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Elena Ishimatsu: «El arroz con camote era algo normal para nosotros»

Llegó al Perú a la edad de 12 años, en 1952. Vivió todos los efectos después de la Segunda Guerra Mundial en Okinawa. Elena Ishimatsu es la actual presidenta de la Asociación Femenina Okinawense del Perú. Formó una filosofía recta y sólida que sólo con el tiempo llegó a comprender.

«Mi mamá siempre me decía: “esto es así y así”. A mí me fastidiaba. Y luego me decía: “hasta que no llegues a mi edad y tengas tus propios hijos no vas a saber” y tiene razón. Eso es cierto. Conforme fui avanzando, descubrí que tenía razón. La enseñanza fundamental que dejaron los issei es que sigan aprendiendo. Eso se aplica en todo en la vida», afirma.

¿Qué recuerdo tiene de su infancia en Okinawa respecto a la comida?
Viví la época de la postguerra y en ese entonces el recuerdo que tengo es que el camote lo comíamos de raíz y yo pensaba que el camote era así. Pero conforme fueron mejorando las cosas, el camote era rico, como es ahora, como debe de ser. En mi infancia pensábamos que el no comer gohan era normal. No comer el arroz blanco era normal. Si teníamos una actividad especial fuera del diario, nos preparaban gohan especial y ¿qué era? Era gohan con camote o con yasai. O también el arroz aguadito, era más agua que arroz, pues el arroz era un lujo en ese tiempo. Pero creo que el mayor problema era de los adultos, pues tenían que pensar qué le iban a dar a los niños, o sea, a nosotros.

¿Y eso de no comer gohan era normal para todos?
Sí, en el colegio veía a todos y más o menos era casi lo mismo, el arroz con camote era algo normal para nosotros.

Aparte del camote ¿en qué consistía el menú?
Era el misoshiru, que se preparaba en casa. La comida era a base de arroz, y teniendo eso se podía acompañar de yasai. A la casa llegaba harina, tamago y ropa. Pienso que era reparto de la Cruz Roja de ese tiempo. No sabía de dónde venía ni por qué. Okasan preparaba con  harina el soba. En casa mi mamá preparaba eso y era un lujo para nosotros. Por eso se prepara el soba tipo Okinawa.

Ese tiempo de postguerra ¿fue muy difícil?
Así es. Yo hasta el tercer año de primaria iba descalza al colegio. Ropa tampoco había. Mi mamá nos cosía la ropa con lo que podía. Tenía cinco años cuando estalló la guerra y no supe ni cómo empezó ni como terminó. Me acuerdo sólo de ese lapso. Que nos llevaban a la cueva, cuando sonaba la alarma y venía el avión. Por eso es que no recuerdo mucho de la parte gastronómica. De las chacras salían ranas y grillos y eso comíamos, era comer carne.
Después de la guerra ya fue mejorando y ya podíamos salir a cosechar arroz, camote, yasai, entre otras cosas. El camote era lo esencial, fácil de plantar y de cosechar. La verdad es que en ese tiempo no sé cómo comíamos. Para nosotros no había comida de fiesta o comida diaria.

¿Cómo era la educación en ese tiempo?
Íbamos de aldea en aldea para que nos den clases. No teníamos papel ni lápiz. En el gakko formábamos y nos daban espacio en el suelo y todos los ejercicios los hacíamos en el suelo. Los juegos eran canicas y a manera de plastilina usábamos la masa que sale del fondo de los ríos. Después ya aparecieron el papel y los lápices.

¿Cómo vio al Perú cuando llegó?
Para mí era un país que tenía de todo. Cuando me llevaron al mercado vi una cantidad de frutas que nunca había visto. Yo conocía sólo la mandarina y el plátano. Había una gran variedad de frutas. Lo primero que me impresionó fueron las frutas y después los pescados, semejantes pescados, y sobretodo baratos para la época. El lenguado era enorme. Allá en Japón eran pequeños.

¿Qué plato le gustó más?
El sancochado. Nunca podré olvidar el otsuyo (caldo) tan rico, con tanta carne y tanta verdura. Eso es lo que me queda hasta ahora.

¿Qué comida okinawense extraña?
Extrañar no mucho, porque no sabía qué era especial ni normal. Recién aquí probé el ashitibichi.

¿Cuál es su menú semanal?
En mi casa generalmente es nihonyori. Comida criolla no sé cocinar bien. Vine de Okinawa e ingresé al gakko hasta secundaria, y con la misma salí a trabajar. Cocino pero no a la perfección. En las mañanas en casa no falta misoshiru, tofu ni yasai. Cuando no tengo pan o leche, allí está mi misoshiru. Cebollita china y orenzo (espinaca) siempre hay. En vez de papa, yuca, ají y verduras para saltear.

¿Cómo hace su saltado?
A mi manera (risas). Dejo todo el yasai que quiero, luego frío la carne a medio cocer y luego echo las verduras y agrego el shoyu y el hondashi (caldo de bonito). Al terminar, agrego un poco de aceite de oliva o de ajonjolí. No mucho sazonador. El misoshiru igual. Ya para servir en el plato, agrego aceite de oliva.

Cuando no ha tenido tiempo de cocinar ¿qué come?
Tengo mi umeboshi, encurtido fukushinzuke (de varias verduras), goya. Cuando tengo malestar por ejemplo, como umeboshi con okayo nada más.

¿Qué encurtido le agrada más a usted?
El dakkyo. Un encurtido que es a base de cabecitas de cebollitas china.

¿Algún secreto para su arroz blanco?
Ninguno. Como tengo tendencia a la diabetes, estoy comiendo arroz integral. Y le agrego quinua. Lavo el arroz y lo dejo remojado por horas y le agrego quinua y lo sancocho. Yo compro cinco panes y me dura una semana. No soy de comer papas ni pan. Muchas veces reemplazo el misoshiru por el gohan. Todas las mañanas le pongo ocha al butsudan.

¿Cómo lleva usted el butsudan?
Hay personas que le colocan ocha y gohan los días uno y 15. Pero en mi caso le coloco todos los días. Llevo el butsudan al estilo okinawense. No hay una regla específica de cómo se debe atender. Es todo kimochi. Cuando estoy fuera, llevo comida y le pongo primero al butsudan. Luego coloco el osenko y después retiro la comida.

¿Algún mensaje para la tercera generación?
Nunca es tarde para aprender. Hagan caso a los mayores. Las recomendaciones de ellos no son por fastidiar. No lo hacen porque no los quieren, los quieren, por eso que le enseñan eso. Aunque ustedes se fastidien, escuchen y aprendan las enseñanzas. Y eso, a la vez, ustedes le van a enseñar a sus hijos.