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El día que Julio Iglesias visitó a Fujimori y Susana en Palacio

Por: Alfredo Kato

Dicen que cada medio minuto se escucha en algún rincón del mundo un disco de Julio Iglesias y debe ser cierto. Sin embargo, cuando lo conocí en Buenos Aires en diciembre de 1970, no era así. Por entonces, el hoy indiscutible ídolo de la canción romántica era un joven de 27 años que, a pesar de haber ganado en 1968 el Festival de Benidorm con su canción \"La Vida sigue Igual\", luchaba por hacerse famoso.

Yo estaba en la capital argentina, invitado por la Metro Goldwyn Mayer al Avant Premiere Mundial de la película \"La Hija de Ryan\" de David Lean, célebre por \"El Puente sobre el Río Kwai\", \"Lawrence de Arabia\", \"Dr. Zhivago\", etc. ; cuando en el lobby del Plaza Hotel me encontré con el representante artístico español Kike Herreros (había traído a Lima a Sarita Montiel) y me dijo que quería presentarme a un nuevo cantante.

Mientras conversábamos, Julio Iglesias recordó que conocía una canción peruana y comenzó a cantar \"La Flor de la Canela\", acompañándose con una guitarra. Creo que estaba a la mitad del vals de Chabuca Granda cuando se acercó un botones del hotel y le pidió que dejara de cantar \"porque está perturbando la tranquilidad de los otros huéspedes\". Fue entonces que el artista, con humildad, comentó: \"Tiene razón\" y dejó de cantar.

Hoy, al recordar este episodio, me pregunto ¿Quién se atrevería ahora a pedirle que se calle? y sonrío.

Pasado un tiempo recibí una carta suya informándome que había montado su propia oficina y, desde entonces, anualmente recibía su tarjeta con saludos de Navidad y Año Nuevo. En 1984 me invitó al concierto que iba a ofrecer en el Madison Square Garden de Nueva York pero yo no pude asistir porque acababa de ingresar a \"El Comercio\" , tras laborar 22 años en \"La Prensa\", y estábamos analizando cómo iba a ser la página a mi cargo.

En octubre de 1991, Julio Iglesias me invitó al concierto \"Starry Nights\" que iba a ofrecer en el Wembley Arena de Londres y, además, una entrevista exclusiva. Esta vez no me lo perdí y volé más de 16 horas hacia Londres, pasando por Amsterdam. El cantante se portó maravillosamente y, antes de cantar en otras ciudades británicas, les pedía a sus asistentes que me llevaran a tal o cual restaurante.

Pocos meses después, Julio llegó a Lima para cantar en el Círculo Militar. Yo sabía que se iba a alojar en el Sheraton Hotel y lo esperé en el lobby y vi como ingresó rodeado de guardaespaldas y una nube de redactores y reporteros gráficos. Fue tal el alboroto que un fotógrafo de \"La República\" cayó en la poza ornamental que existía entonces en el mencionado hotel...con cámara y todo.

Me coloqué frente a él y el grupo de periodistas que lo escoltaba y, cuando el artista me vio, me abrazó y me dio un beso en cada mejilla y luego tomándome de un brazo me introdujo en el ascensor. En la suite presidencial ya se encontraban su médico personal, el gerente de Discos Independientes Augusto Sarria, el empresario artístico Dr. Domingo \"Chomin´s\" Castro y dos guapas y esculturales anfitrionas con unos trajes cortos al cuete que parecían cosidos sobre sus cuerpos.

Realmente, no podía decir cuál de las dos era la más bella y Julio, que es tan mujeriego, me preguntó: \"Oye, ¿qué pasaría si yo me enamoro de una de estas chavalas?\"  y yo, riéndome, le contesté \"Vendría su padre con una escopeta\". Luego se dirigió a las bellezas: \"¿Tienen novio?\" y las dos contestaron al unísono que no. Cuando una de las chicas pidió permiso para usar el teléfono, el cantante le dijo: \"Dile, papá, no voy a regresar porque me quedo a dormir con Julio Iglesias\". Yo me reí y comenté: \"Cuidado, que se viene también la mamá\".

En un determinado momento le conté que un reportero gráfico de \"La República\" había caído en la pileta que existía antes en el lobby del hotel con cámara y todo. Fue entonces que Julio Iglesias le pidió a su secretario que averiguara el nombre del fotógrafo y el tipo de cámara para devolverle uno nuevo. Y el artista cumplió porque, poco tiempo después, el reportero gráfico de origen japonés recibió una cámara con un saludo. Supe que nunca la usó y adornaba su sala.

Eran como la tres de la madrugada cuando Julio dijo que tenía hambre y los del Sheraton se vieron obligados a mandar a buscar al cocinero, al jefe de almacén y abrieron el restaurante La Cúpula. El intérprete hispano que ha vendido más discos en español, inglés, portugués y japonés pidió un plato a base de carne de res y yo camarones. Hizo que su secretario bajara de su suite una botella de vino  (un poco más grande que las normales) que, según alardeó, le había costado 10 mil dólares en París.

Mientras disfrutábamos de la comida y el vino, el cantante me dijo que tenía que descansar un poco porque - dentro de unas horas- sería recibido por el entonces presidente Alberto Fujimori y me pidió que lo acompañara a Palacio de Gobierno. Prefirió viajar en el automóvil de \"Chomin´s\" y nos pidió - a su médico y a mi- que fuéramos en la limousina. Yo comenté en son de broma: \"Creo que quieres que yo muera si hay un atentado\" y él me dijo; \"No, hombre\".

Fujimori y el famoso artista conversaron un rato, hasta que el primer mandatario pidió disculpas porque tenía otra reunión y nos dejó con la entonces primera dama Susana Higuchi . Julio Iglesias le preguntó a ella: \"Señora, ¿conoce usted a este señor que parece haberse enamorado de mi, porque me viene siguiendo desde Londres?\" Fue entonces que, con gran sentido del humor, Susana le respondió: \"Por supuesto, él es de la familia\".

A continuación, Susana nos invitó a pasar al comedor donde se sirvió un almuerzo en el que participaron tambíén sus más cercanos colaboradores.