A puertas del estreno de la retrospectiva cinematográfica de Yasujiro Ozu dentro de la 40 Semana Cultural del Japón, sostuvimos una imperdible entrevista con Norma Rivera, directora ejecutiva de la Filmoteca de la Universidad Católica del Perú y conocedora del cine nipón clásico.
El programa comenzará mañana jueves 8 con Cuentos de Tokio, una de las diez mejores cintas de la historia del cine, y proseguirá con Primavera tardía (jueves 15), El sabor del té verde con arroz (jueves 22) y Crepúsculo en Tokio (jueves 29). Ojo con la lista de realizadores que le parecen interesantes.
Cada cineasta tiene sus características y particularidades ¿cuáles fueron las de Yasujiro Ozu?
Voy a ser breve citando a tres estudiosos y admiradores de Ozu: Alain Bergala, estudioso francés, explica que «si hoy es importante escribir sobre Ozu, no es a causa de una moda pasajera, ni siquiera porque se trata, con toda evidencia, de un gran cineasta. Sino, en primer lugar, porque la obra de Ozu es de aquellas cuyo descubrimiento, aunque tardío, nos obliga de alguna manera a repensar el cine».
Otro como Wim Wenders, en su reflexión sobre la intensidad, observa que «los filmes de Ozu tenían esos momentos de verdad. No sólo momentos: eran grandes extensiones de verdad, que duraban desde las primeras hasta las últimas imágenes».
Y Noël Burch, otra de las personalidades modernas, analista profundo del cine observó que «como contribución a la cultura japonesa, en la actualidad, es comparable tan solo con la obra de los grandes poetas, pintores o escultores del pasado, porque, como esas obras, la de Ozu no es apenas una hazaña individual, sino la de una colectividad histórica y nacional».
¿Qué innovaciones dejó dentro del cine mundial?
A lo largo de treinta y cinco años en el cine, Ozu refinó su forma para alcanzar lo esencial de una manera devastadoramente simple, en el tratamiento de personajes y problemas que se cruzan cada día en la vida real. Y al tiempo que situaciones e individuos se vuelven arquetipos, su técnica narrativa se convierte en una reducción lineal en tiempo presente. Las secuencias parecen corresponder a un «cine primitivo», con tomas largas, planos generales, medios planos y primeros planos, y de nuevo lo mismo, la cámara como protagonista sin efectos de compaginación evitando los movimientos y los cambios de toma. Este estilo genera una aproximación anti-dramática, lenta, pero profundamente conmovedora capaz de revelar el carácter de los personajes, una puesta en práctica de la máxima «menos es más». Su obsesión por las formas simples lo convierten en uno de los artistas más complejos de la historia del cine.
¿Sus películas han sido apreciadas en su total dimensión o aún falta mucho más?
Con seguridad falta mucho que descubrir y apreciar en la obra de Ozu, por ejemplo un aspecto japonés: el crítico cinematográfico Tadao Sato explica que las composiciones geométricas de los filmes de Ozu se asocian con frialdad, orden, sustancia inorgánica. Pero sucede que Ozu desarrolla sobre sus imágenes geométricas hechos cotidianos extremadamente ricos de humor. «Hay que recordar (dice) que los materiales de construcción japoneses tienen en la madera y en el tatami, líneas geométricas que carecen de la frialdad del cemento o del metal, razón por la cual una de las más importantes características del cine de Ozu es la de trasmitir calor a través de la composición geométrica de las imágenes». Otra característica muy japonesa que describe Sato es la de la libertad existente en el ámbito restringido de las reglas: «Así como en el teatro clásico no se respetan las reglas siguiendo normas extremadamente rígidas, sin que se sienta esa imposición, en el cine de Ozu existen las reglas pero todo está dicho en un tono relajado, lúdico».
En general, el cine japonés tiene un alto contenido filosófico, ¿el trabajo de Ozu está orientado también por ese camino, genuinamente japonés?
No he profundizado en el contenido filosófico de la obra de Ozu, pero para muchos es el más japonés de los directores japoneses, lo que indujo en el siglo pasado a pensar que sus filmes debían reservarse sólo para espectadores japoneses y que no serían comprendidos fuera: nunca participaron en festivales y no fueron distribuidos comercialmente en el exterior. Los propios críticos japoneses no percibieron a tiempo la universalidad de su propuesta artística.
El tema dominante en Ozu es en última instancia el dilema de cada ser humano y su trascendencia a través de la vida familiar, o si se quiere el drama familiar cotidiano. Términos japoneses como shomin-geki, drama del humor y conflicto en la vida de la clase media, se pueden traducir y aplicar a la obra de Ozu y a su capacidad para crear la ilusión identificadora de «lo japonés». Pero lo que a su vez le confiere consistencia es que retrata el ciclo de la vida, los problemas reales de la existencia de los individuos. Sus filmes tratan de la lucha por la autoafirmación, por la libertad individual, por las expectativas que terminan en desencantos, por la imposibilidad de la comunicación, por la separación y la pérdida unidas a los inevitables tránsitos del matrimonio y muerte.
¿Qué le parece el esfuerzo del Centro Cultural Peruano Japonés por programar a este director dentro de su Semana Cultural?
Un acierto, responde de forma oportuna al reconocimiento mundial de la revista Sight and Sound de Londres que confirma el aprecio de los críticos cinematográficos a través de una encuesta realizada en el mes de julio por Yasujiro Ozu. Su filme Tokyo monogatari (Cuentos de Tokio, 1953) fue elegido como el tercero más valioso en la historia del cine y Banshun (Primavera tardía, 1952) en el puesto quince. Y el propio Ozu figura como el número uno de los realizadores en importancia por encima de Dreyer y Eisenstein.
En general, ¿cómo debemos de ver los cinéfilos occidentales el amplio abanico del trabajo cinematográfico japonés?
Como una fuente inagotable de exploración, prueba de ello es el magnífico ciclo de Kenji Misumi, presentado en septiembre, que movilizó a los cinéfilos y a los más importantes críticos, estudiosos del cine a la sala del Centro Cultural Peruano Japonés todas las noches. Con los que coincidimos en la necesidad de continuar con tan acertada política cultural de parte de la Embajada del Japón en el Perú y desde luego del Centro Cultural.
¿Qué otro director recomienda que veamos o debería de ocupar nuestra atención?
Como soy amante de los clásicos, creo que repasar las películas de Mikio Naruse, Kenji Mizoguchi, Masaki Kobayashi y Keisuke Kinoshita, Kaneto Shindo Kon Ichikawa, como también los filmes de Akira Kurosawa. Los realizadores de la Nuberu bagu, la Nueva Ola Japonesa Masahiro Shinoda, Nagisha Oshima, Yoshishige Yoshida.
¿Hay algún director japonés joven que haya llamado su atención últimamente?
Tengo a Takashi Miike, Naomi Kawase, Seijun Suzuki, Fukusaku Kinjin, Koji Wakamatsu, Sono Sion, Kiyoshi Kurosawa y Shinya Tsukamoto.