Por Ciria Chauca Falconí
El 2012 ha sido el mejor año para el Centro Recreacional Ryoichi Jinnai de la Asociación Peruano Japonesa, pues ha llegado a la mayoría de edad, 20 años, y, además, porque ha abierto las puertas a los usuarios de segunda edad, de modo que el número de asistentes por día supera los cien. También, desde el 2012, las personas mayores disponen de una movilidad cómoda: la rampa les permite subir y bajar con facilidad.
Pero lo más resaltante es el crecimiento de la cantidad de voluntarias Shiawase. Precisamente, Akiko Ganaja, voluntaria nacida en Tokio, Japón, casada con Pedro Ganaja, puntualiza sobre su nueva experiencia en el Centro Jinnai.
¿Desde cuándo es voluntaria del Centro Jinnai?
Desde hace un poco más de dos años. Mi esposo y yo planeábamos venir en mayo del 2010, pero un día antes de nuestra partida mi padre fue internado de emergencia y me tuve que quedar a cuidarlo. Mi esposo vino por delante. Mi padre falleció en junio, vine en agosto y comencé a ayudar en Jinnai en setiembre del 2010. Sin embargo, no he estado en Jinnai todo este tiempo. A fines del 2010 mi madre también se puso mal y tuve que viajar dos veces por varios meses para atenderla, hasta que también falleció en noviembre del 2011.
¿Por qué se convirtió en voluntaria?
Por recomendación de mi suegra, Ykuko Ganaja. Nunca había hecho este tipo de trabajo como voluntaria, pero en los últimos años mis dos padres tuvieron que ser atendidos por enfermeros geriátricos debido a su delicada condición de salud, y me nació el interés en este tipo de trabajo.
¿En Japón ha tenido alguna experiencia similar?
Nunca tuve este tipo de experiencia. El trabajo que vi de los enfermeros y enfermeras geriátricas eran más de ayudarlos a comer, bañarse, llevarlos al baño a hacer sus necesidades, etcétera. No hice nada como cantar o bailar para entretener a ancianos.
¿Cómo es su experiencia en el Centro Jinnai?
Me llena de alegría el ver las caras felices de los ancianos y escucharlos decir «arigato» cuando los atendemos o ayudamos en algo. Además es muy entretenido asistir o participar en los diferentes eventos del centro, como la reciente celebración del vigésimo aniversario de la fundación, o en el bonenkai que se celebró en el Estadio La Unión. Mis amigas voluntarias japonesas y yo tuvimos la oportunidad de bailar en estos dos últimos eventos y fue una experiencia muy divertida.
En el Japón no tenemos este tipo de actividades y, en el caso de trabajo voluntario en centros de atención a ancianos, es necesario tener un título a nombre de la nación. Aquí en el Perú es libre y no se siente tanto estrés.
Por otro lado, otra de las razones de participar en Jinnai, es que las voluntarias somos muy buenas amigas y después de que los ancianos regresan a sus casas nos reunimos en Nakachi para conversar y tomar un lonchecito. Yo espero con ansias estas reuniones porque son muy divertidas y aprendo mucho de los consejos de mis amigas.
¿Qué actividades les dedica a las obaachan y ojiichan?
En las mañanas nos dividimos en varios grupos. Los ancianos que están bien físicamente salen al campo a jugar gateball o practicar taichi. Mis compañeras Amelia Murakami, Sumiko Ishibashi, Akemi Shimura, Isabel Miyashiro y el nuevo voluntario de JICA, Imafuji, nos quedamos con el grupo de ancianos en silla de ruedas o aquellos que no pueden hacer ejercicios físicos fuertes y los entretenemos cantándoles canciones japonesas, canciones infantiles o que se cantaban en las antiguas escuelas japonesas como Musunde hiraite, Momotaro-san, Otete tsunaide, Oborozukiyo, etcétera.
A veces acompañamos a algunos ancianos a cantar marchas militares japonesas conocidas como gunka, que ya no se cantan en el Japón.
Todos los días, después del almuerzo, los ancianos y nosotras tenemos una hora libre, así que me entretengo conversando con alguno de ellos, como Joji Doi o Kisei Higa, que me traen sus álbumes de fotos, libros o composiciones, y comparten sus recuerdos o enseñanzas conmigo. Aprendo mucho de todos ellos.
En las tardes, todos los grupos se reúnen y cantamos todos: los ancianos y los voluntarios. Pero después de cantar, los ancianos y las voluntarias bailamos bailes okinawenses como Ashibinaa, Haisai Ojisan y danzas japonesas como Tankobushi, Soranbushi, bajo la dirección de Akemi Shimura y Toyoko Sakihama. Aquí, en el Perú, parece que ustedes tienen la oportunidad de cantar y bailar desde jóvenes en diferentes eventos de la colectividad nikkei, pero en el Japón jamás había bailado ni cantado en público, así que todo esto es nuevo y muy divertido para mí.
¿Cómo es la atención a las personas mayores en Japón?
En el Japón, este trabajo es un negocio formal realizado por profesionales con licencias expedidas por el Gobierno. No sé mucho al respecto. Mi esposo tuvo experiencia participando como voluntario en una casa de reposo en Odaiba, Tokio, pero sólo le permitían empujar la silla de ruedas y conversar con un paciente determinado. Estaba prohibido hacer cualquier otro tipo de actividad. Lo que sí me comentó es que los ancianos se veían deprimidos, todo lo contrario a quienes asisten al centro Jinnai.
¿Y cómo es en el Perú?
Creo que la diferencia está más en los ojiichan y obaachan de aquí y de allá. En el Japón existe lo que se llama enryo o poner reparos a ser atendido. Si usted le cede el asiento a una obaachan en el tren, la rechaza diciendo que se baja en la próxima parada. Cosas por el estilo. En las casas de reposo tipo Jinnai, ocurre algo parecido. Los ancianos son un poco renuentes a ser atendidos y siempre es una situación tensa. Aquí, los ancianos se muestran alegres, deseosos de participar y se dejan atender, ayudar, sin poner reparos ni creando situaciones tensas. Es muy gratificante y divertido para ambas partes.
¿En el 2013 continuará siendo voluntaria?
Sí, pienso continuar hasta cuando pueda, ya que es una experiencia muy gratificante y fortificante. El Centro Jinnai no es sólo un lugar para atender a los ancianos. Es un lugar lleno de vida y alegría, una alegría que es contagiosa y que me hace feliz.
Además, allí he hecho muchas amigas, tanto nisei como japonesas, y ellas me han dado consejos para acostumbrarme más rápido a la vida en el Perú.