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Presentarán documental El sanshin en el Perú

Los primeros okinawenses que llegaron al Perú no sólo trajeron a cuestas grandes sueños, sino una gran riqueza cultural que a más de cien años de su arribo al país se mantiene perenne en sus descendientes. Una de las manifestaciones más importantes es la música, al punto que hoy en día encontramos varios grupos juveniles enfocados en rescatar la música okinawense, fusionándola con ritmos modernos.

Con la intensión de rescatar la historia de los cultores del sanshin, Akemi Nako y Rubén Sugano elaboraron un documental en el que a través de entrevistas y recopilación de datos nos muestran la historia del sanshin en el Perú.

En ese sentido, este domingo 8 en el Auditorio Junjii Nishime de la Asociación Okinawense del Perú se rendirá un sentido homenaje a los cultores del sanshin, cuyo legado se festejará de las manos de las nuevas tecnología, mediante un DVD en el que con imágenes y sonidos nos transportarán a aquellas épocas de antaño.

Para este fin se ha preparado un variado programa artístico, en el que las nuevas generaciones rendirán homenaje a sus maestros. Las personas interesadas en asistir al evento pueden adquirir sus entradas a un costo de 15 nuevos soles, que les permitirá también adquirir el DVD.

Esta celebración y el presente DVD fueron aprobados por la prefectura de Okinawa entre variados proyectos. La apuesta por el sanshin y sus historia estuvo a cargo de la embajadora de Buena Voluntad Akemi Nako (título honorífico designado por la prefectura de Okinawa que implica un gran compromiso con la cultura okinawense) y de Rubén Sugano (gran difusor y único especialista del sanshin en nuestro país), contando con el apoyo de Okinawa, las instituciones de nuestra colectividad, exbecarios de Okinawa y de los distintos Shi-Cho-Son como entusiastas miembros de nuestra colectividad.

Historia
Hace más de cien años, intrépidos viajeros uchinanchu decidieron abandonar sus hogares en busca de un futuro diferente. Renunciaron al telúrico calor de sus familiares, a disfrutar de su prístino mar y resplandeciente sol, a compartir el incisivo sabor del goya dulce de la mano de mamá o el alegre pero marcial retumbar del taiko, como el regocijo de danzar todos juntos al ritmo de un melodioso sanshin.

Con fortaleza y decisión marcharon en busca de una oportunidad en una tierra lejana al otro lado del Pacífico. Con más dudas y menos certezas de una desconocida tierra llamada Perú, desafiaron a la vida, pero jamás olvidaron sus raíces okinawenses y su eterna alegría.

En esa travesía los acompañó un noble instrumento de tres cuerdas, cuya áspera caja de piel resonaba con alegres notas y su laqueado mango de árbol de kuroki le suministraba una elegancia singular. El fiel artefacto colaboró con espantar la añoranza del terruño extraviado, sus melodías acompañaban la soledad del cielo gris limeño, otorgando un tanto de algarabía y color a sus sacrificadas vidas.

Entorno a sus canciones y a su sanshin se compartían con los paisanos las tradiciones y el orgullo uchinanchu en otras latitudes, otros campos, otros cielos, pero con la misma intensidad de la patria, pues anhelaban entregar su más valiosa herencia: su identidad, sus costumbres y sus visiones con las comodidades que jamás tuvieron.