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Danza clásica de la India con Masako Ono

Masako Ono es una destacada bailarina de danza clásica de la India. Su talento le ha permitido ser reconocida como bailarina de odissi por el Gobierno de la India. Su historia comienza en 1996 cuando decidió ser danzante profesional, dejando su vida en Japón y enrumbando a la prestigiosa escuela Nrityagram.

El jueves 19, a las 7:30 p.m., se presentará en el Teatro Peruano Japonés, gracias a una gestión de la Embajada de la India. Además tendrá presentaciones en Cusco y Arequipa, para luego enrumbar a Santa Cruz, Bolivia.

En esta entrevista, Masako nos habla de sus inicios, de la danza odissi y de la fundación MUDRA.

¿En qué consistirá el espectáculo que presentará en Perú?
La performance va a constar de tres partes. La primera es danza clásica de la India, estilo odissi, que es una de las ocho danzas clásicas que existen en la India. La segunda parte es danza japonesa voy a interpretar un poema haiku. En la tercera parte vamos a ver yoga y lo referente a los chakras.

¿Es su primera vez en Sudamérica?
Sí, es la primera vez en mi vida.

¿Qué sintió cuando se concretó su llegada?
Estaba muy emocionada porque yo estaba al otro lado del mundo, en India.

¿Qué la llevó a la danza clásica de la India?
Empecé a bailar desde muy pequeña, pero como un hobby. Nunca pensé volverme una bailarina. Así llevaba mi vida, tenía un trabajo y de forma paralela bailaba. Una vez vi la danza odissi y me enamoré de ella tanto, que le dije a mi mamá que quería dedicarme a eso, ser una devota de esta danza. No sabía cómo iba a sobrevivir pero estaba muy motivada, así que me fui a la Embajada de la India en Tokio y pedí información, ellos me dieron información sobre la mejor escuela de danza en la India (Nrityagram) y fui muy afortunada de ir a esa escuela.

¿Qué nos podría decir de esta experiencia?
Estudié cinco años en la India, fueron los años más preciosos de mi vida, pero fue muy duro también. En Tokio estudié todo y hacía deportes como básquet y tenis, pero todo lo que hice en Japón fue nada a comparación a lo que experimenté en la India. No sólo aprendí a bailar, sino tuve la experiencia emocional y mental, maduré aspectos míos. Era un trabajo muy duro, no había nada de relajo, cada minuto y segundo estaba trabajado, había mucho que hacer en la escuela, donde había que limpiar y ayudar a las bailarinas más maduras, cada momento estaba ocupado y así crecí mucho.

Lo más importante de esta experiencia es que la gente de la India es muy amable y de esa forma pude sobrevivir.

¿Qué enseñanza atesora más de estos años de aprendizaje?
En este tiempo de aprendizaje una de las cosas que más influenció fue que cuando me presenté a la escuela, la fundadora (Protima Gauri Bedi) me preguntó: «¿qué quieres de nosotros?» y yo le dije: «quiero volverme una bailarina odissi». Ella me volvió a preguntar: «¿tú quieres ser profesional?», a lo que le dije que iba a intentarlo. Entonces ella muy enfática me pregunta: «¿vas a tratar o vas a hacerlo?», yo le dije que lo iba a hacer. Así aprendí que cuando uno tiene un objetivo, no hay que tratar de alcanzarlo, sino hay que hacerlo.

Como bailarina, no es algo específico que uno cambia, sino que conjuntamente en el camino de la danza uno va adquiriendo distintas prácticas, como levantarse temprano, comer adecuadamente, hacer ejercicios, ser amable con la gente. Pero más que eso, lo que intento hacer es estar en balance y armonía en mi vida, no sólo hay que hacer las cosas bonitas de la vida, hay que aceptar que dentro de cada uno de nosotros está todo: lo bueno y lo malo.

¿Qué sintió cuando el Gobierno de la India la reconoce como la primera bailarina japonesa de odissi?
Cuando estaba en la India y estudiaba entre ocho y diez horas diarias, estaba en un cuarto pequeñito, nadie cuidaba de mí, estaba sola. Incluso un día sólo comí plátanos. Fue una época muy dura, pero seguí y seguí. Un día me llamaron de un diario que quería escribir sobre mí, luego fue una revista y después me llamaron de Estados Unidos para bailar y así poco a poco se fueron dando las cosas. Me di cuenta de que algo estaba sucediendo, entendí que cuando uno no trata de hacer las cosas, sino que las hace, es que algo pasa.

¿Practica algún tipo de danza japonesa?
No practico danzas japonesas, pero mi madre sí. Aquí en Perú lo que voy a interpretar es una danza inspirada en un poema haiku, no es una danza clásica japonesa ni de la India, es una danza que el poema me inspiró.

¿Qué recomendaría a las personas que se inician en el aprendizaje de danzas de la India?
La danza de clásica de la India te da muchas cosas, pues hay que aprender a mover los ojos, las cejas, la cabeza, todos los músculos de la cara tienen que trabajar para la expresión. Además, si tu pecho va para el lado derecho, tu cabeza va para el lado izquierdo, entonces tu cerebro trabaja mucho, es algo muy bueno. Para el cuerpo también es muy bueno, porque pierdes mucho peso y haces mucho ejercicio.

Ahora mucha gente practica yoga. Yo invitaría a los peruanos a dar el siguiente paso, que es practicar la danza clásica de la India. Aquí hay una escuela y la embajada está apoyando mucho también.

¿Ha tenido oportunidad de ver alguna danza peruana?
Todavía, pero ahora las voy a conocer.

¿Cuál es la labor de la Fundación MUDRA?
Todo comenzó porque tengo un estudio en la India, pero hay mucha gente pobre que no puede pagar las clases, me sentía mal por la gente que quería aprender pero no podía pagar, entonces muchas veces –cuando no tengo que viajar o prepararme para una presentación– voy a ciertos lugares para bailar y enseñar.
Así como tengo mi estudio al que viene mucha gente de otros países, sé que hay gente afuera que tiene muchas habilidades aparte de la danza, como hacer artesanías. Una vez llegó un fotógrafo que organizó clases de fotografía en un orfanato y la Canon prestó unas treinta cámaras caseras y este fotógrafo les enseñó cómo manejar las máquinas, y ellos tomaron sus propias fotos bajo el título «Cómo vivo yo». Otra persona les enseñó a hacer artesanías con cosas recicladas. Luego yo hice una exhibición en Tokio donde mostré las fotos y las artesanías, y la gente las compró. Fue dinero que entró y se los mandé. Yo no recibo nada, la gente se queda en mi casa, aprende a bailar o a desarrollar e intercambiar otro tipo de cualidades, ese es el tipo de labor que realizamos. (Por: Alejandro Yoshioka)