El obispo de la comunidad budista Honpa Hongwanji, Hakko Inoue, una vez más experimentó la felicidad y el entusiasmo por la cálida bienvenida con la que lo recibieron los nikkeis de Lima y Cañete, en la visita que realizó para despedirse al culminar sus funciones como obispo, debido a sus 80 años de edad.
Acompañada por la reverenda Fabiana Fukaya, el obispo llegó el día martes y se reunió con los expresidentes de la Asociación Peruano Japonesa, así como con los usuarios del Centro Recreacional para la tercera edad Ryoichi Jinnai, a quienes les dedicó una charla acerca de la enseñanza de Buda.
Al día siguiente, Inoue viajó a Cañete para celebrar un oficio budista en homenaje a los inmigrantes japoneses. Esto se desarrolló en el templo Jionji, que está junto al local de la Asociación Peruano Japonesa de Cañete, donde hay cerca de tres mil ihais o tablillas mortuorias.
En el acto budista participaron familias nikkeis de Cañete elevando plegarias, y pusieron osenko al recordar la vida de los inmigrantes japoneses.
Enseguida, el obispo Inoue les ofreció una ilustrativa charla. Con sinceridad hizo votos para continuar con la difusión de la enseñanza de Buda y que en el Perú florezca el budismo.
Sensei Hakko desarrolló un esclarecedor tema sobre la flor de loto, que es el símbolo budista: «La flor de loto tiene un sólo tallo y por cada tallo nace una sola flor, y de esta manera nos muestra que la vida debe ir por un sólo camino. No hay que ir por diferentes caminos, sino hay que continuar por una misma travesía, hay que esforzarnos para mantenernos en un sólo rumbo», meditó.
Dijo que tanto la flor de loto como el fruto, nacen simultáneamente, «esto nos explica que lo que pensamos, lo que sentimos y lo que hacemos es una misma cosa, entonces seamos coherentes. Por ejemplo, cuando uno dice voy a dejar de fumar o voy a dejar de beber porque nos hace daño, pero por no ir por un mismo camino, no abandonamos el cigarro o seguimos consumiendo alcohol. Tenemos que ser razonables y hay que dejar de fumar y de beber», subrayó.
Otra característica de la flor de loto es que esta planta en la mañana florece y en el atardecer se cierra. «Esta flor nos enseña que nuestra vida debe tener una armonía, hay que respetar ese ritmo a través de la naturaleza. Hay que levantarnos temprano y acostarnos temprano», aconsejó el obispo Inoue.
Previo al cierre de la charla, contó que la visita al Perú iba a ser la última, no obstante este viaje le ha dado energía y piensa venir una vez más a Lima. «Nos encontraremos nuevamente y vamos a hablar sobre el budismo», expresó con una sonrisa de gratitud.
Hakko Inoue, nacido en Japón, ha sido obispo budista de Honpa Hongwanji para toda la comunidad sudamericana. Debido a su simpatía y a sus reflexiones sobre la enseñanza de Buda, se conectó con la colectividad nikkei de diferentes países. Fue en 1995 cuando conoció el Perú por primera vez.
«Al obispo Hakko Inoue lo hemos recibido con la mayor alegría, espiritualmente su visita es trascendental para nosotros, los nikkeis de Cañete, de Lima y de todo el Perú», reflexiona el presidente de la Asociación Peruano Japonesa de Cañete, Miguel Gusukuma, al referirse a la presencia del obispo budista de la comunidad Honpa Hongwanji.
Afirma que sensei Inoue ha traído al Perú «una nueva luz y una nueva esperanza».
El máximo representante de Honpa Hongwanji fue recibido en Lima por los nikkeis cañetanos y con quienes viajó hacia sur de Lima para orar y ofrecer una charla en el Jionji, ubicado en el distrito de Cañete, considerado el templo budista más antiguo en Sudamérica.
«Sensei Inoue nos ha enseñado a hacer las cosas en orden, en armonía y en paz. Primeramente, hay que buscar una meta», manifiesta Gusukuma. Asegura que la enseñanza del obispo budista es esforzarse para plantearse un sólo objetivo.
Además, manifiesta que su visita a Cañete le ha dado energía al obispo, por lo que quedaron en reencontrarse nuevamente cuando los nikkeis cañetanos vayan a Japón o cuando sensei Hakko vuelva al Perú. «Inicialmente, sensei Inoue vino para despedirse del Perú; sin embargo, por las energías que ha recuperado, hemos decidido volver a reunirnos», dice.
Quince familias nikkeis de Cañete –Kina, Sato, Asato, Gusukuma, Kohatsu, Higa, entre otras–, desde muy temprano, compartieron el día miércoles con el obispo Inoue y la reverenda Fabiana Fukaya. En el local de la APJ se llevó a cabo el desayuno y, luego de las oraciones y colocación de osenko en el templo Jionji, almorzaron en el restaurante Las Terrazas, de propiedad de Ana Kawano.