas tradiciones son importantes porque «nos permiten identificarnos con ellos, mostrarles nuestro respeto y agradecimiento por el camino que nos trazaron al sentar las bases de nuestra comunidad nikkei».

A los jóvenes nikkei, «representados por un selecto grupo de escolares de los colegios nikkei, les pedimos comprometerse con su historia, nuestra historia, e investigar sobre la misma y rendir el día de hoy junto a nosotros un homenaje a la memoria de los antepasados».

Yoshie Yodo, estudiante del colegio La Unión, en idioma japonés le dedicó su homenaje a los inmigrantes japoneses.

Contó que un día estaba caminando con su abuelita por la Asociación Estadio La Unión y se puso a pensar quiénes habían sido los fundadores de AELU, una institución nikkei.

«Entonces le pregunté a mi abuelita y ella me contó que hace mucho tiempo, cuando llegaron los inmigrantes japoneses, a mi tatarabuelo se le ocurrió fundar un club nikkei, porque los inmigrantes no tenían cómo comunicarse ».

Más adelante, Yoshie trató encontrar una explicación de cómo  habían sido los primeros años de los inmigrantes japoneses en el Perú. «Fueron de muchos sufrimientos, tuvieron que alejarse de su familia».

Asimismo mencionó las consecuencias de la bomba atómica que lanzaron a Hiroshima y Nagasaki, y cómo Japón logró recuperarse.

En un párrafo de su mensaje habló del gran terremoto que afectó el Perú, en el año 1970, miles de casas se derrumbaron y fallecieron muchas familias.

«Los inmigrantes japoneses siguieron adelante, se estabilizaron y fundaron AELU y Centro Cultural Peruano Japonés. Cuánto han sufrido, han vivido muchas circunstancias pero consiguieron salir adelante», meditó Yoshie Yodo.

En homenaje a los inmigrantes japoneses invitó hacer la reverencia a los escolares de La Victoria, Hideyo Noguchi y José Gálvez y quienes lo hicieron delante del altar budista. Con esta manifestación joven finalizó el Ohigan en Cañete.