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Secretos de guerra

Por Christian Hiyane Yzena

La existencia de Luis Masahiro Nakada, figura conspicua de Ginoza, está llena de matices y de circunstancias propias del destino. Lo que sigue es un adelanto del libro que próximamente editara Ginoza Sonjinkai del Perú conmemorando sus 50 años de vida institucional. No se lo pierda.

Luis Masahiro Nakada (78) nació en Lima, pero a los tres años, en 1937, viajó a Okinawa junto a su madre Toshi Nakada y seis hermanos. Su padre Seitoku Nakada se quedó en el Perú. La Segunda Guerra Mundial estalló y fue parte de la confrontación bélica. Todos ellos se hospedaron en la casa de un tío en la ciudad de Ginoza.

Recuerdos de guerra
Vivió el durante y el después de la Segunda Guerra Mundial. De la primera, recuerda como le enseñaron en el colegio a fabricar bayonetas de bambú para defenderse del enemigo. «Eso no puedo olvidar. Cuando estaba chiquito japonés fue. Enseñaba a nosotros con bambú para matar americano dice, como matarlos y como odiarlos. ¿Cómo va a enseñar eso? Después vino norteamericano lleno de granadas», señala con incredulidad.

Nakada trae a su mente también cuando el Gobierno requisó todo tipo de metales para fundirlos y fabricar armas. «El metal que tenía donde llevábamos el bento, ese aluminio, las orejas que sujetaba a las mallas contra los mosquitos de bronce, los tubos de fierro del colegio también sacó», señala.

Todos los hogares debían contribuir con la causa y la defensa de la patria. «Los monumentos de Minomi Kinjiro, un personaje oyakoko (que se puede traducir como servicial y respetuoso de sus padres, sin ocasionarles ningún disgusto o problema) que estaban en los colegios, también se llevó», refiere.

Se alimentaban de camote y manteca de chancho, productos que cultivaban y criaban. El 50 por ciento del trigo, arroz y soya que cosechaban era entregado al ejército. También tenían vacas, aunque en menor número.

Después de la guerra
Con la rendición del Japón y el ingreso de Estados Unidos, la situación cambió por completo. Hubo mucha comida como jamón, carne enlatada, papa fritas, caramelos. Nakada recuerda cómo, mientras cursaba la primaria, su colegio fue ocupado por soldados japoneses; y cuando terminó la lucha después de cuatro años, por los soldados norteamericanos. Las transacciones económicas se hicieron con los billetes bi-yen, una denominación que fue creada por la coyuntura que se vivía.

Cuando tenía 28 años, su padre le pagó el pasaje en barco para que regresara a Lima. Sin embargo no pudo ingresar, en virtud a la alianza que el Perú mantenía con los Estados Unidos por la guerra. Pero esa es otra historia igual de fascinante.

Más datos
– A Luis Masahiro Nakada (78) se le conoce como kirai nisei, denominación que se le dio por ser una persona nacida en el Perú, pero que viajó de niño a Japón y vivió las dificultades de la Segunda Guerra Mundial. Kirai lleva el kanji de «ir y venir».
– Sus padres llegaron en el barco Anjo Maru y trabajaron en los campos de cultivo de caña de azúcar en la hacienda Humaya, Sayán.  
– Su padre Seitoku Nakada fue secretario de la junta directiva de un colegio de japoneses en la hacienda San Agustín, Callao. Después abrió una bodega en Barrios Altos que fue saqueada durante la Segunda Guerra Mundial.
– Está casado con Kazuko Gusukuda, quien fuera presidenta de la Asociación Femenina Okinawense del Perú y con quien tiene dos hijos: Aimi y Hitoshi.
– Es propietario de Chicharrones Don Lucho en Pueblo Libre, que acaba de cumplir 25 años.