Cuatro adolescentes nikkeis peruanos tuvieron la oportunidad de conocer la tierra de sus ancestros, gracias a la beca que otorga la Agencia de Cooperación Internacional del Japón para alumnos de idioma japonés. Fabrizio Berrocal Saavedra (16), Kei Kanashiro Kuwae (16), Akira Maruyama Díaz y Stephanie Katayama Loayza (14) son los jóvenes que se acercaron a la cultura japonesa experimentándola desde ese mismo país.
A continuación, el testimonio de tres de los becarios que compartieron casi un mes con adolescentes de otros países.
FABRIZIO BERROCAL SAAVEDRA
¿Qué tal la experiencia de la beca?
Me parece que la beca ayuda a todos los jóvenes nikkeis a conocer la tierra de sus ancestros. Vivir en Japón y experimentar la cultura y la forma de vida japonesa es algo que los nikkeis deberían experimentar.
¿Dónde estuvieron?
Estuvimos casi todo el tiempo en Yokohama, pero tuvimos algunos viajes en los que nos llevaron a conocer Wakayama, los templos de Kioto y al puerto de Kobe.
¿Cómo fue compartir con adolescentes de otros países?
Respecto a los demás becarios fue muy interesante conocer a 36 personas de distintos países. Cada uno con distintas perspectivas y cultura, aprendimos mucho de ellos y tuvimos la oportunidad de mostrar el Perú y nuestras costumbres.
¿Y cómo pasaste estos días viviendo solo?
Fue interesante estar todo este tiempo sin mis padres, si bien no es la primera vez, fue interesante estar solo en un país completamente distinto. Tuve que aprender a lavar mi ropa, a comprar mi comida, era mi propia mamá.
¿Qué te motivó a estudiar japonés?
Lo que me motivó a estudiar japonés y a postular a la beca es que mi familia viene de Okinawa, mi abuela jamás ha ido a Nihon y me sorprende que teniendo las raíces no sepamos casi nada. Por eso yo quería conocer la cultura de mis ancestros, de dónde es mi familia, y pienso que todos los nikkeis deberían interesarse en eso para que no se pierda la cultura.
KEI KANASHIRO KUWAE
¿Cómo te fue en el viaje a Japón?
El viaje a Japón fue muy interesante ya que en ese mes aprendí a estar sola, no es la primera vez, pero fue un periodo largo. Al igual que los demás hacíamos nuestras cosas solos, lavábamos nuestra ropa, caminábamos solos por las calles, íbamos de compras y fuera de todo eso no sólo aprendimos a hablar japonés, sino que aprendimos sobre la cultura, como a manejar el ábaco, kanjis, clases de mangas y la comida. Fue genial.
¿Qué lugar te gustó más?
Kioto, no sólo porque tiene muy buena comida, sino por toda su cultura. En cada templo descubrimos que hay una historia atrás y cuando veíamos que los japoneses tiraban monedas y luego rezaban nos dábamos cuenta de que han pasado muchas generaciones.
La vista era espectacular. Cuando fuimos a Kinkakuji, que es un castillo de oro hermoso porque estaba en medio de un lago que a su vez estaba rodeado de árboles, el paisaje era increíble.
¿Cómo fue la convivencia?
Fue interesante conocer tanta gente, por ejemplo los chicos de Brasil tienen un alto nivel en idioma japonés, al hablar con ellos te sentías un poco intimidado pero al final terminamos hablando japonés. Ellos nos enseñaron un poco de portugués.
Con los chicos de Argentina nos divertimos bastante, veíamos como bailaban Los Wachiturros.
Con los de Bolivia nos sentíamos más cerca, no había mucha diferencia excepto por el acento. Ver diferentes perspectivas y estilos de vida fue interesante.
¿Cómo sientes que has cambiado tras el viaje?
Me motivó mucho conocer la tierra de mis ancestros y aprender más el idioma. Ahí me di cuenta de que si bien Ichigokai me dio una buena base, no es lo mismo estudiar en Perú que en Japón, porque ahí la sociedad te presiona a estudiar el idioma, vas conociendo más el acento y las palabras coloquiales. Ahora que he vuelto a Perú y a mis clases sé más y entiendo mejor a mi sensei. Quiero llegar hasta N1 y luego me gustaría hacer una maestría en Japón, porque la sociedad es muy avanzada.
STEPHANIE KATAYAMA LOAYZA
¿Cómo defines la experiencia en Japón?
Fue una experiencia perfecta, nunca había estado sola en otro país que encima es muy diferente a Perú. El primer día me sentía un poco triste porque extrañaba a mi familia, luego llegó la gente de otros países, fui conociéndolos y me sentí mejor. Así al principio les mandaba mails a mis papás de dos párrafos grandotes, al final eran con la justa dos líneas porque ni tenía tiempo de nada. Ganamos mucha autonomía al vivir solos y nos vamos preparando para cuando no estén nuestros padres para ayudarnos.
¿Qué te llevó a estudiar japonés?
No estaba tan motivada a estudiar nihongo, lo hacía por mis padres, entonces mi nivel no era muy bueno porque no le ponía las ganas que se debía. Pero cuando llegué a Japón, vi que muchos tenían un muy buen nivel y me di cuenta de que era posible saber bastante a nuestra edad. Me lamenté no haber aprovechado el tiempo, pero ahora que estoy en Perú estoy muy motivada para seguir estudiando y voy a aconsejar a mis hermanitas para que estudien con ganas y decirle a todos los jóvenes que estudien japonés, porque les va a abrir muchas puertas saber este idioma y les servirá para aprender bastante de la cultura de nuestros ancestros.
¿Qué te gustó más de Japón?
Me gustó el puerto de Kobe, porque era tranquilo y bonito y podías ver las olas del mar sin contaminación. En tierra había un barco enorme de exhibición y una estatua que representaba el lugar de donde habían partido muchas personas hacia América. Era un lugar muy representativo para los nikkeis.
¿Qué aprendiste de los japoneses?
El respeto de las personas, la limpieza de en las calles y el respeto por las normas, algo que me gustaría que se viera en Perú. Volvería a Japón, se extraña la comida, la gente, la ropa y los lugares a los que fuimos. Me gustaría volver por una beca para una maestría o como turista.