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Hacer política a partir de los valores ancestrales

Por Christian Hiyane Yzena

Por sus manos pasaron más de mil millones de dólares cuando dirigió el Fondo de  Cooperación para el Desarrollo Social (Foncodes) por cuatro años durante el mandato de Alberto Fujimori y nunca faltó un dólar después de haber pasado por varias auditorías. Esta es la historia de Alejandro Afuso Higa (67), hoy director ejecutivo del Programa de Ciencia y Tecnología (FINCyT) de la Presidencia del Consejo de Ministros.

Apenas egresado de la UNI, se fue a estudiar una maestría en México y terminó quedándose por motivos profesionales durante 20 años. Ha trabajado directamente con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Banco Mundial. Eso lo ha llevado a realizar investigaciones de carácter social en varios países de Centroamérica. 

Simpatizante de la izquierda universitaria de los años 60 y creyente de la política como instrumento de acercamiento a la gente para entender y solucionar sus necesidades, Afuso Higa recuerda que esa tolerancia —de allí sus buenas relaciones con periodistas tan disímiles como Jaime de Althaus o Mirko Lauer— «viene desde cuando mi abuelo Iwaichi Afuso trataba muy bien a sus peones en Huaral. Incluso les pagaba un poco más y les daba alimentos».

Se cría muchas veces con el ejemplo.
Así es. Como en toda familia los recursos eran muy escasos. En mi caso todos los hermanos nos criamos en familias separadas. Primero porque en el fundo Esquivel, Huaral, no había colegios o quedaban muy lejos. Por eso todos los estudios lo hice aquí en Lima y cuando iba de vacaciones, mi papá dejaba, por ejemplo, cinco soles en el cajón y cada uno tomaba un sol para su pasaje. Nunca nadie tomaba de más, nunca se perdía nada. Eso lo tengo bien metido en mi cabeza y es un ejemplo de honradez y confianza.

Después de dejar Foncodes tuvo muchas auditorías.
Por el alto cargo que tuve dentro del Gobierno, a mí me hicieron todo tipo de auditoría. A pesar de los mil millones de dólares que hemos manejado, nunca he tenido una citación para ir a declarar a un juez. Aquí quiero dejar claro que mi renuncia se debió a motivos estrictamente políticos.

Nunca fue centro de cuestionamientos.
Felizmente he tenido más bien otro tipo de satisfacciones. En cierta ocasión mi papá se fue de excursión al Callejón de Huaylas acompañado de amigos de Esquivel. Fueron en un tour y se pararon en una obra que se veía seguramente como una cuestión turística. En realidad era una tubería que transvasa agua, de la cordillera blanca a la cordillera negra. Eso lo hicimos con Foncodes. Entonces la guía estaba explicando cómo se había hecho la obra y escuchó de «un ingeniero Afuso que dirige Foncodes» Mi papá estaba escuchando (risas), se sintió orgulloso de escuchar el apellido.

Los valores son una herencia propia de los issei, ¿todavía se mantienen? 
Una vez en La Unión, un chico encontró una cartera con 300 dólares. Fue a la secretaría y lo devolvió. Incluso eso se ha incorporado a los trabajadores del Estadio. Por lo menos he conocido un caso que también lo ha hecho y esos valores siempre lo están recalcando, reafirmando. Sobre todo creo que lo importante es que desde la familia se trabaje. De allí sale todo definitivamente. Queda todavía mucho y hay que cuidar eso.

FINCyT: SEMBRAR UNA CULTURA DE INNOVACIÓN

«En todas las instituciones en las que he estado siempre he sobresalido. Quizás por el trabajo las cosas afortunadamente salen bien. Cuando me proponen algo político, la verdad es que no (lo acepto). Todos los gobiernos siempre me han propuesto algo. Este gobierno también. Siempre son viceministerios. Ha habido conversaciones. Pero en política no puedes tomar decisiones técnicas libremente».

Cuéntenos de la labor que realiza en FINCyT.
Primero, tuve que participar en un concurso junto a otras 36 personas. Apenas me dijeron de qué se trataba dije «no, yo voy a allí». He sido investigador en México, he trabajado con el BID, he dirigido instituciones de ese tipo, entonces estaba dentro de mi ámbito. Pero qué pasa, todo lo que es ciencia, tecnología, innovación, está muy ligado al tema de competitividad. Los países más competitivos, China, Estados Unidos, Japón, los países finlandeses, solamente se han basado en estas tres cosas: ciencias, tecnología, innovación.

La situación del Perú no es muy auspiciosa.
El Perú es uno de los países que menos invierte. La media latinoamericana es 0.56 por ciento del PBI. Nosotros estamos en 0.11 por ciento, ni siquiera estamos en la media. Chile está cerca de uno por ciento, Brasil igual. Entonces tenemos que dar un salto muy grande de inversión. Existen este tipo de fondos desde hace 25 años. El BID presta para poder incentivar este tipo de proyectos. En Chile hace como diez años tuvieron su cuarto préstamo, Argentina tiene como cinco préstamos, el último fue como de casi 500 millones de dólares, y nosotros empezamos este fondo hace cuatro años con 25 millones de dólares.

Es decir, hay recursos pero no participación.
Hay que dejar claro algo. Para poder competir, tienes que innovar, producir cosas nuevas. Pero la empresa en general no quiere invertir en innovación tecnológica, en hacer un nuevo producto, porque hay muchos riesgos, porque se puede gastar mucha plata y no llegas a nada. Entonces lo que hace este fondo es que te financia parte del riesgo. Entonces yo te digo «te regalo 50 000 dólares pero arriesgaste a hacer este producto». Si tiene éxito, el éxito es para su empresa. Como hay muchos riesgos, la empresa no está acostumbrada a invertir. Lo que tenemos que hacer nosotros es sembrar una cultura de innovación.

¿Y hay empresas que se han beneficiado del FINCyT?
Muchas. Hay una empresa como Marina Azul que está en la zona norte del país. Se dedica a langostinos. Hasta hace algunos años, Perú importaba los «adelinos» (crías de langostinos) de Ecuador. Hubo una época en que se infectaron en ese país y eso se transmitió en la zona de Tumbes y barrió con toda la industria langostinera. Esta empresa ha empezado a reflotar con un primer apoyo, ya tienen su propio criadero de langostinos, y ahora se exporta a Ecuador y Colombia. Nuestro proyecto ha durado dos años y ha revolucionado toda la industria langostinera de Tumbes.

Siempre hay buenos ejemplos.
Otra empresa es Ecoacuicola de uva. Tuvimos un proyecto para probar variedades de uva, uva verde, para ver si se podía sembrar en la zona desértica de Piura. Nuestro proyecto piloto fue de 20 hectáreas, acertaron con una variedad de uva, y la idea es que esa uva se pueda exportar a Europa en los meses de agosto, setiembre y octubre, cuando allá hay escasez. Después de dos años de experimentar, esta empresa ahora está sembrando ya 250 hectáreas de uva sin semilla (sin pepa) y en el desierto de Piura donde no había nada. Ya tiene toda la producción vendida y es una empresa próspera.