Por Rubén Kanagusuku
El Libro Verde publicado por la editorial Perú Shimpo en 1974, con motivo del septuagésimo quinto aniversario de la inmigración japonesa al Perú, viene siendo traducido y será reeditado para ser presentado al público este año, sirviendo no sólo de documento histórico, sino de una fuente de historias íntimas de cada uno de los nikkeis, pues allí se encontrarán la lista oficial de los 82 viajes que marcaron la inmigración japonesa al Perú. Al respecto, Ricardo Mitsuya Higa nos da más alcances.
¿Cómo se interesó por el Libro Verde?
Desde que conocí el Libro Verde lo vengo persiguiendo. Inclusive cuando se hicieron las Bodas de Oro de Perú Shimpo, le dije al directorio de ese tiempo que queríamos hacer la traducción porque era importantísimo, a pesar de que yo no leo nihongo, pero me tradujeron algunas cosas y me pareció muy interesante por la lista de los viajeros. Hay 82 listas oficiales donde están todos los nombres de los viajeros, de los inmigrantes. Cada viaje está especificado que día salieron de Yokohama y que día llegaron al puerto del Callao, y a qué sitio fueron destinados. Con esos datos uno puede rastrear a los ancestros, para los nisei, sansei, yonsei y todos los que vengan. Y a través de ese libro uno puede saber qué día vino su primer ancestro, además de sacar muchas historias.
Antes los viajes eran una odisea, ¿verdad?
Cuando viajé a España, el viaje demoró 24 días y en ese tiempo hay una convivencia casi diaria. Me imagino que en el caso de los primeros issei aún más, pues van a una tierra desconocida y no saben qué van a encontrar. Entonces se convierten en compañeros de aventuras ¿no? Muchas veces digo que a través del viaje uno se comienza a relacionar con gente que tiene las mismas afinidades, les gusta la literatura o los deportes y conversan. Y al llegar al destino, se comunican y se apoyan. Se hace una amistad como de hermanos.
¿De cuántas páginas constará el libro?
El libro original tiene 600 páginas escritas en japonés. Lo que pasa es que hay como 112 páginas de publicidad. El nuevo libro que vamos a lanzar será íntegramente en español. Lógicamente que no vamos a ser desagradecidos y vamos a mencionar a las empresas que hicieron posible el libro original. Aquel libro era 90 por ciento en japonés y 10 por ciento en español. Ahora va a ser 100 por ciento en castellano.
¿Participó en la redacción del Libro Verde?
No, en la parte en español participaron Chihito Saito y hay un artículo de Samuel Matsuda. En la parte en japonés intervinieron Kiohiro sensei, embajadores y otros más, contando anécdotas y haciendo comentarios. La lista de los nombres que figuran en el libro, Perú Shimpo lo ha donado a la APJ. Por eso tengo que ir con la traductora a cotejar esos nombres con el archivo de Las Indias (por que venían de España).
¿Encontró a su papá en las listas del libro?
Así es. Mi papá está. Mi mamá no, pues ella fue yobiyose, o sea que después de que llegaron los primeros migrantes, la mandaron traer. Inclusive ellos se casaron por carta, entonces eso ya no está en los viajes oficiales. Allí hay un montón de gente, he encontrado a muchos amigos allí entre las listas. Hay partes en donde se narra, por ejemplo, que cuando llegaron a Panamá se escaparon cinco y ya no los encontraron más, y anécdotas así.
¿Sobre el comentario del profesor Toshio Yanaguida diciendo que el libro tiene varios errores?
Ah sí, él me comentó que en algunas listas faltaban algunos nombres y en otras listas faltaba la cantidad de personas. Por ejemplo, decía 325 y sólo habían 305 nombres. Eso nadie lo sabe. Este libro es propiedad de Perú Shimpo y la información salió de los archivos del Ministerio de Relaciones Exteriores. Allí salen los nombres y de qué Ken son. Y a la hora de haber copiado eso en la imprenta, se han olvidado de algunos o se han equivocado. Son los pocos errores que hay. Eso es lo que me decía Yanaguida, que por favor cuide bien eso.
En el texto no hay errores, ya que hay muchas anécdotas muy interesantes. Una de las que recuerdo ahora es que cuando los primeros inmigrantes no sabían hablar y querían ir a comprar huevos, cacaraqueaban y hacían la mímica. Después, el apellido Matayoshi: yo sí mato, y cosas así.
¿Cuál sería la repercusión para las nuevas generaciones?
Primero, que allí está la fuente para encontrar a sus ancestros, para poder rastrearlos. Saber de qué prefectura vinieron, qué día llegaron y a qué sitios fueron por lo menos. Mi bisabuelo fue a la hacienda San Nicolás y allí se va rastreando. Por ejemplo, se averigua en el municipio de Supe y allí se ve los nombres. Se sabe cuantos hijos tiene. Y poco a poco se va descubriendo la historia familiar. Uno se murió, otro se casó y se quedó por allí. La idea es poder rastrear. Más que nada para eso sirve este libro.
Se puede descubrir también a los antiguos grupos que vinieron en los mismos viajes, es decir, a los rokkokai. Después de la guerra había reuniones de los rokkokai. Como fueron 82 viajes, había reuniones de los 82 viajes, generalmente las reuniones eran en «Jardín Perú» y allí hacían sus fiestas. Tocaban su samisen y hacían sus bailes. En ese tiempo no existía la APJ ni otra institución. Era en los Barrios Altos, en la calle Leticia. Hasta venían de Huaral, Cañete y otros lugares que en ese tiempo eran lejanos.
¿Se formaban vínculos muy íntimos entonces?
Así es. Uno se daba cuenta de que esa relación de amistad era más que con sus paisanos.