Por Christian Hiyane Yzena
Los abuelos se encargaron de sentar las bases para unir a la familia y las abuelas fueron el ejemplo vivo de respaldo desde el trabajo y las relaciones diarias con los hijos y nietos, sin palabreo y sólo con la acción. Su padre heredó la humildad y el amor por el trabajo. Todo un cúmulo de experiencias interesantes y de filosofía de vida es la que nos cuenta María Matzumura Kasano (59), sicóloga de carrera y directora ejecutiva del Centro Peruano de Audición, Lenguaje y Aprendizaje (CPAL).
«El recuerdo que tengo de mis abuelos se sintetiza en las obaachan que han sido pilares importantes en la familia. Y fue curioso porque mi obaachan María Ise de Matzumura, católica desde Japón y bautizada con ese nombre aquí, cuidaba a mi obaachan Kasano, porque llegó un momento que por distintos motivos llegaron a vivir con mi papá. Entonces las dos obaachan se acompañaron hasta muy viejitas».
¿En qué circunstancias?
Mi mamá ya tenía a su suegra y no recuerdo si fue por un resfrío que termina trayendo a la casa a la obaa Kasano, quien vivía con su hijo, mi tío. Y la obaa Matzumura empieza a cuidarla. Siempre ha tenido ese afán por cuidar. Sobreprotectora. Tanto así que cuando la obaachan Kasano fallece, la obaachan Matzumura se va muy pronto. Creo que esa fortaleza partía de su actitud, su carácter. La abuela Kasano era más menudita, flaquita y sumisa.
¿Qué otros recuerdos tiene de ella?
Cada vez que postulábamos a la universidad venía desde Huacho a cocinarnos. A cada uno de los nietos, en la fecha en la que teníamos que rendir el examen. Tenía este concepto: «Ah, tiene que estudiar, tiene que estar bien alimentado». Esta era su forma de podernos dar su apoyo moral y emocional sin que ella supiera. Es el recuerdo que todos los nietos tenemos de la obaachan Matzumura, cocinándonos para ingresar a la universidad. No era presión, apoyo. Era como una inspiración.
Mi abuela era sinónimo de mucha fuerza, mucha compañía. Eso era un gambatte (‘fuerza’), sí, vas a entrar. Felizmente le alcanzó vida y salud para atendernos. Al más pequeño hasta lo crió porque llegó de Huacho chiquitito.
¿Recuerda de qué conversaban?
Usted sabe que los issei no hablaban mucho, pero el recuerdo que tenemos de ella es haciendo la diferencia con mi hermano el médico: «Ese doctor tiene que comer mejor porque va a ir a hospital y en hospital mucho microbio». El desayuno de él no era el desayuno normal. Desde allí veíamos la preocupación.
Todo estaba en las acciones.
Y de la obaachan Kasano recuerdo que también decía: «Nunca mires arriba, yo quiero entender que nos decía que siempre va a ver (personas) con mayor dinero, mejor posición. Nunca mires hacia abajo porque también siempre también habrá gente. Tú mira de frente, tu camino». Yo lo entiendo como que decía: «No te compares, trata de hacer un camino por ti misma y siempre trata de hacer el bien».
Tremendos consejos los que nos daban.
Sin duda. Y luego al morir los ojiichan, mi padre se convierte en la figura, en el tronco de la familia. Mientras vivió, le dio mucha importancia a la unión familiar. Pero aparte de eso tengo dos etapas muy marcadas de él: la etapa japonesa y luego la de la persona solidaria, cuando estuvo en el Rotary y aceptando ser regidor de la Municipalidad de Huacho. Decía: «Le tengo que devolver a la sociedad lo que la sociedad me ha dado». Trabajó mucho por Huacho.
Ya sentimos que nosotros tenemos que transmitirle a la nueva generación esos valores que verdaderamente nos dejaron los mayores. A veces los chicos no tienen esa presión, esa necesidad.
EL VIAJE A KUMAMOTO CAMBIÓ MI OPINIÓN
«Mis abuelos llegaron tanto de la parte materna como paterna de Kumamoto. Yo tuve la oportunidad de ser una de las becadas de Kumamoto Kenjinkai en 1977. Estudié en la Universidad de Kumamoto (Kumamoto Daigaku) y viví allá un año. Pude conocer las raíces de mi familia».
¿Qué sentimiento le dejó el viaje a Kumamoto, la tierra de sus ancestros?
Toda la vida me sentí más japonesa que peruana. Y cuando llegué a Kumamoto me di cuenta que no era así. Allá me decían que yo era gaijin (‘extranjera’). Además era curioso porque llevaba palabras que ya no existían allá. Mis abuelos hablaban de gohan y de repente ya era raisu (arroz). Un japonés americanizado.
Para mí fue un choque, pero me permitió ver que efectivamente tengo la ascendencia japonesa y que existían cosas que no me la iban a quitar por el hecho de haberme llamado gaijin. Además no entendían qué hacía una mujer estudiante allá, sobre todo porque era una zona de campo. Eran otros tiempos también.
En una sociedad tan cerrada.
Así es. Pero era interesante. Un tío japonés me puso (en cierta ocasión) una Coca Cola y un sashimi de ika (‘calamar’). Lo comí por educación y consideración, pero cada vez que iba me ponía la Coca Cola, el sashimi de ika y varios Perú Shimpo que mi papá le mandaba seguramente. Digamos que ese era su nexo con Perú.
¿Ellos nunca vinieron al Perú?
Ni mis ojiichan fueron allá por distintos motivos. Creo que estuvo bien porque quizás jamás hubiesen entendido que el Japón que dejaron ya no era el mismo.
¿De qué manera cree que los nikkei contribuyen con el país?
A nosotros nos dieron el mensaje indirecto de que todos teníamos que ingresar a la universidad. Y todos los nietos somos profesionales. Ni mi padre ni mis tíos pudieron ingresar. Y claro, poner este ejemplo de la honestidad y todo este tipo de situaciones que manejamos los descendientes, es una realidad.
La primera generación de los nisei que fueron mis padres, fueron los encargados de consolidar lo que los ojiichan hicieron. Y mi papá sí quiso ingresar a la universidad y hay el recuerdo de que le faltó un punto en la UNI y luego los nietos que lo tuvieron más fácil: padres profesionales, con mayores expectativas sociales, de estudio, etcétera. Ese fue el esfuerzo de nosotros con el Perú y lo sigue siendo.
Datos
• Nací en Huacho.
• Estudié la secundaria en el Colegio Teresa Gonzáles de Fanning y la carrera de Psicología en la Unifé.
• Mis padres se llaman Julio Matzumura y Kimiko Kasano.
• Mis abuelos por parte paterna fueron María Ise de Matzumura y José Toyotaso Matzumura, y por el lado materno Hiroshika y Sae Kasano.
• Llegamos a tener la ferretería más grande de Huacho: Ferretería Matzumura.