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Unos 250 negocios pequeños lograron expandirse gracias a Mistura

Desde que abrió sus puertas por primera vez en el 2008, en el cuartel San Martín, la Feria Gastronómica Mistura ha significado la mejor vitrina para, por lo menos, 250 emprendedores cocineros que lograron expandir notablemente sus negocios y ahora son restauranteros de mucho éxito.

Es el caso de Sebastiana Córdova, piurana bendecida con una gran habilidad para el arte culinario y que ha hecho de ese talento su fuente de ingresos.

A inicios de la década de los ochenta, Sebastiana y su esposo decidieron abrir un pequeño local para vender pollos a la brasa y otros platos “alimeñados”. Pero como buena cataquense no podía dejar de prepararles la comida típica de su tierra a su esposo y a sus cinco hijos.

En su mesa no faltaba el atamaladito con cabrilla (por ser un plato rendidor), pero tampoco el seco de chabelo o la carne aliñada.

Según cuenta a la Agencia Andina, un buen día un paisano piurano que entró en su pequeño local y vio la comida preparada para sus hijos, le pidió que le vendiera un plato. Ese fue el punto de partida de toda su historia, pues su primer comensal fue el que inició la cadena trayendo a más y más público, que se iba pasando la voz sobre la calidad de sus platos.

“Cuando me di cuenta ya estaba vendiendo 60 kilos diarios de cabrilla, y 60 kilos diarios de cachema, en un pequeño local con unas pocas mesas”, cuenta y señala que el pollo a la brasa ya había pasado a la historia para ella.

Empero, la feria Mistura le representó, indudablemente, una gran oportunidad para ampliar su negocio. Gracias a la invitación que le hiciera Mariano Valderrama, vicepresidente de la Sociedad Peruana de Gastronomía (Apega), en el 2008 su restaurante La Paisana se hizo acreedor al premio Mejor Cebiche Tradicional del certamen, plato que es preparado por Germain Guarnizo, el único de sus hijos que se hizo chef y que ahora ya ha sido invitado a dos eventos en Miami.

Dos años después, la Sunat premió a su restaurante como uno de los mejores contribuyentes de Mistura, por la gran cantidad facturada durante la feria.

“Mistura me ayudó a promocionarme. He conocido a mucha gente que ha llegado a mi local porque supo de mí en la feria, que ha sido una ventana para mí y gracias a ella tengo más clientela, para la cual no pueden faltar el cebiche ni el sudado de mero”, señala.

Como la demanda de la clientela se impone, Sebastiana tuvo que dejar su pequeño establecimiento de la calle Valencia y ahora ofrece su arte culinario en dos locales en el jirón Libertad de Magdalena, que cada día lucen abarrotados a la hora del almuerzo y con gente haciendo cola esperando un lugar libre.

El señor del emoliente
Una historia similar es la de Claudio Manrique, quien con su aromático emoliente Claudio\'s ha conquistado a un vasto público desde el mercado San Roque, en el distrito de Surco.

La trayectoria de Claudio comenzó hace 12 años, pero su negocio subió como la espuma gracias al marqueteo que le permitió Mistura, para la cual alista su quinta participación.

“Puedo afirmar que el 50 por ciento de mi clientela actual llegó gracias a Mistura. La feria no sólo me permitió aumentar las ventas sino mejorar sustancialmente el manejo sanitario de mi negocio, porque hemos recibido capacitación en salubridad y ahora aplicamos técnicas que antes no teníamos”, comenta a la Agencia Andina.

Si bien Claudio se niega a abandonar su carretilla, “porque es una tradición”, ahora vende como mínimo unos 700 vasos diarios y pronto abrirá una sucursal en Lurín, en una zona campestre donde permanecerá todo el año junto a otros participantes de diferentes ediciones de Mistura.

En la feria del año pasado logró vender 4,000 vasos por día y este año espera mejorar su récord en el puesto que instalará en el Campo de Marte y que ha sido construido con acero quirúrgico y con la atractiva forma de un vaso.

Además de la publicidad ganada con Mistura, Manrique atribuye el éxito de su producto a que el público está convencido de las propiedades medicinales del emoliente y por eso lo consume, en invierno como en verano.

Por eso, cada día más gente pide la adición de sábila, sangre de grado y uña de gato a sus vasos. Para acentuar sus sabores, también ha incluido a su fórmula, además de la piña o el durazno, nuevas frutas como el tamarindo que le da un toque especial a la preparación.

Si bien en algún momento le pasó por la cabeza embotellar su fórmula, la idea no maduró porque “la gente está acostumbrada a tomar la mezcla al momento y en la carretilla de la esquina, por lo que hacer un cambio es difícil”.

A estas historias de éxito se suman las de muchos otros cocineros, alrededor de 250, según Mariano Valderrama, que han hecho de la culinaria nacional su medio de vida y contribuyen de esa manera a mantener el prestigio de la gastronomía peruana como una de las mejores del mundo.