Por: Yaquir Sato
Takako Akamine es una de las principales difusoras del idioma y la cultura japonesa en el Perú, expresidenta de la Asociación Femenina Peruano Japonesa y actual voluntaria del Centro Recreacional Ryoichi Jinnai.
Akamine llegó al Perú en diciembre de 1977 «en nuestra época, después de la guerra, ya hasta la comida de los okinawenses había cambiado. Entró de todo a Okinawa. No era tradicional okinawense como siempre era. Yo fui creciendo ya entre comida occidental Seiro ryouri, Nihon ryouri, Okinawa ryouri ya todo estaba mezclado»
Al llegar al Perú, la situación era diferente para los inmigrantes, pues había de todo en esa época, insumos, negocios de japoneses ya establecidos. Estaba de salida el gobierno del general Morales Bermúdez. Antes de arrivar a Lima fue a Tokio a hacer trámites y se quedó cerca de un mes. Después fue a Hawai y Los Angeles y el destino final fue el Perú.
¿Cuándo llegó a Lima encontró comida okinawense en el Perú?
Sí, el Jushi por ejemplo, que es como un aguadito al estilo okinawense, es aderezado todo con verdura. Acostumbraba comer eso. Cuando llegué todos a mi alrededor eran okinawenses, por eso toda la comida era al estilo okinawense.
¿Cuando llega acá que sorpresas encontró en las costumbres locales?
Lo primero que me sorprendió es que la gente come mucho. Una vez me invitaron a un tanomoshi, primero salió el soba (una porción generosa), después vino el segundo y después el postre (como nantu, etcétera). Para mí fue sorpresa la cantidad. Muy abundante.
¿Y sobre los insumos?
Me sorprendió que en Perú haya soba, había insumos. Por ejemplo en Nihon la carne se vende por gramos, aquí se vende por kilos. Eso también me sorprendió. Nunca me olvido tampoco el día que mi familia vino a visitar mi casa y trajeron el pollo vivo. Como no sabía cocinar, tuve que dejarlo en el jardín y a la siguiente semana la misma persona vino y me preguntó si lo había comido. «No, está en el jardín le dije». En cuanto al arroz si sufrí. No era igual al de Nihon, acá se come más graneado. Cada vez que comía pensaba «¿por qué yo vine acá?» (risas)
¿Y qué platos peruanos le gusta?
El ceviche me gustaba, pero no podía comer el rocoto. El picante era muy fuerte. Otra cosa, no me gustaba el culantro, por eso el arroz con pollo no lo podía comer por el olor. Igual que el seco. Pero después me he ido acostumbrando. Si falta el culantro, algo falta. En ese tiempo cuando había fiestas siempre preparaban arroz con pollo. «Coma, esto es rico» me decían, generalmente el uchinanchu es así, me decían, pero yo no podía comer. Y el arroz blanco graneado tampoco lo podía comer.
¿Y en lo que se refiere a las frutas?
Todo fue novedad para mí. Nunca había visto tanta variedad de fruta. Lo primero que me gustó fue la chirimoya. En Nihon no había. Después una amiga me invitó la tuna. Esas dos frutas nunca las había visto. Después me enseñaron la granadilla. Esa fruta la aprendí a comer acá también.
En esos tiempos ¿qué extrañaba de la comida japonesa?
Extrañaba bastante el tsukemono. Y una amiga japonesa un día me invitó a su casa y tenía un tsukemono (encurtido de verduras) de kiuri (pepino). Me enseñó que con pan francés y cerveza negra se podía hacer. Con eso hizo la masa y después puso las verduras y el shio (sal). Eso para mí fue sorpresa. Las personas utilizan todo su conocimiento cuando hay necesidad. El sabor estaba muy bueno cuando lo hacía.
¿Qué productos de la cocina japonesa los veía como de lujo estando en el Perú?
El kombu (alga marina) que es muy utilzada por los okinawenses. La mayoría de la cocina okinawense utiliza el kombu. Por eso siempre que una familia iba a Okinawa traía de omiyague kombu.
También el aza, que es como un alga verde que se utiliza mucho también. Entonces con el o-tofu hace sumashijiru o misojiru, eso también extrañaba.
La cultura okinawense es bastante diferente, yo pienso que la cocina nikkei del Perú es okinawense...
Yo pienso eso también, pues Okinawa tiene mucha influencia de China. Entonces los peruanos fácilmente pueden adaptarse a esa cultura y pueden comer. Si están acostumbrados al chifa, la comida okinawense es fácilmente aceptada ya que tiene mucha influencia china.
¿Cuando usted llegó ya la comida china era conocida en el Perú?
Sí, yo vine en un tiempo donde ya había de todo acá. Había tofu, kamaboko, de todo había. Una amiga preparaba el tofu con agua de salinas. Bien rico le salía el tofu para comer el gyudofu.
Y cuando regresó a Okinawa luego de vivir tiempo en el Perú ¿qué comida extrañaba de aquí?
El sancochado. Lo primero que hice al llegar a Okinawa fue comer ramen. Cuando estaba acá extrañaba el ramen y cuando estaba allá extrañaba el sancochado.
¿Y sobre las menestras?
En Okinawa casi no se comen. Antes no comía, pero ahora sí. Cuando vine y me mostraron el seco con frejoles, no podía comerlo, pues el seco llevaba culantro y el arroz venía aderezado. En casa siempre preparábamos el arroz sin aderezo. Últimamente si hay rico arroz, antes no había. Los primeros tres años en el Perú quería regresar por el arroz. (Risas)
¿Cómo ve la situación gastronómica en el Perú en la actualidad?
Creo que en provincias hay muy buenos alimentos como la quinua, la kiwicha y demás que en Lima no se consumen. Y son alimentos muy interesantes, muy saludables. Creo que esa forma de pensar, de que es comida de fuera es lo que hay que cambiar. Yo cuando voy a Nihon llevo quinua y les preparo a mis sobrinos nietos y a ellos les gustaba, por eso cada vez que voy, les llevo.
¿Y el postre típico limeño que más le gustó?
Los postres eran demasiados dulces para mi gusto. Y como llegamos casi a finales de año, encontré el turrón de doña Pepa. Yo sola me comía casi un kilo.
¿Y en Okinawa que dulce tradicional comía?
El sata andagui y el chisko (tipo galleta) que se usa para servir a las visitas.