A poco menos de un año del accidente nuclear de Fukushima, el futuro de la energía atómica en Japón sigue siendo incierto. Conocida la verdadera magnitud de la tragedia, el gobierno de turno decidió cerrar todas las centrales nucleares en 2040. Sin embargo, la reciente elección de Shinzo Abe -abiertamente favorable a la energía nuclear- como primer ministro, dio esperanzas a los sectores favorables al átomo como fuente energética, en especial a la Empresa Eléctrica de Tokio
Sin embargo, el proyecto de Abe tendrá que sortear algunos obstáculos. La Autoridad de Regulación Nuclear, organismo independiente a cargo de la supervisión de la energía atómica, emitió un informe en el que afirma que varias centrales han sido construidas sobre fallas geológicas, lugares donde los sismos adquieren mayor magnitud. Es el caso de la central nuclear de Higashidori, Tsuruga, Hamaoka y Kashiwazaki-Kariwa, la más grande del mundo.
Si la validez de estos estudios es confirmada, la Empresa Eléctrica de Tokio, en el mejor de los casos, tendrá que invertir una exorbitante cifra de dinero para asegurar la resistencia de las centrales en caso que se repita un sismo de gran intensidad. La otra opción, bastante probable, es el cierre definitivo de las instalaciones.