Motome Okuyama (97) es uno de los grandes personajes de la colectividad peruano japonesa. Es consejera de Fujinkai, ha sido condecorada por el Gobierno de Japón, de la mano de su esposo han logrado el éxito en los negocios y, sobre todo, han sacado adelante a una numerosa familia. De esta manera podemos tomar la denominación que le da uno de sus bisnietos y decir que Motome Okuyama es la «súper obaachan».
El Día de la Madre es una fecha especial para la familia Okuyama que se reune en la casa de la matriarca, que a veces queda chica ante la visita de más de 70 personas, todos ellos hijos, hijos políticos, nietos y bisnietos, que disfrutan de estar reunidos bajo el brazo de la obaachan.
Hoy los Okuyama estarán reunidos, cada uno llegará con una fuente para compartir el almuerzo, la obaachan engreirá a su amplia descendencia con un sabroso oden, pero lo importante para Motome Okuyama es disfrutar de la compañía de todos.
«Para el Día de la Madre, las hijas y las nueras traen sus fuentes. Ahora ya estoy tranquila. Comemos sushi, ceviche y varias cosas», señaló la obaachan, quien nos confesó que su plato favorito es el ceviche.
Motome Okuyama es una mujer que ha trabajado toda su vida, por lo que a su edad su mayor revitalizante es mantenerse ocupada. Así, cocina, cose, participa en las clases de karaoke de Fujinkai, asiste al Centro Jinnai o juega gateball.
«Todos los días cocino, me voy a Metro caminando y regreso en taxi. Ahí mismo me pongo a cocinar. Como vivo sólo con mi hija, cocino poco. Algo hay que hacer, porque trabajar me ayuda mucho a mantener activa la mente», explica.
Según nos contó Patricia Okuyama, su mamá es muy hábil para la cocina, al punto que inventa platos con lo que encuentra en la refrigeradora y siempre con un resultado para chuparse los dedos.
En cuanto a los platos favoritos de sus hijos y nietos el oden es infaltable. «Es un plato con bastante verdura, lleva pollo, shiitake, kamaboko, nabo y sato imo, gobo, shoyu, azúcar y un poquito de licor. Es algo que le gusta mucho a todos, y sobretodo a los chicos».
Nueve hijos
Motome Okuyama llegó al Perú en 1939 con su esposo Julio Kajzu Okuyama. En su viaje de mes y medio en buque, traía a cuestas a su hija de sólo cinco meses.
«Yo he tenido siete hijos, pero mi esposo antes de casarse conmigo había enviudado y tenía dos hijos a quienes vi desde chicos, así que en total tengo nueve hijos», mencionó.
El inicio de su historia en Perú no fue fácil, más aún con una familia grande que mantener. Pero la obaachan Motome encontró en su misma familia el apoyo necesario. «Bastante trabajé pero mi esposo era muy bueno y me ayudaba, mi hija mayor también era muy inteligente y ella ayudaba a sus hermanos menores en las tareas».
El primer negocio de la familia Okuyama en Perú fue una tienda en el Mercado Central. «Vendíamos comestibles, bicicletas, máquinas de coser y todo tipo de cosas importadas de Japón. Cuando comenzó la guerra nos quitaron la tienda y no teníamos trabajo, un amigo nos prestó un terreno para sembrar flores en Pueblo Libre, sembrábamos gradiolas».
«Guardamos un poco de plata antes de que nos quitaran la tienda y compramos un terreno en La Victoria, pero no teníamos el dinero para cercarlo, así que él (su esposo) tenía una sortija de brillantes que vendió para cercarla y así se hicieron cinco tiendas en el terreno. Empezamos a vender bicicletas importadas y aumentó también la venta de máquinas de coser. Se ganó regular dinero y compramos otro terreno en Montevideo con Ayacucho, un edificio de siete pisos, y se hizo una fábrica de bicicletas. El nombre era Inbisa», nos relató.
De esta forma el negocio familiar despegó y se pudo dar mayor estabilidad a los hijos para así disfrutar de la creciente familia. Hoy, Motome Okuyama nos cuenta que tiene más de 25 nietos y casi la misma cantidad de bisnietos. «Tengo 26 o 27 nietos, ya mucho (risas). Todos los meses tengo cumpleaños y a veces son tres o cuatro, a cada uno le regalo sus cien soles. Me acuerdo todos los nombres en japonés y todos los cumpleaños de los nietos y bisnietos», nos confesó.
Recuerdos de mamá
De su infancia en Japón, Okuyama san recuerda que fueron momentos muy difíciles, vivían humildemente, eran seis mujeres y un hombre, acompañados siempre de la figura de su mamá.
«Cuando vine a Perú mi mamá estaba muy preocupada, casi diez años se los pasó llorando. Yo pensaba \"pobrecita mi mamá, ¿la nuera la querrá?\". Luego mi mamá se enfermó y después de veinte años regresé a Japón a verla. Mi esposo me mandó a Japón para que cuide a mi mamá, en esa época recién había aviones y así me fui. Encontré a mi mamá en cama, después de veinte años que no nos veíamos, y mi mamá no quería que me vaya a ningún lado, quería que esté junto a ella. La cuidé 15 días hasta que mi mamá murió».
En este viaje Motome Okuyama fue testigo del inmenso amor de su madre, que si bien no conocía a la familia que tenía en Perú, siempre los tenía presentes. «Mi mamá tenía guardadas debajo de su cama las fotos de sus nietas a quienes no conocía, las quería mucho. Cuando yo regresé me entregó las fotos».
Hoy en día Motome Okuyama quiere pasar los cien años como su única hermana que tiene viva y que tiene 103 años. Tiene la vitalidad necesaria para lograrlo y el cariño rebosante de su familia.
«Quiero que toda mi familia esté bien, quiero vivir tranquila hasta los cien años, aunque eso no lo sabemos, sólo Dios. Por eso cuando me levanto en la mañana, veo que es otro día sin novedad y doy gracias y pongo osenko en el butsudan».