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Mi hijo Satoru es el amor más grande

«El 27 de abril del 2010 nace Satoru y nos trajo la felicidad más grande, a mí, a mi esposo, a toda mi familia. Así empecé a ser mamá».  Aimi Nakada, arquitecta, empresaria, casada con el empresario Akira Ota, define cómo nació la grandiosa felicidad, en el instante en que ella dio el primer paso de ser mamá.

«Hasta ese momento toda la prioridad era mi profesión, la arquitectura, el manejo de mi empresa y mi desempeño como esposa. Con la llegada de mi hijo cambió todo», manifiesta la joven mamá, mientras Satoru juega en el jardín con su obaachan Kazuko Nakada y su papá Akira Ota. Ni un segundo Aimi se distrae, más bien está pendiente de todo lo que hace Satoru. La esencia maternal es dedicarle al hijo las 24 horas del día.

«Sin dejar de lado mi profesión, tengo la suerte de entregarle a Satoru el ciento por ciento de mi tiempo, siempre estoy al tanto de sus cosas y de sus requerimientos», subraya la mamá arquitecta, quien acentúa que con su esposo se esfuerzan en la formación correcta de su hijo, transmitiéndole los valores que heredaron de sus abuelos japoneses.

«En la primera infancia es que absorbe su futura personalidad, su formación y su buen comportamiento. Tal vez, a los siete años ya no se va a poder empapar con lo que uno le está dando como madre, como padre y como abuelos», reflexiona Aimi.

A los dos años, Satoru ya tiene una identidad nikkei propia y definida, su personalidad ya está marcado con los valores de sus bisabuelos okinawenses.
«Satoru es de la cuarta generación de descendientes japoneses, espero que él tenga todo lo bueno de ser peruano, pero que no pierda el lado de su historia familiar. Él existe porque sus bisabuelos vinieron del Japón al Perú. Una identidad bien clara le va a ayudar ser más seguro de sí mismo», son los pensamientos de ser madre, quien tiene la certeza que la formación viene de casa.

El día más emocionante para Aimi fue el Undokai, cuando Satoru se presentó como un niño que sabe cantar y bailar. «Cuando participó el Ceine Santa Beatriz, donde estudia Satoru, me embelesó ver los movimientos de cada uno de los niños», resalta.

Para Aimi escucharle un «mamá» a Satoru, es la dicha más grande. «Mi hijo se acuesta a las 8:00 p.m., se despierta muy temprano, antes de las 6:00 a.m. , y lo primero que él dice es \"mamá\" y eso me llena emocionalmente. Para mí es la dicha más grande. Inmediatamente, el papá sale corriendo para servirle y llevarle la leche. Yo voy a cambiarle con el uniforme, le preparo la lonchera y lo llevo al colegio». De esta manera es el feliz cotidiano de ser madre.

El enternecimiento con Satoru no tiene comparación, porque el amor y el cariño entre madre e hijo es una experiencia grandiosa y única.
El Día de la Madre será una ocasión inolvidable para Aimi, Satoru y Akira. En homenaje a la mamá, se reunirá la familia completa para participar de un festivo almuerzo y la mejor cena.