Por Rubén Kanagusuku
Al salir del Perú, Koichi Shibata, conocido por haber ganado diferentes concursos de karaoke y canciones japonesas, enrumbó a Venezuela con la mentalidad de que este era un país de muchas carencias como lo muestran los medios.
Al llegar de noche a Caracas, su primera impresión fue la oscuridad de las calles, ya que la publicidad no tiene iluminación nocturna. Pero al día siguiente todo fue diferente. La gente comprando en centros comerciales completamente llenos y en tiendas como Zara, Victoria Secret’s, Bershka, entre otras de ese nivel.
Se percató de que no eran personas adineradas, sino público en general, y se preguntó: ¿este es el pueblo que tiene carencias? Luego se fue informando sobre muchas cosas mientras recorría las calles de Caracas, en medio de la incertidumbre de la salud del presidente Hugo Chávez, quien el 10 de enero tenía que regresar al país a juramentar, pero que por su estado de salud no lo hizo.
Ese día Venezuela amaneció diferente, con un sentimiento más fuerte, y Koichi se movilizó hacia el lugar de la marcha. Llegó hasta un punto en que tuvo que movilizarse a pie, puesto que las calles estaban abarrotadas de gente con camisetas rojas con un sólo nombre en el pecho: Chávez.
Al llegar al centro mismo de la marcha, empezó a observar la fiesta que se vivía en Caracas, a un pueblo que se siente identificado con una sola ideología. Al principio Koichi andaba con miedo, pero iba pasando el tiempo y ese miedo se convertía en alegría, ya que todos le hablaban y lo consideraban parte de la marcha. Eso lo impactó mucho. El amor que el pueblo le tiene a una persona que se identifica con su gente y por eso en una sola voz dicen: ¡Todos somos Chávez! Las imágenes hablan por sí solas.