Cuando habla de su ojiichan le brillan los ojos. A él le atribuye su tenacidad y templanza. A él le atribuye el conocimiento de sus raíces y el orgullo de sentirse nikkei. Fernanda Kanno García nació el 10 de abril de 1983 en Lima, es periodista y hace cinco años conduce exitosamente el programa «Domingo al Día» de América Televisión.
Es nieta de don Unshiro Kanno, original de Fukushima, y de doña Rosa Tsuji, de Fukuoka. Su padre es Fernando Kanno Tsuji y su madre es la cusqueña Elva García, «peruanaza», como la describe su hija con orgullo.
EL ÚLTIMO SAMURÁI
¿Dónde se conocieron tus abuelos?
Se conocieron aquí. Mi ojiichan vino muy joven al Perú y solo. Tiene una historia muy bonita, lo han entrevistado mucho. Su historia también está en varios libros. Era una leyenda. Cuando mi ojiichan falleció hubo muchos japoneses mayores que vinieron al velorio y me decían: «Con tu ojiichan se ha ido el último samurái que quedaba en el Perú».
¿Cómo llegó tu abuelo al Perú?
Tengo el recuerdo de que cada vez que iba a ver a mi ojiichan, en mis 28 años de vida, siempre se tomó el trabajo de contarnos su historia.
Mi ojiichan vino muy chiquito, sus papás lo enviaron en un barco. Él cuenta que salió de Fukushima para Tokio, donde estaba el vapor que lo traería a Perú. Nunca había visto el mar y se sorprendió mucho, se subió al vapor emocionado. Mi ojiichan era adolescente y cuando zarpa el vapor fue a buscar a su papá y su papá no estaba, lo había dejado solo. ¿Te imaginas el momento en que tiene que despedirse de su hijo sabiendo que no lo va a ver y el hijo que no tiene la menor idea?
En Perú empezó trabajando despachando en una tienda, luego trabajó en otras cosas. Ahorró mucho, hasta que puso una ferretería en el Parque Kennedy. Al comienzo vivía en la ferretería porque no tenía dónde dormir. Comía cau cau, pan con té y cosas que para él eran rarísimas. Ahorró mucho durante su vida hasta que pudo comprarse una propiedad.
Fue también de los japoneses a quienes le quitaron todo en la Segunda Guerra Mundial. A mi ojiichan lo sacaron una madrugada de la ferretería, lo llevaron a la avenida España donde era migraciones y estuvo muchísimo tiempo preso. Pero a él no lo deportaban y no entendía por qué. Un día vinieron y le preguntaron: «¿Tú eres Unshiro Kanno?» y él respondió: «¡Sí, qué quieren!», era un rebelde mi ojiichan (risas). Él decía que hubiera sido kamikaze. Entonces lo sacaron casi en secreto y se lo llevaron a la casa de un general que había sido ministro de Guerra del Perú, cuya esposa era presidenta del Club de Damas de la iglesia del Parque Kennedy. El ojiichan siempre les ayudaba con el mantenimiento, iba a su casa a cambiarle los focos, lo invitaban a comer… era conocido. Cuando esta señora se entera de que a mi ojiichan lo han apresado, habló con su esposo para que no lo deporten. ¿Tú te imaginas lo que hubiera pasado si a mi ojiichan lo hubieran deportado? Probablemente yo no existiría, es decir, mi familia acá en Perú no existiría.
Por su puesto, cuando acabó la guerra, se quedó sin un «mango» nuevamente, porque le quitaron todo. Pero como todo japonés, se volvió a levantar.
¿Él conservaba sus costumbres japonesas?
Todo. Especialmente el tema histórico. Mi ojiichan tenía a los emperadores en la pared del cuarto, tenía muchos lemas japoneses, fotos de vapores japoneses de la Segunda Guerra Mundial. Él fue campeón de kendo además, tenía una katana. Si no me equivoco, la katana con la maleta con la que llegó mi ojiichan a Perú están en el museo del Cultural (CCPJ). Entregamos sus cosas al museo porque tienen muchísimo tiempo.
Yo recuerdo al ojiichan hasta el año pasado en que murió, que hacía el esfuerzo de pararse y empuñar la katana. Me imagino que era muy difícil para él, pero hacía el movimiento y el ademán. Además, él fue beisbolista.
¿Has heredado algo de su personalidad?
Creo que somos fuertes. De la obaachan creo que hemos aprendido de su bondad infinita y de su vocación de servicio increíble. Y del ojiichan, lo terco. Somos tercos, de carácter fuerte, mi hermano, mi papá, yo.
SUS RAÍCES
¿Tú te sientes nikkei?
Claro que sí. Te soy sincera, quizá si mi ojiichan no se hubiera encargado de contarnos tanto su historia y de saber por qué es que estoy en este país, no me sentiría así. La historia de mi familia en Perú, empieza con él. Escucharlo tantos años hace que sienta ese arraigo. Además de verlo a él como un hombre tan fuerte, tan intenso en sus sentimientos, en el amor por su familia, en la cólera, en la rabia, en la impotencia… era un japonés japonés.
¿Conoces Japón?
No. Qué mal ¿no? (risas). Tengo planeado un viaje que espero poder hacer en un par de años. El trabajo no me permite tomarme muchos días libres para viajar. Me gustaría ir un buen tiempo, no quiero ir de vacaciones. Tengo muchos temas pendientes allá: conocer Fukushima por ejemplo y recorrer los pasos de mi ojiichan que siempre nos ha contado muchas cosas sobre su niñez. Me muero por ir.
¿Te gusta la comida japonesa?
Me gusta. Voy a comer al Cultural porque hay algo más tradicional. La gente cree que la comida japonesa es comer rolls, que además ni siquiera son japoneses porque hay mucha fusión. Prefiero irme a un sitio donde me den un udon, una sopita, un katsudon, un misito, tamagoyaki, esas cositas que me hacía la obaachan de chiquita.
¿Cómo te sentiste con el terremoto de Japón?
Nos chocó mucho porque tenemos familia en Fukushima. No sabíamos muy bien cómo estaban ni qué había pasado. Recién después de una semana nos comunicamos y nos dijeron que estaban bien.
Aún así hubiera sido en Japón o en cualquier otro país, igual me hubiera afectado porque las imágenes eran terribles. La diferencia, quizá como nikkei, era que en el fondo sentía que es un país que se va a levantar, cosa que no hubiera sentido con otro país.
¿Cómo ves la recuperación japonesa comparada con la de Ica?
Es diferente. En Japón son más organizados, la gente trabaja de otra manera. Acá todavía nos falta mucho como cultura para ser un país desarrollado. Ojalá que aquí en Perú la gente pueda tener la visión de gente de otras partes del mundo.
COMPROMISO CON APJ
¿Participas de las actividades de la colectividad?
No, de hecho me siento mal porque creo que debería. De chiquita lo he hecho mucho, he estado en el Movimiento de Menores, era socia de la AELU. Mi ojiichan y mi papá son fundadores de la AELU, por ende yo soy vitalicia.
¿Por qué te alejaste?
Por tiempo quizá, porque todo estaba pegado hacia Jesús María y yo vivía en San Borja. Después entré a la universidad. Además yo he trabajado siempre, desde que salí del colegio.
Pero me han pasado la voz. Ahora voy a participar más porque Alejandro Sakuda me ha escrito y le he dado mi compromiso de que voy a apoyar en la APJ.
¿En qué área?
Me imagino que en comunicaciones. Yo ya he respondido que en lo que pueda los voy a ayudar. Tengo un compromiso allí, un tema moral, un tema de familia.
PERIODISTA POR VOCACIÓN
¿Cómo te inclinaste por estudiar Periodismo?
A mí siempre me gustó, siempre supe que quise ser periodista. Mi papá me dijo que me iba a morir de hambre, salvo que salga en televisión (risas). Le dije: «Bueno pues, me moriré de hambre feliz». Gracias a Dios no entré a la universidad dudando. Siempre supe que quería ser periodista.
¿Dónde estudiaste?
Hice los cinco años en Bausate, del 2000 al 2005. Empecé a trabajar en Red Global cuando estaba en sexto ciclo. De allí estuve en Canal N y luego en América. Ya son cinco años.
¿Cómo empezaste con la conducción?
A mí me habían «amenazado» con que iba a hacer un noticiero, pero no quería, no estaba en mis planes porque era muy joven, sentía que me faltaba mucho. Quería ser reportera además, no conducir un noticiero. Pero un día llegué de la Escuela con mi mochila y me dijeron «te vas a maquillaje que sales en vivo a las tres de la tarde». Así empecé y así me quedé.
¿Qué haces a diario?
«Domingo al Día» sale todos los domingos de 9 a 11 a.m. Soy la conductora del programa, pero en la semana vemos los temas y elaboramos los reportajes para el domingo.
¿Qué anécdotas recuerdas?
Tengo miles. Este trabajo me ha permitido conocer el Perú de una manera diferente. He estado en mil sitios a los que mucha gente nunca va a llegar. Creo que lo que más le debo a este trabajo es que me ha permitido conocer mi país. He estado en una comunidad nativa en la selva, durmiendo en malocas, comiendo lo que ellos comen y pescando pirañas. Lo mismo he hecho en la sierra, en las casitas de adobe con calamina, con el frío y sin baño. He estado en el norte, en una plataforma petrolera. He hecho cosas maravillosas.
También he estado en el VRAE haciendo cursos de corresponsales de guerra, viendo la realidad de los policías y de los soldados que combaten el narcosenderismo. Son sensaciones diferentes, ver un grupo de soldados que se van a meter a la selva y te dicen: «¿Puedo mandar saludos a mi familia porque no sé si voy a regresar?».
¿Qué planes tienes a futuro?
Quiero estudiar una maestría en Ciencias Políticas, me gustaría incursionar en radio y deseo consolidar el programa. «Domingo al Día» tiene cinco años, nos está yendo muy bien, pero igual es un trabajo de toda la semana. Es a lo que dedico la mayor parte del tiempo.
¿Qué haces en tus ratos libres?
Leo, duermo y como (risas). Me gustan mucho los libros de la Segunda Guerra Mundial y de la época de la violencia política en el país. No me gusta mucho la ficción ni la novela, me gustan más libros basados en cosas reales.
¿Qué mensaje les dejarías a los nikkeis por el Día de la Amistad Peruano Japonesa?
Que conozcan la cultura japonesa. Al ser peruanos y vivir acá estamos llenos de influencias y de cosas peruanas, pero quizá con el tiempo y porque las generaciones van pasando, perdemos mucho el otro lado. Entonces que se tomen un tiempo para ver de dónde vienen, cuáles son sus orígenes. La cultura japonesa es muy interesante y aporta mucho a la vida de una persona, a tu personalidad, a la forma cómo ves las cosas, a la templanza, la fuerza, la moral. Los japoneses son muy morales, son muy dedicados al trabajo, y creo que eso podría aportar mucho a la vida de los niños y de los jóvenes. (Por: Grace Gálvez Núñez)