Por Rubén Kanagusuku
Edi Hirose es un destacado fotógrafo nikkei que actualmente presenta su trabajo en la exposición colectiva Contacto 1 en la galería Jinnai del CCPJ.
Hirose es considerado uno de los mejores fotógrafos del Perú. Sus trabajos se exponen tanto en el Perú como en el extranjero. Es uno de los tres peruanos que participó en la Bienal de Sao Paulo. Una imagen suya recibió el Premio Repsol de Lima Photo 2011, entre muchas otras distinciones. Edi es profesor de fotografía del Museo de Arte de Lima. En esta entrevista, nos habla acerca de la fotografía como arte.
¿Cómo te iniciaste en la fotografía?
Cuando salí del colegio quería estudiar música, pero mis papás no estaban muy convencidos de que pudiera vivir de la música. La otra opción era que me gustaba dibujar. Estudiar pintura. Tampoco fue. Terminé estudiando Diseño Gráfico, una carrera corta. Y dentro de la carrera de diseño había un curso de fotografía y es allí cuando me engancho con la fotografía.
¿Cómo fue su experiencia en este campo?
En esa época no habían estudios fotográficos más que el de la Kodak. Un curso bastante técnico de tres meses. Lo cursé y el mismo año tomo un curso de especialización en blanco y negro y allí fue que quise llevar una carrera como la de fotografía y empecé a hacer trámites para una beca en España. Más o menos en el 92 o 93. Y justamente mi mamá encuentra en una revista una publicidad del instituto Gaudí y me dijo que me pagaba los estudios, pero me quedaba en el Perú.
¿Recuerdas tu primera presentación fotográfica?
En el quinto y sexto ciclo de la carrera llevas un proyecto de tesis. Vas desarrollando un tema, apoyado por profesores. Terminé la carrera, mostré un conjunto de imágenes, pero no hice la tesis. Me quedé en la enseñanza en Gaudí y en otros lugares siempre haciendo fotografía de manera intuitiva. Me gustaban mucho las calles, los espacios abiertos, esas cosas.
Recién hago mi primera individual en el 2002 con una selección de este grupo de imágenes gigantes que tengo, más o menos urbanas, que están relacionadas con cierto expresionismo abstracto.
¿Qué proyectos tienes?
El proyecto que hice en mi primera individual se llamó Construcción, que tenía que ver un poco con la construcción de la mirada, porque es importante que cada fotógrafo desarrolle una mirada, que es lo más difícil creo para cada uno.
En el 2009 comencé este nuevo proyecto que tiene que ver con edificaciones y urbanismo, debido al boom inmobiliario que hubo en Perú y, a partir del año pasado, empecé a viajar a otros puntos del país para contrastar las imágenes que había hecho en Lima. Creo que ese proyecto se va a llamar Construcción 2 que ya tiene que ver más con la construcción de la imagen, ya que hay intervención digital.
¿Te ha influenciado la tecnología?
Sí, de todas maneras. Pero, más que nada, es que el mercado fotográfico en Perú ha sido bien escaso. Siempre que he tenido que hacer una exposición individual o colectiva, he tenido el problema de los materiales. Y ahora, con el cambio a digital, ha sido como drástico. Las empresas han cortado casi todo el material y han optado por lo digital. Eso ha obligado a muchos a cambiar de medios.
¿Se puede vivir de la fotografía en el Perú?
Como artista, a mí todavía me está costando. Yo también hago fotografía comercial. Lo bueno es que ya las galerías están apostando por fotógrafos. Antes no lo hacían. Esto viene más o menos desde el 2008, esta apuesta por la fotografía en los circuitos galerísticos. Pero el coleccionismo todavía está basado en cosas tradicionales. Recién se está coleccionando fotografía.
¿Cómo ves la fotografía en general en el Perú?
Desde que apareció el medio digital la fotografía ha sido mucho más democrática para todos. Todos tienen un acceso mucho más fácil hacia la fotografía. De repente no en términos económicos, pero sí en cuestiones de técnica.
Ahora es mucho más fácil hacer una foto. Antes tenías tu pocket, mandabas a revelar y salía un desastre tu foto. Ahora digamos que en digital tienes la opción de corregirlo en el mismo monitor o con ciertos efectos crear una foto «artística», y eso se convierte en una especie de obra vendible. Si a eso le llamas arte, sí, se puede vivir del arte.
¿Que sería una fotografía artística?
Fuera de lo que pueda ser expresivo, involucra el desarrollo de un tema. Está ligado mucho a cuestiones personales. Tiene que ver una cuestión de reflexión acerca de lo que se está tratando de generar, sea individual o colectivo.
¿Admiras a fotógrafos peruanos?
He sido influenciado por mi profesor Billy Hare. Lo considero uno de los pioneros de la fotografía contemporánea en el Perú. Gracias a su perseverancia, la fotografía artística ha ido creciendo. Junto a Fernando la Rosa y otros profesores, crearon el colectivo «Secuencia en los 60». Eran un grupo de amigos interesados en la fotografía que generan una serie de eventos importantes a nivel local y con fotógrafos de afuera.
En la historia de la fotografía peruana hay ciertos vacíos, sobretodo la etapa posterior a Martín Chambi y los hermanos Vargas.
¿Admiras a fotógrafos internacionales?
He tenido un interés particular en la fotografía de Hiroshi Suguimoto, trabajo que conozco relativamente tarde.
Dicen que los nikkeis tenemos una predisposición hacia las imágenes. ¿Cómo ves el nivel fotográfico dentro de la colectividad?
Eso dicen, que nacemos con una cámara colgada en el hombro (risas). Creo que más se da en Japón, pues hay una movida que se contagia lógicamente. Acá en Lima es superrestringido. A nivel comercial, no ha estado bien impulsada.
Coméntanos sobre tus fotos que actualmente se muestran en la Galería Jinnai.
Cada vez que estoy frente a juegos infantiles, a mí siempre me remite a la bomba de Hiroshima y Nagasaki. No sé si a la bomba o a la película de Akira Kurosawa Rapsodia en agosto en la cual hay una escena en donde los familiares visitan una zona afectada y se ven unos juegos infantiles que están doblados. Esa es una imagen que se me quedó grabada (entre otras).
Y en uno de estos viajes que he estado haciendo a Puno, encontré estos juegos que están abandonados al lado de un colegio y esa desolación un poco me volvió a remitir a la película y por ende al tema de la bomba.
Pero la propuesta original no la pude realizar por cuestiones de tiempo, que en realidad mostraban a estos juegos totalmente doblados por un efecto postbomba. Allí tenía que jugar un poco con escultura, pero no me dio tiempo. Por eso hice una insinuación con la foto que está en la esquina doblada.