Por Ciria Chauca
Desde diciembre del 2011, Naoko Nishida forma parte del grupo de voluntarias Shiawase (‘alegría’), quienes dan vida y las condiciones esenciales para el funcionamiento del Centro Recreacional Ryoichi Jinnai de la Asociación Peruano Japonesa.
Nacida en la ciudad de Tokio, Japón, Naoko vive en el Perú por el trabajo de su esposo en la empresa Mitsui. Al conocer de cerca en qué consiste el Centro Jinnai, decidió ser voluntaria. En un inicio, debido al crecimiento de la agrupación Shiawase, esperó algunos días, hasta el momento en que la directiva de Jinnai la invitó a ser voluntaria los días viernes.
Asegura que el voluntariado es una experiencia única. «Es una experiencia muy buena para mí y me gusta mucho ser voluntaria, puedo conocer a las abuelitas y abuelitos, así como a las voluntarias nikkeis», expresa Nishida con un castellano correcto, que aprendió en Chile.
Dice que en Japón ha trabajado como profesora de inglés y también laboró en un banco, pero nunca tuvo la oportunidad de atender a las obaachan y los ojiichan. Por eso se siente muy feliz al entregar su tiempo a las personas mayores de la colectividad nikkei y cuando vuelva a Nihon espera poner en práctica su vivencia en el Centro Jinnai.
«El voluntariado nos posibilita proyectarnos al futuro de los ancianos, entonces, cuando vuelva a Japón, quiero hacer todo lo que estoy aprendiendo en el Centro Jinnai», remarca.
Son muchas las particularidades que aprecia desde que es miembro de Shiawase, especialmente las posibilidades de dialogar utilizando los dialectos de Hiroshima, Okayama y Fukuoka, prefecturas donde nacieron su papá, su mamá y su esposo, respectivamente. «Me siento cómoda de conversar con las obaachan y los ojiichan con el dialecto de cada una estas prefecturas», acentúa.
Otro motivo para sentirse alegre es que une su voz con los kooreisha para interpretar inol-vidables canciones japonesas. «Cantamos temas que conocen muy bien las personas mayores, por ejemplo, Moshi moshi kame yo y Momotaro, que son canciones para niños y que mis padres cantaban mucho, pero mis hijos ya no lo hacen, por eso me entusiasma cantar con las obaachan y los ojiichan», manifiesta con una sonrisa contagiante.
El día de ser voluntaria
Cada viernes es un día imborrable para Naoko Nishida. Comienza a las 10:00 a.m., al recibir con cálida bienvenida a los usuarios del Centro Jinnai. Una vez que están en el Centro Cultural Peruano Japonés, inician la esperada jornada diaria practicando radio taiso para calentar los músculos. De inmediato empiezan diversas actividades. Naoko enseña a las obaachan y los ojiichan las técnicas del masaje. «Hacemos ejercicios entre 20 o 30 minutos», detalla acerca del masaje, que permite mejorar la circulación y se logra una relajación muscular.
A las 12:00 en punto es la hora del almuerzo con provocativos platos japoneses, y una vez por semana se sirve comida criolla. Después continúan dinamismos de entretenimiento. A las 3:00 p.m. toman lonche y a las 4:00 p.m. cada una de las voluntarias acompaña a las obaachan y los ojiichan a la movilidad que los llevará a sus domicilios. La despedida es hasta el próximo viernes. Así es esta nueva etapa en la vida de Nishida.
Naoko estuvo en Chile por el trabajo de su esposo. Después se trasladaron a Dubai y desde hace tres años viven en Lima. Es en este país donde crece la lección de cariño y gratitud a las personas mayores.