Víctor Shiguiyama es uno de los nikkeis peruanos más destacados, al punto que ha sido convocado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) para brindar asesoría con el fin de optimizar la ejecución de los proyectos de la entidad financia.
En esta entrevista, Shiguiyama nos habla del nuevo perfil del profesional nikkei y sobre su sello distintivo.
Háblenos sobre su próxima labor como consultor en el BID.
Estaré seis meses en Washington desarrollando una consultoría que busca mejorar y apoyar la capacidad de ejecución de los proyectos que financia el BID. Normalmente, cuando pensamos en un proyecto, visualizamos un conjunto de acciones que buscan resolver un problema, por ejemplo, cómo mejorar la calidad de la educación, cómo reducir la mortalidad infantil o mecanismos para mejorar el acceso de pequeños productores rurales a mercados más grandes. Sin embargo, esta es la mitad del proyecto, la parte que soluciona el problema. La otra parte es cómo construir la escuela, cómo imprimir y repartir los libros o cómo financiar la capacitación a las madres. Esta parte es la que llamamos usualmente gestión, que son las acciones necesarias para que las cosas sucedan. Mi labor estará centrada en mejorar este conjunto de acciones, de mejorar la capacidad de gerenciar el proyecto, y de lograr equipos más eficaces y eficientes.
¿Los profesionales de universidades peruanas están preparados para tentar altos puestos en el extranjero?
Aún cuando hay una percepción generalizada de que la educación en Perú anda muy mal, tenemos innumerables ejemplos individuales que demuestran la tremenda capacidad de profesionales formados en Perú, y que logran estar a la altura de las más altas exigencias. Y por supuesto que falta hacer mucho por mejorar el sistema en conjunto, pero eso no impide el desarrollo individual de profesionales altamente calificados.
Finalmente, es la capacidad y el esfuerzo de cada persona, la que hace la diferencia. Las oportunidades, aún con limitaciones, están rondando por ahí, pero es la acción individual la que permite su capitalización.
¿Considera que el nuevo perfil del nikkei es el de un profesional bien preparado y con estudios en el extranjero?
La generalización siempre es peligrosa. Pero en general, los nikkeis tenemos una muy bien ganada reputación de ser esforzados, trabajadores y estudiosos. Pero regreso a la responsabilidad personal, para que esa tan costosa percepción se mantenga.
Gracias a la importancia que nuestros padres y abuelos han puesto en nuestra educación, los nikkei de mi generación, y sobretodo los más jóvenes, tienen inmejorables oportunidades. Ojalá siempre las aprovechemos al máximo.
¿Se lo debemos a los padres y abuelos?
Nuestros padres y abuelos, y en mi caso han sido un extraordinario modelo, siempre enseñaron con el ejemplo. La honestidad, en el sentido más profundo, representa no sólo la virtud de hacer lo correcto, sino la de ser coherentes, de hacer lo que uno dice. Y en mi caso, ¡vaya que mis abuelos y padres han sido honestos! Dar consejos de vida virtuosa es fácil, vivir en virtud no lo es.
Hay otros elementos que debemos apreciar: nuestros abuelos, como migrantes, representan una clase diferente al promedio (y en general todo migrante), pues se atrevieron a una aventura compleja, abandonan su tierra, sus costumbres, su cultura y tienen que empezar de nuevo. Eso los hizo muy fuertes, muy laboriosos, muy apreciados, muy cuidadosos.
¿Qué cree que distingue al profesional nikkei?
En tercera y cuarta generación, creo que las diferencias son menos distinguibles, pues no sólo las costumbres se han occidentalizado muchísimo, sino que la integración social y profesional son ahora totales. Pienso que algunos rasgos siempre nos acompañarán, como la idea que un nikkei es muy responsable, muy estudioso. Hay raíces que mantienen una diferencia, o al menos establecen condiciones y compromisos distintivos. Los japoneses siempre tienen comportamientos que sorprenden al mundo. Pensemos por ejemplo en lo sucedido en la última tragedia del terremoto y tsunami: la solidaridad y serenidad de la sociedad nipona para enfrentar tanta adversidad o incluso el comportamiento de los empresarios que piensan en el bien común antes que en sus bolsillos. Esos ejemplos aún nos inspiran e influencian, a pesar de las diferencias y brechas culturales que ya tenemos.
¿Cuál es su trayectoria académica y profesional?
Soy ingeniero industrial con maestría en Administración. He dictado en diversas universidades. Me he desempeñado en múltiples sectores, tanto públicos como privados. En general, mis fortalezas se encuentran en las áreas de gestión, de tecnologías de información y procesos. También he tenido activa participación en política. He tenido la suerte de trabajar con Jaime Yoshiyama, distinguido miembro de la colectividad nikkei. Y por supuesto debo mencionar que Keiko (Fujimori) me dio la oportunidad de participar en el equipo que trabajó el Plan de Gobierno. Cuando uno mira la historia reciente, digamos los últimos 30 años, es impresionante cómo se ha integrado la colectividad nikkei en la vida del Perú, y eso tiene un valor esencial para todos nosotros. Creo que el tiempo permitirá obtener el balance y el cambio tan profundo y positivo que hemos vivido en estas décadas.
¿Quisiera dar algún mensaje para los jóvenes nikkeis?
¿Momento de ponerse solemne? (risas). Viniendo de Trujillo he tenido la ventaja de ser algo así como observador de la relación de la comunidad nikkei y su desarrollo, y me atrevería a decir que todo miembro de la colectividad nikkei, sobretodo la gente joven, debe lograr un delicado equilibrio entre preservar la esencia de nuestros abuelos, de esas características distintivas de ojii y obaa, pero además de sentirse absolutamente peruanos. De vernos reflejados en cada rincón del Perú, de sentirnos plenamente identificados con las riquezas y triunfos, pero también con nuestros problemas e idiosincrasia. La fusión culinaria es un extraordinario ejemplo de lo bien que resulta de la integración entre Perú y Japón. (Por: Alejandro Yoshioka)