Por Alejandro Yoshioka
Desde niña, su amor por los animales la llevó a estudiar la carrera de Medicina Veterinaria. El cariño incondicional y desinteresado que le prodigaban sus mascotas motivó en ella el deseo de cuidarlos. Así, Ysabel Koga Yanagui se convirtió en una destacada profesional.
Es por ello que el Colegio Médico Veterinario Departamental de Lima la nombró Médico Veterinario del Año, un logro que Ysabel Koga agradece y comparte con todo su equipo de trabajo.
«Para mí es un gran honor, me tomó un poco de sorpresa. Yo trato de ser perfil bajo y no hablar mucho de mí, así que recibir este premio es un honor porque otras personas reconocen lo que sencillamente se hace», señaló Koga.
Pero los méritos de Ysabel Koga no son pocos. Ha sido docente, investigadora y hoy es una próspera empresaria.
Bioservice y Reinmark son las dos empresas que maneja junto a su esposo. La primera está dedicada al saneamiento ambiental, diagnóstico microbiológico y la venta de productos veterinarios. Mientras Reinmark se desarrolla en el campo de la biotecnología e higiene.
Asimismo, Koga es coautora de tres patentes de invención: el Ornithobacterium rhinotracheale, un aditivo nutricional y un bioinsecticida.
En el ámbito académico, Koga cuenta con dos maestrías, estudios de posgrado en Japón y Australia, y habla cinco idiomas.
Veterinaria no
Al culminar de forma destacada su etapa escolar, Ysabel Koga ya tenía claro que sería veterinaria. Era una ardua tarea, pues la carrera no se destacaba por la presencia de mujeres. «Mi madre, cuando recién terminé el colegio, me dijo que no estudiara Veterinaria, sino una carrera más para mujer como Farmacia o Medicina. En esa época yo tenía ingreso libre a la universidad porque había terminado en primer puesto el colegio, pero a mí me atraían más los animales, así que me decidí por Veterinaria. Me acuerdo clarito que ella me dijo “te vas a morir de hambre”, pero la persistencia dio frutos, aunque al inicio fue difícil».
«Salí de la Facultad de Veterinaria de la UNMSM en 1985, tengo 27 años ejerciendo la carrera. En ese tiempo era muy raro que una mujer estudiara Veterinaria, porque era vista como una carrera para hombres, más raro aún era que una mujer terminara en primer puesto y así sucedió conmigo», agregó.
Oportunidades
Si bien la vida fue dura con Ysabel, ella reconoce que también le dio oportunidades. «Dios aprieta pero no ahorca», reconoce. Cuando recién empezaba su carrera falleció su padre y no tenía como costear sus estudios, pero se presentó la oportunidad del Crédito Universitario que otorga APJ y pudo terminar.
A la semana de graduarse su mamá falleció y no pudo ver los logros que alcanzaría posteriormente Ysabel.
Con una carrera que recién empezaba pero que tenía alta proyección (recordemos que era primer puesto de su promoción) a Ysabel le llegó una oportunidad de trabajo. Pedro Komatsudani le ofreció un puesto en un camal de beneficio de aves en Huaral. No lo pensó dos veces y se mudó al norte chico.
Conociendo este trabajo, dejó de lado su anhelo de juventud de trabajar con animales menores (mascotas como perros y gatos), para dedicarse a las aves y animales de producción hasta el día de hoy.
«Yo me dedico a lo que son aves, a la parte de diagnóstico, producción de vacunas, también damos diagnóstico a las granjas, incubadoras, nacedoras y últimamente estamos metidos en el rubro de toxicología, no sólo en animales, sino también en alimentos para humanos», señaló.
Lo que ella denomina como su hobby, estudiar idiomas, le permitió acceder a la beca de Yamaguchi Ken y hacer estudios de Microbiología en la universidad de dicha prefectura. Cuando regresó al Perú estudió, a la par, dos maestrías: una en Microbiología y otra en Docencia universitaria, en ambas ocupó el primer puesto. Así, en el 2002, logra la beca de JICA y enrumba a la Universidad de Obihiro para estudiar Biotecnología.
El camino ya estaba marcado. A su regreso le dio impulso a Bioservice y, junto a su esposo, formó Reinmark.
Familia
En sus años de universitaria, Koga conoció a su compañero de vida, Robert Tinoco, veterinario también. Él y Sebastián, el hijo de ambos, son los más grandes admiradores de Ysabel.
En San Marcos, tanto ella como su esposo, vivían cosas similares, las carencias eran una constante, pero su capacidad era su motor para seguir adelante.
Hoy, ambos llevan sus dos empresas de forma exitosa y cosechan lo que sembraron con tesón y perseverancia.
En base a estos principios educan a su único hijo, que si bien no tiene las carencias que tenían sus padres, ellos le inculcan que las cosas no llegan fáciles y hay que trabajar duro para lograrlas.
«Yo le cuento a mi hijo que cuando salía con su papá no teníamos plata y él no me llevaba a un lujoso restaurante a comer. A veces me invitaba pan solo, era lo que él podía darme y yo estaba feliz con eso. Otras veces yo compartía mi almuerzo con él. Mi hijo me responde “eso sí es amor mamá” (risas)».
Una forma de mantener los pies siempre en tierra es la silenciosa labor social que cumple la familia Tinoco Koga, que busca siempre ayudar a los niños necesitados de albergues o centros de salud. Una forma de devolver las oportunidades que Dios les ha dado, confiesan.
Un consejo
«Me gustaría decirles a todos los jóvenes que están estudiando una carrera, que por más difícil que sea el camino, uno debe continuar. Hay que tener fe en Dios y en la propia capacidad. Así podemos salir adelante en todo lo que nos propongamos. El camino puede parecer difícil y se puede decaer, pero con el favor de Dios y la constancia, uno puede lograr muchas cosas», finalizó Koga.
Premios y distinciones
1.º puesto en la promoción de Medicina Veterinaria.
1.º puesto en las Maestrías de Investigación y Docencia Universitaria de la UIGV y de Microbiología de la UNMSM.
Premio Hipólito Unanue por el mejor trabajo de Investigación Científica 2005.
Premio Nacional Sinacyt a la Innovación 2011 otorgada por Concytec.
Premio a Mejor Empresa del año 2011 otorgada por la UNMSM.
Finalista en Creatividad Empresarial 2011 por la Universidad de Ciencias Aplicadas (UPC).