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Música y danza, tradición y evolución a través de los inmigrantes japoneses

El próximo jueves 9 de agosto, la investigadora nisei brasileña Elza Hatsumi Tsuzuki ofrecerá el conversatorio Música y danza, tradición y evolución a través de los inmigrantes japoneses en el Perú.

La charla, que se realizará a las 7:30 p.m. en el auditorio Jinnai del Centro Cultural Peruano Japonés, expone el proyecto de Tsuzuki, que busca rescatar la memoria del arte de los inmigrantes a lo largo de estos años, para el cual contó con la colaboración de diversas instituciones y personas de la colectividad nikkei.

Para Tsuzuki, la comunidad peruano japonesa, sobre todo la okinawense, cuenta con un gran número de jóvenes que cultivan el arte folclórico y tradicional de sus ancestros. Sin embargo, no se conoce casi nada sobre cómo fue su desarrollo en el Perú.

El conversatorio tendrá como enfoque la presentación de la trayectoria de la música y de la danza tradicionales japonesas en el Perú, desde el inicio hasta los años 80. Por ejemplo, la función más antigua registrada fue una de confraternidad realizada en 1915, en que se presentaron kembu y naniwabushi, entre otros. Al siguiente año, una función teatral obtuvo un gran suceso, que colmó el Teatro Buenos Aires.

Por esa época vino el primer sanshin, y diez años más tarde, el koto okinawense, traído por Soei Yaka, que fue el maestro de todas las damas de la colonia japonesa. Coincidiendo con la llegada del sanshin, arribaron como inmigrantes, bailarines okinawenses. Ya al inicio de los años 20, cuando se realizaban funciones artísticas en grandes teatros peruanos, como el Teatro Mazzi, inmigró una de las pocas personas que enseñó koto japonés.

Durante las décadas que siguieron fueron creadas muchas instituciones artísticas y a menudo se presentaban en los escenarios peruanos y de la colectividad nikkei. Quién no habrá escuchado hablar de Ryojin Taira, conocido también como «Taira no ojjisan», o de su hermano, Ryotoku Taira, así como del legendario bailarín onnagata, Miezo Toma.

La joven Eiko Sakakibara, que enseñaba baile japonés y de otros países; y Narito Hayashi, en los años 70, que se dedicaba de cuerpo y alma a la danza, y confeccionaba los kimonos de sus alumnas con las telas compradas en Gamarra.

Quién no recordará al trío de música japonesa Tsuneshigue-Okada-Ichikawa, que tocaban koto, shakuhachi y shamisen. A al Jardín Perú y al Jardín Áncash, donde se reunían todos los maestros de sanshin, Seisho Yakabi, Chosho Oyama, Seiki Shimabukuro, Mosei Yabiku, Eicho Higa y otras innumerables personalidades constituyeron la historia emocionante de la inmigración japonesa.

Estas y otras historias serán ilustradas con fotos de la época en las que, seguramente, muchos reconocerán a sus maestros, familiares, amigos o conocidos.