Por: Ciria Chauca
¿Qué es la Asociación Femenina Okinawense del Perú?
Es una institución que agrupa a todas las okinawenses, a quienes se les enseña la esencia de la prefectura de Okinawa. Espero que la nueva generación aprenda eso y, antes de que nos vayamos, que inculquen a sus hijas esa mística que tenemos los okinawenses.
¿Qué deben hacer las socias?
Que no se pierda la identidad okinawense y que se integren más damas jóvenes para ir enseñándoles todo lo que sabemos.
La Asociación Femenina Okinawense del Perú es una agrupación que vale, es muy arraigada a la esencia de Okinawa.
¿Cuántas son las socias?
La Asociación Femenina Okinawense del Perú es grande, las socias activas son más de 500 y en total son 1200 socias. Generalmente la socias jóvenes trabajan, tienen hijos pequeños, todavía es un número reducido, pero sí cotizan a la institución.
¿Cuál es el promedio de las edades de las jóvenes?
Entre los 35 y 40 años.
¿Está asegurado el futuro de la institución?
Sí, con todas las enseñanzas que les estamos dando a las señoras jóvenes, por ejemplo, las danzas japonesas.
¿Cómo será Okinawa Fujinkai dentro de diez años?
Desde su fundación ha pasado bastante tiempo, eso quiere decir que podemos perdurar dándoles ideas. Dentro de diez años las socias serán de la quinta y sexta generación.
¿En la directiva hay socias de la generación sansei?
Sí, en la directiva hay integrantes de esta generación.
¿En qué participan las jóvenes?
Generalmente cuando se dictan clases de cocina o manualidades acuden muchas socias jóvenes. Pienso que con el tiempo ellas transmitirán todo lo que han aprendido, asisten más de 50 socias, porque le tienen mucho cariño a la institución.
¿Qué le dice a las socias?
Que se integren más a la institución porque hay cosas buenas y todos los programas son positivos. Las invito que ingresen a Okinawa Fujinkai.
VIDA
«Mi historia empieza cuando todos los hijos de los issei, inmigrantes japoneses, eran enviados a Japón para estudiar. Uno de los viajes le tocó a mi mamá y a mis cinco hermanos, con la idea de que mi padre, luego de ordenar su negocio en Lima, iba a regresar a Okinawa para estar con nosotros».
Elena Ishimatsu, hoy presidenta de la Asociación Femenina Okinawense del Perú, vino al mundo en Kumejima, una de las más hermosas ciudades de Okinawa. Su mamá fue a Japón estando embarazada de siete meses y, luego de dos meses, nació su hija Elena Takeko.
De un momento a otro estalló la guerra en Japón, entonces Shoshi ya no pudo ir a Okinawa, se quedó en el Perú. Su esposa Yoshiko tuvo que salir adelante sola para atender a sus seis hijos, y con esa finalidad cosía ropa. Pero después de la guerra, para darle de comer a su familia, se dedicó a la agricultura.
Como consecuencia del conflicto bélico se impuso la pobreza en Nihon. Elena tenía cinco años, vivió una época muy dura, «pero yo no lo sentía así, porque no había una persona que tuviera algo más que la otra, todos hemos sido iguales, mi infancia fue algo natural. Nuestros juguetes eran palitos, hojas de plantas, hacíamos bolitas con la tierra, además siempre nos esforzamos para estudiar muy bien».
Por los bombardeos de todos los días se quemaron muchos colegios. El primer año Elena estudió en una aldea, con la particularidad de escribir en el suelo, con palitos, porque los niños no tenían cuadernos, pinceles, papeles, ni siquiera una maleta para llevar sus útiles. «Envolvíamos nuestras cositas para ir al colegio y, como no teníamos ni zapatos, caminábamos descalzos», describe con cierta nostalgia el primer año escolar.
En el segundo año, los alumnos fueron ubicados debajo de una carpa; mientras que el tercer y cuarto año los salones ya eran chocitas. «Nuestras carpetas eran los troncos. El quinto y sexto grado ya estudiábamos en un salón de tejas, con piso de madera, así terminé de estudiar el sexto año de secundaria».
Shoshi optó el regreso de su esposa y sus seis hijos. Los mayores se casaron y decidieron vivir en Okinawa. A los 12 años, Elena conoció el Perú.
Estudió en el colegio José Gálvez del Callao. Los cursos difíciles fueron religión e historia del Perú, pero dominaba las matemáticas.
Cuando terminó la primaria decidió estudiar secundaria comercial en el colegio General Prado. A los 19 años obtuvo el título de Contadora Mercantil y comenzó a trabajar en una empresa comercial de deportes. Allí conoció a su esposo Takehiko Ishimatsu y tienen un sólo hijo, Takeo Ishimatsu, quien actualmente trabaja en Japón.
Elena Ishimatsu es profundamente respetuosa de la esencia de Okinawa, por eso en su casa está el butsudan de sus suegros. «A mi hijo ya le he enseñado que tiene que llevar el butsudan, pero ahora depende de la decisión de su esposa. Desde muy pequeño, Takeo aprendió a poner osenko, agua y flores, y cada vez que viene de la calle lo primero que hace es sacarse el sombrero y agacharse delante del butsudan».
De esta manera, Elena ha logrado preservar y difundir la cualidad uchinachu.