Por Rubén Kanagusuku
Con una reciente visita a Argentina, Ángel Francisco Shirota nos comenta acerca de su visita a las instituciones nikkeis del país sureño en donde encontró diversas instituciones y personas, formando un lazo de amistad y solidaridad no sólo con la isla de Okinawa, sino con sus descendientes en Sudamérica.
¿Cómo es la comunidad nikkei en Argentina?
Tiene una peculiaridad: en su gran mayoría es de origen okinawense. Habrá un 20 por ciento que no es de origen okinawense y dentro de esa particularidad, la comunidad de Nakagusuku es la más numerosa. Digamos que puede ser el 90 por ciento de la inmigración okinawense a Argentina, lo cual es muy interesante porque Nakagusuku, cuando desarrolla sus actividades, las desarrolla por Aza (barrios dentro de Nakagusuku Son). Por ejemplo, el Aza Kuba tiene un local propio. Nakagusuku Son también tiene un local propio aparte del COA (Centro Okinawense de la Argentina). Estos locales están en muy buenas zonas. Y a su vez el COA tiene un local deportivo que está en una zona muy elegante de Buenos Aires, que está en una villa. Es un campo. Por ejemplo, en los campeonatos deportivos participan los Shi, Cho y Son y también los azas de Nakagusuku, pero prácticamente es un campeonato interno de Nakagusuku porque son azas muy grandes. Digamos que un Aza podría equivaler a lo que es aquí un Shi, Cho y Son.
¿Cómo están distribuidos en Buenos Aires?
Buenos Aires en general es una ciudad muy grande. No es como Lima en donde todo está muy cerca. Entonces, al estar todo alejado, a veces cuesta reunirse. Hay muchos lugares en donde la gente se reúne por tanomoshi o por las mismas Aza, pero es más difícil encontrarse.
Aquí en Lima la mayoría de las personas toma al menos una media hora para llegar al lugar de reunión. En cambio allá está a hora y media o dos horas.
Una cosa que resalto es el mismo cariño y la misma fraternidad con la que recibimos a nuestros hermanos de Okinawa de todos los orígenes. De Argentina o Brasil. Es muy lindo sentir que esa fraternidad se sienta allá también. Nos recibieron muy bien toda la familia por el lado de Guima y de Higa, y el seinembu de Nakagusuku, con el cual tuve el gusto de departir. Reunirme con ellos es como haberme reunido con el 90 por ciento de la comunidad nikkei.
¿Podría describir los locales que ha visitado?
El COA es un local como lo que es el AOP aquí. Una cosa que me pareció bien curiosa es que, cuando llegué, estaba colgada la misma pancarta del Castillo de Shuri que tenemos en el local de Ate. En Brasil lo mismo.
La infraestructura del COA, a diferencia de aquí, es que ha crecido hacia arriba porque es más pequeño. Allí se dictan muchos cursos y es un centro cultural abierto al público. Tienen además un restaurante de comida japonesa. Lo mismo sucede con el local de Nakagusuku Son, en donde se brindan clases de artes orientales y eso les ayuda a subsistir.
El Aza Kuba también tiene su local propio y allí se juntan los paisanos de Kuba. Mi ojii es de Kuba. Es un aza muy grande en Okinawa. En el local deportivo del COA hay como ocho canchas de gateball, una piscina y una cancha de fútbol. Es como el AOP pero más verde. Allá hacen asados y parrillas. Tienen mesas, parrillas y está acondicionado para las reuniones familiares. Mi tío tuvo la amabilidad de sacrificar un cordero para celebrar mi llegada. Ese local se llama Uruma-en.
¿Cuáles son las actividades anuales que realizan?
Son muy parecidas a las de nosotros. Tienen su shinnenkai, bonenkai, keirokai, festivales artísticos. Quiero resaltar que como las azas son muy grandes, los tanomoshi son muy concurridos y en el local del COA o de Nakagusuku se organizan asados una vez al mes. Es muy concurrido. La actividad más grande que he visto es un festival de atletismo, algo similar al undokai de aquí.
¿Cómo es el contacto de los descendientes de Nakagusuku con Okinawa?
Bastante fluido. Es tan fluido como aquí. Ellos tienen muchos becarios. Hay bastante comunicación. Nosotros también con Nakagusuku de Argentina tenemos bastante comunicación. Nuestra amiga Angie Arakaki nos ha ayudado mucho y vino a visitarnos aquí al Perú. Ella es directiva allá en Argentina.
Rescato que hay el mismo sentimiento de integrarnos no sólo con Okinawa, sino entre descendientes en Sudamérica.
¿Cuáles son las principales actividades económicas de los nikkeis?
Creo que hubo dos etapas. Ellos se iniciaron en el campo como nosotros en algún momento, en vista de que Argentina era una de las potencias mundiales. Argentina era tal vez la tercera potencia mundial. Eso conllevó a que muchos paisanos inmigren a Argentina. De repente fueron de Perú o de Bolivia, aparte de Okinawa. Llegaron allá y allí se desarrollaron. Luego del campo pasaron a la ciudad. La mayoría de las lavanderías o tintorerías, como se les llama allá, son de propietarios nikkeis. Entre ellos, mi familia. En los sansei hay una gran mayoría que son profesionales. Como nosotros, que la mayoría ha abandonado el negocio de la bodega y ahora están trabajando en empresas.
¿Cómo ve el argentino al nikkei?
Lo ve con mucho respeto, con mucho cariño. Siento que hay un respeto muy grande por el japonés. Y lo que sucede es que de repente, a diferencia de nosotros, en la Segunda Guerra mundial virtualmente Argentina era un aliado de Alemania, es decir aliados del EJE. Allí no hubo deportaciones ni lo que sucedió aquí en esa época.
Hay bastante admiración por el japonés a diferencia de otros grupos orientales como los coreanos, por ejemplo. Es decir que sinónimo de japonés es sinónimo de honradez, de trabajo de laboriosidad. La relación es más fluida. Aquí, con el tema de la guerra, algo se rompió. Allá ellos no han sufrido eso.
¿Hay algún barrio en especial en donde se concentren los nikkeis?
Hay muchos barrios en donde hay presencia de nikkeis. Como la ciudad es muy grande, no se distingue una presencia muy amplia. Lo que sí me gustó fue conocer la colectividad nikkei de Rosario. Mi prima Liliana Guima es parte de esa directiva y gracias a ella conocí un festival muy interesante de las naciones. Y uno con mucho orgullo podía ver a croatas, españoles, lituanos, iraquíes, musulmanes, judíos y allí había un stand japonés. Justamente este stand era el que más vendía comida. Era una enorme cola para comprar yakimeshi y tempura de verduras. Se vendía muy bien, más que las otras colectividades.
¿Cómo están en el aspecto de las manifestaciones culturales okinawenses?
Hay una labor bastante grande en cuanto a la difusión del sanshin y de las danzas. Pero no tanto como aquí, pues somos más numerosos. Eso es a las becas también. Por otro lado, en el caso del idioma siento que estamos en el mismo camino. Hay una cierta pérdida. El nihongo se mantiene mejor que aquí. Uchinaguchi ya casi nadie habla, excepto los mayores.