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Milagrosa festividad de la Virgen de Chapi

Por Grace Gálvez Núñez

El primero de mayo de todos los años, miles de caminantes cruzan el desierto de Arequipa para honrar a la Santísima Virgen de Chapi, la «mamita», como le dicen sus fieles.

Se trata de una fervorosa expresión religiosa que congrega a un inmenso número de personas, entre peruanos y extranjeros, en el distrito de Polobaya. Es por ello que la Festividad de la Santísima Virgen de la Candelaria de Chapi finalmente fue declarada Patrimonio Cultural de la Nación por la Dirección de Patrimonio Inmaterial Contemporáneo del Perú.

Mediante Resolución Viceministerial, se explica esta decisión «por cuanto constituye una valiosa y significativa expresión de patrimonio cultural inmaterial del Perú, ya que mediante su gran culto religioso, transmite un conjunto de tradiciones populares que expresan la historia local y consolidan la identidad colectiva regional, transmitida de manera oral de generación en generación».

Y es que esta gran fiesta no es más que una expresión de identidad cultural y social, que tiene gran significado para la difusión de valores tradicionales de religiosidad popular, transmitidos oralmente de generación en generación, que contienen el saber popular y el conocimiento ancestral.

Historia
Chapi es un vocablo aimara que significa ‘espino’ o ‘cactus’, debido a que el valle donde se ubicaba la Virgen tiene gran cantidad de cactus. La imagen mide 1.25 metros de altura y está bellamente tallada en madera. Tiene una vestimenta glamorosa y una corona real, que a veces es reemplazada por un sombrero.

La Virgen de la Candelaria estuvo hasta principios del siglo XVII en el pueblo de Accahua, ubicado a pocos kilómetros de la actual localidad de Omate, provincia de Sánchez Cerro, departamento de Moquegua. Sin embargo, por la ocurrencia de un terremoto y por la posterior erupción del volcán Huaynaputina, los pobladores tuvieron que dispersarse, llevando a la imagen a Yarahua (valle de Chapi).

Posteriormente, debido a la gran convocatoria que estaba acarreando y a los desmanes que ocasionaban algunos visitantes en dicho pueblo, a fines del siglo XVIII decidieron trasladar la imagen a otro lugar, para lo cual se organizó una comisión.

Milagros
Cuenta dicho grupo que cuando se había avanzado cinco kilómetros y medio, decidieron descansar en una pendiente conocida como La Escalerilla. En ese momento, se produjo una tormenta de arena. A su término, los hombres intentaron levantar la imagen, pero no pudieron. No lograban moverla y el peso parecía provenir de fuerzas superiores.

Este hecho fue tomado como milagro y se interpretó como una señal de que la Virgen deseaba quedarse allí y es allí donde está hasta el día de hoy. Al conocerse este hecho, aumentó la devoción.

Ya en 1876, el párroco Emeterio Retamozo establece una nueva y definitiva fecha para la celebración de la festividad: el 1 de mayo.

Luego de unos años, en 1893, se decidió construir un nuevo templo para albergar a la Virgen de Chapi. En dicha obra, los 14 obreros que trabajaban en el santuario fueron testigos de otro gran milagro. Cuando ya cansados cortaban los sillares destinados a las paredes de la construcción, le pidieron a la virgen que les concediera agua para terminar su trabajo.

Al día siguiente, uno de ellos descubrió humedad en una zona e hizo una pequeña excavación de donde brotó abundante agua pura y limpia. Cuando otro trabajador, se lavó la cara con esta agua, quedó curado de una dolencia que tenía en los ojos.
A la fecha, son miles de testimonios que aseguran el poder de la imagen de la Santísima Virgen de Chapi.

La fiesta
Actualmente la festividad inicia el 30 de abril con una procesión de bienvenida, momento en que la virgen es sacada del templo para hacer un breve recorrido. Todo el día varios sacerdotes atienden confesiones. Por la noche, miles de velas y cirios encendidos enmarcan la liturgia que se celebra en el templo.

En los alrededores se venden los famosos panes de Omate, chicharrones y frutas, en medio de fuegos artificiales. En los cerros aledaños los peregrinos pernoctan haciendo «casitas» para encender velas, dando un colorido extraordinario al lugar.
El día central, 1 de mayo, consiste en la peregrinación y oración a la virgen, para solicitar su gracia o milagro. La procesión dura una hora y media.

Además, se realiza la «cobertura con el manto de la Virgen» y todos hacen largas filas para colocarse bajo el manto un momento para hacer la oración. También se ponen mantos especiales para colocar los llamados «milagritos» o recordatorios de pequeñas placas grabadas con peticiones o agradecimientos.

El papa en Arequipa
Como recordaremos, el papa Juan Pablo II visitó el Perú en 1985 y coronó a la Virgen. Ese día se realizó una homilía, el sumo pontífice bendijo las coronas de la Virgen y del niño, y oró. Luego, como un hermoso gesto, dejó a la Santísima un rosario de oro, para luego proclamarla reina y señora de Arequipa. Este gesto contribuyó al reconocimiento universal a la sagrada imagen.

Sin duda, esta festividad representa una manifestación de la cultura viva que caracteriza a los pobladores de Arequipa y que se ha acrecentado. Su reconocimiento como Patrimonio Cultural de la Nación no hace más que reafirmar la importancia de este evento que conforma nuestra riqueza cultural como país.