El inicio del Obon fue una ocasión especial para elevar plegarias en honor de los antepasados en la misa concelebrada por los padres Luis Guibo —vicario pastoral de la colectividad peruano japonesa—, Manuel Kato, Alfonso Gibu y Christian Yamanija. Fue notoria la numerosa presencia de nikkeis que acudieron desde las 3:30 p.m. a la parroquia Santa María Madre de la Iglesia, con la finalidad de escribir los nombres de sus familiares y amistades fallecidos.
En la eucaristía oraron ante Jesucristo y comulgaron, pidiéndole el descanso eterno de sus seres queridos.
Para recibir y dar la bienvenida a los difuntos, un grupo de jóvenes interpretó eisa, una danza okinawense que se baila durante el culto de Obon.
Luego de la misa, muy cerca al altar fueron colocados tres osenkodate, cada uno con flores y una vela grande. Allí, los feligreses colocaron osenko, en lo que ha sido una ceremonia para honrar a sus antepasados.
Festividad en Japón
Japón vive estos días su particular «operación salida», que corresponde al Obon. Las familias se reúnen para hacer ofrendas y bailar.
La mayor parte de los japoneses regresan a sus residencias familiares hasta mañana miércoles para celebrar Obon, que es una festividad de origen budista y se base en la creencia de que los antepasados, protectores de la familia, retornan durante estos tres días al hogar. Por eso, los japoneses se reúnen con la parentela y visitan, limpian y ornamentan con flores e incienso la tumba familiar que contiene las cenizas de los ancestros.